29 de diciembre de 2014

CHARLIE-SALIDA-48-Muñeca ha muerto



         Querido charlie:

         Por mucho que corro, tengo la sensación de que voy tarde, con mucho retraso. Cuando llego: el entierro ha tenido lugar, las velas se apagaron, callaron las campanas, los recién casados ya se marcharon, la mesa carece de mantel, los amigos se dispersaron… y están barriendo la estancia. Huele a tabaco recién fumado y todo resuena a risas en eco. Una vez más, lo siento, he llegado tarde por mucho que corrí. Insisto. Lo siento, de veras. Es por ello que anda descuidado el blog, este año no hubo felicitación explícita a los lectores y amigos que me visitan, quedan pendientes varios comentarios de libros, alguna carta a charlie…

* * *
         Desde hace muchos años he pensado que las muertes que acontecen a nuestro alredor son avisos y anuncios de la que con seguridad plena nos sucederá a nosotros. La muerte nos ocurre, nos sucede: nos sale al encuentro. Son muchos los hombres sabios que han dicho que conviene imaginarse tal día, el momento en que dejemos de existir, al menos, como conocemos la existencia mientras respiramos. Lo que vendrá después es otra cuestión.
         Lamento comunicaros a los amigos que Muñeca ha muerto. La perra llegó a casa en noviembre de 2006. Fue un regalo de Rufo Lorente, a quien no dejaré de agradecer suficientemente nunca el detalle. Ya comprenderás por qué le puse Muñeca de nombre. No volverás a tener una perra como esta, me vino a decir. Muñeca es nombre largo para un perro. Más aún para un perro de caza, pero era el nombre que le iba a tal perra… El día 27 de diciembre de 2014 se quedó en su caja, como acostumbraba, dormida para siempre.
         Lo escribí muchas veces. La muerte no mejora al difunto. Tampoco en este caso a la malograda Muñeca. Era una perra aún joven. Es una perra que no necesita mentiras para decir bien de ella. Hace un par de veranos empezó a padecer del hígado, por motivos que ignoro, y ya no podía cumplir con las jornadas completas de caza. Esta temporada no pasaba de las dos horas de campo, ¡al ritmo en que un bretón de esta sangre lo hace! La última vez que salió al campo fue al puesto de los zorzales, y le costó, y la anterior en Ciudad Real, donde disfrutó de dos magníficas horas de perdices en mañana memorable. Nada más lejos de mi imaginación que a la perra le quedaran unas semanas de vida. Al dejar de hacer su función el hígado que no se regeneró… se hizo presente la cirrosis y con ella el desenlace fatal.
         Nos deja en casa a Ussi… Los perros, decía Julián Marías, en las casas, con el trato continuo, se personalizan mucho, decía el filósofo. Nunca se dejó de tratar en casa a los perros… como perros, con toda la dignidad que esto comporta. Muñeca era cauta con los desconocidos: no se dejaba acariciar por cualquiera que no conociese y se arrimaba apenas a quienes no eran de su círculo. Le gustaba, sin embargo, hasta el exceso que le rascasen bajo la barbilla…, y hacer títeres para estar en el brasero sin quemarse.

         Muñeca está enterrado en campos donde cazó mucho en los últimos años. El alma sensitiva de Aristóteles, propia de los animales, son otras logomaquias filosóficas y esto, de veras, ya, a estas alturas… No va más, charlie.



1 de diciembre de 2014

Erasmo de Rotterdam, ELOGIO DE LA LOCURA



          Si desea descubrir la necedad propia o la del vecino, pues todos, parece, por algún lado andamos de reata, no se impaciente en la lectura de esta obra de Erasmo. Hay para todos.

         Solo conozco una persona que haya leído este Elogio al que siempre llamé de la locura, pero se me antoja que el de Rotterdam no habla tanto de la locura en sí como de la necedad, y en concreto, de la estulticia.

         En primera persona con una ironía indescriptible, con un conocimiento excepcional de la realidad en general y de la realidad humana en particular, Erasmo retrata en capítulos de diversa extensión, pero breves casi por norma, el quehacer y desenvolvimiento de cuantos hombres y profesiones, a las mientes se le vienen. Escrita la obra en primera persona por la misma Estulticia, según cuenta, yendo de viaje, como diversión y dedicada a su amigo Tomás Moro, se nos va describiendo, insisto, con una ironía descomunal y haciendo usos torticeros de los textos clásicos, paganos a cristianos, qué es de los reyes, qué de los obispos, los ricos, los pobres, los clérigos, los filósofos, los teólogos, los juristas, las mujeres, los hombres, los viejos y las viejas… y todos, no sin cierto cinismo. Son –o somos, y que cada uno coja por donde le toque- puestos a caer de un burro, porque la humildad es la verdad. Lo hace el autor con gracia y con enormes dosis de sentido común, aunque predomina, lo reitero, una ironía provocadora, de una sencillez envuelta en malicia que hace inevitable, en ocasiones, la sonrisa: ¡Qué bien se ven los defectos en los demás! (especialmente los que nosotros padecemos o hemos padecido). Nunca pensé que fuese tan amable la lectura de esta obra.

         La soberbia y sus hijuelas, el orgullo, la vanidad, la petulancia, la arrogancia… que nos hacen hundirnos a los hombres en lo hediondo se nos muestran con la naturalidad de quien sabe de qué está hablando. Disecciona la Estulticia situaciones comunes, personas corrientes, hechos ordinarios… con la clarividencia de quien sabe perfectamente de qué habla, de quien ha meditado mucho sobre sí y sobre la naturaleza humana.

         Podría pensarse que la obra es ligera, pompa de jabón, mero juego…, pero me parece, por las notas que he tomado, que se puede aprender mucho del vicio y la virtud… pues arranca y estriba en el nervio anclado en la esencia de la humanidad misma de cada hombre. Toda una vida de lucha ascética no basta para erradicar los vicios que se van reduciendo en número y presencia, pero siempre resurgen como el ave fénix, siempre los reencontramos, pues se van haciendo más sibilinos, silenciosos, tenaces, imbricados, mutados… ¡pero no del todo desaparecen! ¡Ay, bribones!

         La introducción de Marina a esta obra de Austral me ha resultado orientadora e interesante y el libro absolutamente recomendable.

24 de noviembre de 2014

MacIntyre, Alasdair, EDITH STEIN




         Podría pensarse que es muy español el principio que niega el pan y la sal a quienes piensan, actúan y son distintos… a nosotros. Falso. Al enemigo tampoco ni agua es principio universal humano de todos aquellos que ven enemigos en los demás o los consideran como tales.
         Llego a esta obra de Alasdair MacIntyre sobre Edith Stein cuando iba de camino e intentaba hablar con Husserl. Comparto con Marías, don Julián, en un escalón ínfimo con respecto a él, que fue un maestro, que la realidad de ser persona femenina aporta facetas enriquecedoras a la realidad. Fruto de esta idea me he acercado alguna vez a santa, monja, judía, filósofa, copatrona de Europa que murió en ese lugar tristísimamente conocido por su campo de concentración que es Auschwitz. Tenía 51 años. Nunca leí una obra suya completa, pero sí artículos de temas variados: sobre la decisión humana, la realidad de la mujer… que yo recuerde. Entiendo que su conversión y su vida ejemplar no levantaron sino el rencor contra la excelencia, que es trabajo esencial y actividad propia de los diminutos mentales y los intelectuales microscópicos.
         Afirma MacIntyre que Stein figura poco en los manuales de filosofía, en los diccionarios filosóficos y no se debe ciertamente a su escasa importancia ni a la falta de originalidad ni la irrelevancia de su pensamiento. ¿Cómo se le puede ocurrir a una judía convertirse al catolicismo, hacerse monja carmelita, habiendo sido discípula directísima, nada menos, que de Husserl? Sencillamente imperdonable. Lo dicho, pues.
         La obra encuadra el nacimiento del pensamiento de Stein en el contexto filosófico de una intelectualidad alemana dominada en las facultades por el neokantismo. Muy difícilmente una mujer y judía podría acceder a la habilitación que le diera pie a impartir clases. Stein, sin embargo, no renunció en ningún momento a intentarlo y, por supuesto, a pensar dentro de la escuela de Husserl, a innovar, cambiar o mejorar cuanto consideró pertinente y todo ello a la sombra de una figura –para mí, ¡cómo no!- absolutamente desconocida que fue Adolf Reinach quien, no sin cierta gracia, explica MacIntyre que, siendo discípulo señalado, mayor que Stein, del propio Husserl, ¡explicaba al propio maestro lo que este había escrito y dicho!
         Esta obra se ocupa y centra, como introducción a sus primeros años (1913-1922), en el estudio del itinerario inicial de Stein, desde una familia judía alemana, pasando por el escepticismo religioso, los estudios de filosofía, algunas de sus aportaciones a la escuela fenomenológica… hasta la conversión, que son momentos estudiados por MacIntyre a la sombra de los distintos encuentros de Stein con sus maestros, con sus compañeros y con la vida. Así fue capital para ella y en su formación y su pensamiento su servicio como enfermera voluntaria durante la primera guerra mundial.
         El estudio de tres conversiones con finales muy distintos en el capítulo 15 me parece excelente, como toda la obra, pues las síntesis de las corrientes de pensamiento dominante o dominado, el afán de Husserl contra el psicologismo reinante en determinados ambientes universitarios y de pensamiento, la importancia de Brentano en Husserl, me invita a quitarme una vez más el sombrero ante el profesor MacIntyre. Las conversiones que se estudian son las del citado Reinach, la de Franz Rosenzweig al judaísmo en 1913 y la de Gyorgy Lukács al bolcheviquismo en 1918.
    Entiendo que extenderme en las notas tomadas… sería perderme y alargar innecesariamente la entrada que desea invitar al lector a hacerse con el libro y disfrutarlo.

18 de noviembre de 2014

CHARLIE-SALIDA-46- LOS LIBROS QUE ELEGIMOS PARA LEER


  

         Queridos charlie y Bernardo:

         Hace unos meses propuse una posible reflexión a Herr Goldmundo, que no cuajó. No logré yo exponerlo con claridad y él escribió una explicación, en este blog está, sobre lo que tú abordas en una de tus entradas, Bernardo: http://lamaniadeleer.com/2014/10/13/por-que-lee-menos-libros/.
         Es curioso que en tantas realidades, una y otra vez, volvamos sobre los pasos ya andados. Repensamos planteamientos, dudas, problemas… a los que no se les dio solución cabal (quizá sencillamente no la tienen). Nos movemos entre crispadas pretensiones de certezas, pero no damos con la verdad, con la solución… Vamos tirando con las soluciones y los remedios… de Fierabrás, pero de vez en cuando se nos alteran las neuronas y saltan de nuevo a los caminos, como la liebre del barro al carril expedito, y corren delante de nosotros mostrándonos sus rabos entre negros y blancos y con un desafío claro en el “¡No me pillas!”. No, no te pillo.
         ¿Cómo seleccionar los libros que leemos? ¿Cómo vamos leyendo los libros quienes los leemos? Volvemos al canon, a la lista de Moore (todavía la tengo, Bernardo); las listas que me hacía con don Alfonso Sancho Sáenz; las listas que me hacía en mis notillas y cuadernillos…; volvemos a Bloom… ¿Qué leo y en qué orden? Creo, me temo, que esto presupone que hay una lista –ideal, ineludible, modélica, imprescindible- de libros que toda persona culta –y nosotros creemos serlo, queremos serlo- DEBE LEER…, y a lo peor no existe sencillamente.
         Hacemos la lista. La sopesamos. Vamos adquiriendo libros. Nos los mandan, los recogemos en la librería, nos llegan… Se acumulan en las baldas de inmediata lectura… y a esos libros de la primera tanda, se le suma una segunda, porque no dio tiempo a atender la primera al mismo ritmo que acrece. Ellos llegan a más velocidad de la que leemos. “No alargues nunca más la mano que la manga…”, “No te llenes el ojo, que antes se llena el estómago”, “Antes se llena el estómago que el ojo”, “Más cabe en el ojo que en la tripa”; mas ¿cómo dejar de comprar este libro y aquel y esotro y ese y…? ¡Casi todos resultan tan imprescindibles, tan apetecibles…! Se van leyendo los libros más recientes de la balda y los que quedaron en segunda fila, pasan a su lugar en las baldas definitivas y “a su lugar de descanso”… de donde algún día, a veces, son recuperados… ¡algunos tras años de espera y por casualidad! (¿por qué no habré leído este libro antes?, te preguntas, charlie. “Con lo bien que lo he pasado, lo interesante que es…”). Reciben las baldas repletas de libros miradas ansiosas, angustiosas. Te lo dije y me miraste con cierto asombro que expresaba incomprensión: “Tengo en casa más libros de lo que podré leer en lo que me queda de vida, de seguir la vida… como la vida viene de unos años a esta parte”. Me miraste para decir por último, “¿Entonces?”. Sí, ese es el problema: Entonces ¿para que sigo adquiriendo libros…? Creo que porque la ilusión –esa loca irracional- me arrastra. “¿No será afán de consumo?”. Es posible. ¿Horror vacui? Es posible.
         Mi último libro recibido ya está en el atril. Desde detrás de la balda de lectura inmediata hay libros, como el que me regalaste, Bernardo, sobre Goethe: lo quiero leer, pero seguimos en el aún no. Me miran Magris, Marina, Plotino, Max Scheler, Hadot… Tres flamantes ediciones de El Lazarillo, El buscón y La Celestina, y el recién llegado sobre don Francisco de Quevedo se acomoda y arrellana con sus mil páginas mal contadas… entre mis lecturas inmediatas.
         Ahora, charlie, vas… y lo cuentas. ¿Irracional? ¿Iluso planteamiento? ¿Necio? ¿Ansiedad, angustia, horror vacui…? Lo ignoro: tú mismo. ¡Qué cosas, Amanda!

         Tucho Castelo.

13 de noviembre de 2014

Carr, Nicholas, ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? SUPERFICIALES (y IV)





         El medio que usamos condiciona nuestros aprendizajes. La Red, su aparición y uso casi exclusivo para relacionarnos con los demás, adquirir conocimientos, etc. nos condiciona. Por medio de un estudio detallado de la historia de la lectura comprobamos que si antes, en los libros, leíamos linealmente, con profundidad, ahora lo hacemos a saltos: buscamos información con la vista, datos relevantes, avanzamos párrafos sin leer del todo, sin asimilar.
         El problema no está solo en esto, sino que ese modo de trabajar, de aprender que condiciona la conformación del cerebro y nuestros trabajos posteriores, nuestros intentos por aprender: la herramienta que usamos condiciona el qué y cómo aprendemos: “Ya no puedo conseguir que mis alumnos lean libros enteros”, afirma una profesora universitaria de Duke University. Usamos el ordenador, la tablet, el libro electrónico, la Red para aprender, para leer, pero ¿somos conscientes de que todo ello nos condiciona y cambia? Nunca me lo había planteado con la radicalidad con la que lo hace este autor. Me pregunto: si cuanto aquí se dice es cierto, insisto: me pregunto: ¿qué pruebas y argumentos tienen quienes están implantando estos medios, casi de forma exclusiva, para el aprendizaje de los alumnos? ¿Qué tipo de persona producirá este tipo de enseñanza-aprendizaje? Debo deducir, en principio que hará chicos que se tratan con los textos y la información de un modo inquieto, intermitente, ansiosos, sobreexcitados, pues está demostrado con estudios consistentes que si la lectura en un libro serena, el uso de la Red plagada de páginas atractivas con hipervínculos que de continuo nos guiñan, nos agitan, nos distraen, nos desconcentran, ¿qué no será con los alumnos? Sería penoso que nuestros jóvenes, nuestros alumnos, fueran “pasto de la irrelevancia”, como afirmaba Clifford Nass, catedrático de Stanford o como, de modo más sombrío aún, afirmaba Michael Merzenich: al ser lo ordinario que ante la pantalla se nos solicite, se nos ofrezca, se nos anime a… y al provocar la distracción de la que vengo hablando puede ocurrir, según este autor, que estemos entrenando “nuestros cerebros para que presten atención a tonterías”. De ser cierto todo esto las consecuencias serían tan irreversibles como funestas… Y los experimentos, niño…, ¡con gaseosa!, que dijo don Eugenio d’Ors.
         No deja de asombrarme que afirmaciones del saber popular, sentencias o ideas clásicas, que lo son por haber acertado en el hondón de la realidad humana, vienen ahora a ser corroboradas por sesudos y costosos estudios planeados por equipos de profesores desde prestigiosas universidades. ¡Ay que ver lo testaruda que es la realidad en mostrarse! Quien mucho abarca… Y de momento quien más aprieta abrumándonos, asfixiándonos con información es la Red que no deja de atraernos, solicitarnos, embelesarnos…, distraernos.
         Hasta aquí llego. Creo que el libro es muy interesante. Son muchos más las notas que tengo tomadas…, pero les invito a hacerse con el libro y leerlo… con atención.

10 de noviembre de 2014

Carr, Nicholas, ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? SUPERFICIALES (III)




         Me retrotraigo en el tiempo. Hace muchos años venía corroborando en unas tandas de tests que se realizaban año tras año a los alumnos en 8º de EGB (luego en 2º de la ESO) y en 2º BUP (luego 4º de la ESO) que, también año tras año los alumnos, en general, tanto los alumnos de mi centro como la media comparativa de la región, descendían en su capacidad memorística y su capacidad de concentración. Esta observación me llevó a un intento por desvelar el enigma que se encerraba tras esto. Fue entonces, hace muchos años, cuando empecé a hablar de TDAH, del que mis colegas no habían oído hablar nunca, fue entonces cuando la Red se ponía en marcha y daba sus primeros pasos… 

         En este libro encuentro parte de las respuestas que entonces aventuré. La memoria se demonizó en España, al menos, en los setenta, calculo, y hoy está totalmente olvidada en los procesos de enseñanza-aprendizaje: ni los profesores –sálvese quien pueda- exigen la memorización ni los alumnos tienen tragaderas para ella. Es un hecho de las clases del día de hoy: he preguntado a mis alumnos por explicaciones que di ayer y hay algunos que ¡no les suenan de nada!, ¡ni siquiera lo que escribí y dibujé en la pizarra!, como si eso nunca hubiera ocurrido. Esto me desconcertaba hace años, pues hace años que cambié de centro y se acentúo el problema que venía observando. Al principio pensaba que habría soñado la explicación dada, realidad que era refutada por algunos alumnos que recordaban mejor o peor, bien algunos de ellos, mis explicaciones del día anterior. ¿En qué realidades estaban los alumnos mientras yo explicaba? Había silencio en el aula, me miraban, parecían seguirme… ¡incluso al preguntarles sobre la marcha sabían responder a aquello de que hablábamos! y, sin embargo, la persistencia de lo explicado no dura 24 horas… ¡Asombroso!

         Cuando años atrás intentaba buscar explicaciones y soluciones al asunto de la falta de concentración mis argumentos eran muy simples y creo que vienen a coincidir, en resumen, con lo que el autor de la obra apunta: la hipersolicitación de los chicos en momentos de especiales despertares de todo tipo hacía que el alumnado no estuviera en absoluto pendiente, atento, centrado en sus estudios, sino con la atención dispersa: en la TV y sus programas, las máquinas de jugar (ahora comento sobre ellas), los flirteos y escarceos amorosos… ¿Qué no será ahora con la Red con sus espacios sin espacio, los móviles sin tasa y sin cuento? ¡Superficiales! El autor del libro viene a demostrar que la hipersolicitación de las pantallas, las facilidades que dan los buscadores, etc. hacen que quienes consumimos y trabajamos de continuo en y con la Red pasemos a ser frívolos intelectuales que planean solo por la superficie del conocimiento sin atenderlo en demasía, sin prestarle mucha atención, sin que esos conocimientos penetren y queden fijados en nuestra memoria, sino que nuestros ojos discurren por los textos como el agua sobre la losa de granito.


5 de noviembre de 2014

Charlie-SALIDA-47. Amando de Miguel, arruinado.




           Querido charlie:

         Leo sobrecogido -con extremo asombro- una noticia de EL MUNDO sobre Amando de Miguel: creía que no necesitaba presentación (esta mañana comentándolo en ambientes supuestamente cultos… no sabían quién es) (http://www.elmundo.es/cronica/2014/10/19/54414fba268e3e54718b4586.html). Recuerdo el primer artículo que leí de él en los ochenta. Me produjo una extraña impresión (recuerdo su contenido): no compartí su opinión.
         Luego conocí alguna desgracia familiar con su hijo y tras ella, me pareció, tras oírlo, que reorientaba sus planteamientos; esto es una opinión nada respetable. A partir de entonces leí bastantes libros suyos (algunos muy buenos: tiene editados 150), lo escuché muchas veces en la radio y en la televisión: atinado, razonable, razonador, sensato, diría yo… ¿¡y ahora dice que vive en la ruina absoluta (no tiene ni para café) y vende su biblioteca de  13.000 libros!? ¿Dónde está el sentido común del que tanto hablaba? Se ha arruinado al hacerse una casa de ¡dos millones de euros! Lo reconoce: se equivocó como muchos españoles. Me da lástima, de él y del resto, pero, con todos mis respetos, ¡él no es como los demás españoles! Tiene 13.000 libros en su casa de los que debiera haber aprendido algo…, era catedrático de Universidad, hombre culto, por sensato lo tenía… ¿Qué ha pasado? No tiene ni para calefacción…
         Algo hay que no me cuadra… Creo que me da lástima de él y también de mí: de él por el calvario que vive, de mí… porque una vez más me hallo defraudado por una circunstancia que creo dominar… ¡y a cada paso me sorprende y ofende cruelmente!

            Tucho Castelo.

3 de noviembre de 2014

¿QUÉ ESTÁ HACIENDO INTERNET CON NUESTRAS MENTES? SUPERFICIALES





         Por lo que Carr confiesa, el origen del libro y de la investigación que da lugar a él está en una experiencia personal, fruto de un autoanálisis, examen personal… Dice así:

          En algún momento de 2007, un mar de dudas se deslizó por mi infoparaíso. Empecé a ver que la red estaba ejerciendo una influencia mucho mayor sobre mí que la que habla tenido mi viejo ordenador de mesa. No era sólo que estuviera empleando tantísimo tiempo en mirar una pantalla de ordenador. No era sólo que muchos de mis hábitos y rutinas estaban transformándose mientras me acomodaba cada vez más a, y [me] hacía dependiente de, las páginas y servicios de la Red. El modo mismo en que mi cerebro funcionaba parecía estar cambiando. Fue entonces cuando empecé a preocuparme sobre mi incapacidad para prestar atención a una sola cosa durante más de dos minutos. Al principio pensé que el problema era un síntoma de degradación mental propia de la madurez. Pero mi cerebro, comprendí, no estaba sólo disperso. Estaba hambriento. Exigía ser alimentado de la manera en que lo alimentaba la Red, y cuanto más comía, más hambre tenía. Incluso cuando estaba alejado de mi ordenador, sentía ansias de mirar mi correo, hacer clic en vínculos, googlear. Quería estar conectado. Al igual que Microsoft Word me había convertido en un procesador de textos de carne y hueso, Internet, me daba cuenta, estaba convirtiéndome en algo parecido a una máquina de procesamiento de datos de alta velocidad, un HAL humano.
          Echaba de menos mi viejo cerebro.

         Esta es la segunda entrada que hago referida a esta obra. En la primera (http://antoniojosealcalavique.blogspot.com.es/2014/10/alucinante.html) di cuenta de cómo la lectura apenas existe para quienes de continuo –me incluyo- viajamos por la Red. Los datos eran demoledores con un final trágico. A la pregunta qué leen en la Red quienes la visitan, Nielsen contestaba sencillamente: “No leen”. (No obstante por si les sirve el dato, en una clase de 34 alumnos de 1º de bachillerato, al preguntarles si alguno estaba leyendo algo: solo un alumno levantó la mano. Es decir: nada también).
         Tengo fama entre quienes me conocen de crédulo. ¿Por qué van a querer engañarme quienes me rodean, si yo ni engaño ni miento?, me pregunto y me digo. No me caí del guindo la semana pasada y me consta que son algunos quienes por egoísmo, codicia, soberbia… me quieren engañar. Son ellos quienes se caen de la confianza donde los subió mi aprecio. Supongo que es la historia de la Humanidad desde el asunto de la manzana a esta a parte, la serpiente, Caín y su ralea, etc.
         Me preguntaba, sin embargo, no sin cierto asombro ante mí mismo mientras iba avanzando en la lectura de esta obra –que deseaba leer desde hacía mucho tiempo-, si no querría mentir su autor por motivos oscuros… No tengo ningún dato, ojo. Antes al contrario, es tal la cantidad de información que este autor da el lector, tan convincente, tan bien razonada… que, a mí, me ha admirado. Cierto es que la exposición es muy al estilo yanqui, sea escrito con reparos: exposición sucinta de alguna investigación (nombre del investigador, brevemente cómo se realizó el trabajo, lugar de la publicación: revista u obra) y exposición de consecuencias y deducciones del autor, para enlazar con otro nuevo planteamiento en la línea del tema desarrollado y vuelta al mismo proceso descrito.

26 de octubre de 2014

El pequeño Nicolás. Prólogo a EL DONCEL DE PROSPERIDAD, SUS FORTUNAS Y ADVERSIDADES




Yo, el llamado en los pliegos de cordel pequeño Nicolás, tengo por bien y bueno para todos que esos mismos todos tengan noticia cuando esto leyeren de mis tan cacareados hechos ya por doquier, y por desventura muchas veces cantados y recitados. Por bien servido lo doy, pues entiendo son sucesos tan ocurrentes como delirantes y brillantes, y considero pues, como Vuestra Merced me dice, no merecen la sepultura del olvido, aunque no sirvan ni de ejemplo ni escarmiento, pues aquí, cuanto de más alta alcurnia y más limpio linaje se es más ladrón se hace que caco, e imposible es ser condenado a presidio o galeras, que a una mancha otra mancha la tapa. Es seguro que cuantos lean mis acaecimientos hallarán agrado y lisonja, viendo que, siendo yo joven doncel, más digno de lástima y pena que de desdén y condena soy.
Si a este propósito dijera Plinio que no hay libro, por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena, mas a mi favor; mayormente que los gustos no son todos unos, mas lo que uno no come, otro se pierde por ello. Y así vemos cosas tenidas en poco de algunos, que de otros no lo son: algunos reirán de mí, y otros de quienes saludé y con quienes anduve saludando, si yo listo, ellos estultos todos del Rey abajo. Y esto para que ninguna cosa se debiera romper ni echar a mal, si muy detestable no fuese, sino que a todos se comunicase, mayormente siendo sin perjuicio y pudiendo sacar de ella algún fruto, y así pido que dé noticia de ella señor doctor don Daniel. Porque, si de otro modo aconteciese, muy pocos escribirían para uno solo, pues no se hace este arte sin trabajo, y quieren, ya que lo pasan, ser recompensados, no con dineros, mas con que vean y lean sus obras y, si hay de qué, se las alaben. Y, a este propósito, dice Tulio: «La honra cría las artes».
Dicen los galenos que tengo una florida ideación de tipo megalomaníaco, ¿pues de ser así qué no acharan a Homero por su Eneida o a Platón por su República o al Pujolets, predicador de trolas y fervorines durante décadas a cuenta sin cuento de una herencia? ¿Acaso tienen por menudencia semejante florida ideación donde pringaron, y el pico hincaron, poderosos y acaudalados supuestos señores que hoy, ladinos, callan? Si puse mi vida al tablero fue por el deseo de alabanza: eso hízome poner en peligro; y así en las artes representativas: las fotos, las grabaciones, los besamanos e ir del bracete de ilustres, algunos sin lustre, pues mismamente que en las letras y las artes o la milicia mi afán fue sobresalir y recibir alabanza y loa. Pocos maravedís saqué de mis muchos peligros, siendo otros quienes con menos esfuerzos y más canalla se alzaron con el santo y la limosna, pues anduvieron donde sin cuento los dineros andan, ay, poniendo a tuerto o a derecho su casa… hasta el techo. Ahí tiene Vuestra Merced ejemplares de toda laya, origen y procedencia, estirpe de ladrones, bandoleros, forajidos y malhechores de diversos reinos y nobles casas de las Españas: dineros un rato largo hubo para Rato y sus cuadrilleros, importáronle a Blesa un bledo viejos, parados y desahuciados, que a todos púsolos mirándolos para el tajo de Ronda. ¿O acaso cree voacé que no quedó don Elipio, por meterle a los poderosos el dedo en el ojo, como san Pirulo, que yendo de cara, quedó virgen del pito y mártir del culo?
Y todo va de esta manera: que, confieso no ser yo más santo que mis vecinos, de esta nonada, que en este grosero estilo escribo, no me pesará que hayan parte y se huelguen con ello todos los que en ella algún gusto hallaren, y vean que vive un hombre con tantas fortunas, peligros y adversidades. Sí confieso y digo que emparento con los españolísimos Lázaro de Tormes y la señora Justina, el Guzmán de Alfarache y con don Pablos, más algún otro, pues el tiesto ha de salir a la botija, más nada quiero saber con los arriba citados que no tengo por pícaros a esa camada, sino sí por hideputas, follones y malandrines, si no por carne de presidio, perversos facinerosos a quienes Dios, desde su gloria, confunda y condene, y no a palos.
Suplico a Vuestra Merced reciba el pobre servicio de mano de quien lo hiciera más rico si su poder y deseo se conformaran. Y pues Vuestra Merced escribe se le escriba y relate el caso no muy por extenso, parecióme tomarle por el punto y hora en que ahora está, y vaya teniendo entera noticia de mi persona, y también porque consideren los que heredaron nobles estados cuán poco se les debe, pues Fortuna fue con ellos parcial, y cuánto más hicieron los que, siéndoles contraria, como es mi caso, con fuerza y maña remando, salieron a buen puerto, queriendo sobrenadar junto a los ricos y los buenos, aunque remaneciera, su seguro servidor, desde barrios que no son ni lo uno ni lo otro, aunque sí de honradas y probadas gentes.
                               Francisco Nicolás Gómez-Iglesias, del barrio de Prosperidad.

23 de octubre de 2014

Charlie-SALIDA-41-El proyecto cívico español





          Querido charlie:



         Siempre defendiste el inequívoco aserto que afirma que quien lechón nace, marrano muere; viéndote morir, y sus consecuencias, no pudo dejar más claro el refrán. La incapacidad cívica española de reconocimiento y respeto al otro es morrocotuda, férrea, inasible al desaliento... A la delicadeza cívica aquí se la llama mariconada, cursilería, afectación…



         Sacar la basura al contenedor por las mañanas es animante, pues ayuda al viandante a que el paso avive.

         Arrastrar las sillas es composición musical que ilustra y tiene fuerza evocadora para el vecino de abajo: todo un detalle musical. Napoleón lo dijo.

         Lavarse, cambiarse de ropa con cierta frecuencia, usar desodorante es presunción y vanidad que no pulcritud y deferencia con el otro: una pura arbitrariedad condenable por amanerada... El hombre y el oso, cuanto más huelen, más hermosos.

         El conversar, hablar, razonar… a voz en cuello es didáctica por percusión.

         Interrumpir la conversación de otros, por un interés y con afanes propios, es espontaneidad extrovertida: pura naturalidad.

         Cerrar las puertas con portazos estentóreos y con vivo temblor de marcos y tabiques son otros modos de decir adiós, cargados de personalidad.

         Tirar papeles, colillas, envoltorios, envases al suelo… es la prudencia de quien no desea perderse y volver a casa por los altos andamios de la mierda y la basura.

         Ceder el paso, al andar o en vehículo, dar las gracias y pedir por favor, sonreír… son chocheces de viejas, ya se sabe: disecan al perro cuando se les muere.

         Hablar donde se estuviere recio e inflexible es muestra comprobada de ignorancia, que denota pura estulticia y arrogancia.

         Evitar dar el intermitente del coche, pone un punto de amable misterio en la conducción a quien va detrás de nosotros: y es siempre de agradecer ese detalle.



         Suma y sigue, charlie. Ya lo decías tú: ser educado comporta ser inteligente y la inteligencia no está al alcance de cualquier fortuna.



         Diagnosticado el lechón… No debe intentarse ninguna solución por vía educativa: vano intento. Quien lava al lechón pierde el tiempo y el jabón. Paciencia y a barajar porque a todo cerdo le llega su san Martín.



         Tucho Castelo.

20 de octubre de 2014

Urbina, Pedro Antonio, FILOCALÍA O AMOR A LA BELLEZA (y II)



          Me ha costado leer la obra que hoy comento. Es la mía relectura. ¿Me preguntaba qué entendí cuando la leí por primera vez? Y he bajado a buscar en el archivo de los resúmenes que hacía entonces, la ficha que escribí y que reproduzco aquí. La verdad es que no está mal. Creo que se ajusta al libro y es equilibrado para el espacio y para redactarla de un tirón… (¡hay que ver lo que uno sabía entonces!).

         Por una parte, pasando hojas del libro al azar, observará quien lo haga, que predominan en la obra los párrafos cortos, breves: eso nos sitúa, entiendo, en un estilo concreto de la redacción de la obra. De otra parte, otra mirada esta vez al índice también nos sitúa en un pormenorizado desglose de temas o aspectos relacionados con el tema principal de la obra: la Belleza y sus creadores, o sus asistentes, los artistas.

         Se mueve en esta obra Pedro Antonio en una dimensión difícilmente accesible a cualquiera que no tenga un profundo conocimiento, entiendo, de determinadas realidades filosóficas y teológicas (a lo peor es mi caso). Pedro Antonio hace un abordaje esencial de la Belleza y del artista que anhela mostrarla, crearla, reflejarla, hacerla patente… La relación que se establece entre la Belleza, la Verdad, el Bien, el Ser, el Artista… es única. Serán los destellos de esa única realidad sobre la que Pedro Antonio reflexiona. Todo ello, entiendo, nace de la convicción personal profunda de la unidad entre esas realidades como reflejo inequívoco y evidente para PAU del Ser, es decir, de Dios.

         Muchas veces su texto tiene un carácter taxativo, rotundo, esférico… y no es fácil de comprender y, por tanto, de admitir. Me cuesta especialmente a mí, ahora, como al introductor de la obra, Millán Puelles, la idea del artista como un “tocado de la gracia”, “un alma bella”, “un corazón gentil”, que de estos modos se han referido a lo largo de la historia a los escritores -y supongo que a los creadores en general-, entiendo que desde un origen platónico, y muy especialmente en el renacimiento italiano y al que hizo también referencia, en este sentido, Garcilaso: otro tocado de la gracia. El artista viene a decirnos PAU en su hacer arte ve y es arrebatado… El primer movimiento del hacer arte es un rapto… Sin duda las palabras: hacer, crear, generar, erigir… ¡no sé!... se quedan cortas ante lo inefable.

         Ciertamente el artista teme llegar al final de su obra, sobre todo, si ya tuvo la experiencia de obras anteriores, pues está seguro de que su trabajo no alcanzará eso que, de algún modo, intuyó, vio, quiso, buscó… Teme quedarse corto en el resultado y le arredra tener que volver a intentarlo de nuevo, con una nueva obra (son innumerables los creadores que han hablado de ese continuo intento de crear algo que no termina de salir como se vio). Otro temor no menos frecuente –Delibes hablaba de él- es terminar una obra… ¡y que no haya otra en la recámara!: que lo recién acabado sea el final; ¿quién asegura la siguiente si no sé cómo acuden a mí, no sé llamarla, ignoro cómo acude, por qué camino vino y llegó la nueva obra… ¡o yo fui a ella!?

         El artista nace y se perfecciona, ¿pero quién asegura que lo será para siempre? Sin duda PAU tenía razón: el arte es ilusión, es penetración de la belleza que es por mano del autor, pero toda ilusión es la víspera del gozo… y así llegada la obra, ahí expuesta, terminada ahí… es el final de lo esperado, de la ilusión, la frustración de lo no logrado, del aún no… ¡tan existencial!

         Nos acerca PAU al artista ideal…, al proceso creativo ideal… a quien tiene un muy alto Ideal cuando a la creación se dedica. Camina y sigue, casi ciego, palpando, buscando, alumbrando para otros y ese artista, consciente, responsable comprende que sin duda donde todo vale, nada vale. No, no todo vale, no todo tiene el mismo valor. En algún sitio lo he escrito. La equivalencia de los valores es un modo relativista de saltarse los cánones, de dejarse caer, muelles, en el igualitarismo…, pero estas son otras esquinas de esa calle.

* * *

         Quería releer esta obra. A lo mejor hubiera dado más de sí, y de mí, con Gorrión solitario en el tejado, novela de PAU que recuerdo confusamente y que toma el título del salmo 102:7.Velo, y soy como gorrión solitario sobre el tejado”. Tengo la convicción de que el gorrión, convertido en ave de altanería… dio a la caza alcance.



Tras de un amoroso lançe,

y no de esperança falto,

bolé tan alto, tan alto,

que le di a la caça alcançe.



         Descansa en paz, PAU.

17 de octubre de 2014

Charlie-SALIDA-45. Sobrecogedor, Mr. Ébola.



         Querido charlie:

         Que lo leí es seguro. Puede que fuera verdad y no pasara, por veces la vida es así. García Márquez dijo –intento documentarlo y no puedo- que el daño que hacía la coca de Suramérica en América del Norte y Europa era el reintegro generoso de los perjuicios producidos allá, en América del sur, por unos y otros. Insisto: aseguro que lo leí, no lo encuentro para documentarlo, e ignoro si lo diría realmente o no.
         Se me antoja que con el ébola ocurre otro tanto. África ha sido saqueada de los modos y formas más viles: desde lo más horrendo, el tráfico de esclavos -¡que existe aún! Menos de 150$ una mujer-, hasta la rapiña más inmisericorde de todos sus bienes materiales… Las colonias, los bienes coloniales, el basurero, el estercolero, la masacre… Los juegos políticos estratégicos, el disfrutadero sin tasa de los países ricos y poderosos, que sin rubor campearon y campean allí; malas personas que apestan la tierra sin escrúpulos la han desollado en lo más vivo… Ellos, los africanos, nos devuelven tanto bien dispensado con una enfermedad que nos mete la nuez en la garganta, las cabras en el corral y nos aterroriza… Más asustados estamos que un triguero. Vagamos inermes con nuestra ridícula ciencia que no alcanza, con nuestras creencias enterradas y olvidadas, nuestras fuerzas dimitidas… y entre nosotros divididos.
         ¿Quién fue el iluso que pensara que el ébola no llegaría? El sur, aplastado por el hambre, la miseria, ¡las enfermedades!, vienen al norte, tierra de promisión donde en sus ríos corren leche y miel, donde los panes cuelgan de las ramas de los árboles… ¡mismamente El Dorado en la tierra de promisión! Los muertos ahogados en el mar por alcanzar esa tierra también claman justicia: hay que pasar por taquilla. Vienen y vendrán… Quienes llegan traen sus costumbres, sus religiones, sus creencias, sus enfermedades, sus… guerras… ¿o es que no padeceremos la yihad como sufrimos el 13-M? En este toma y daca, esperable y lógico, ha llegado la hora de recibir con creces. Nos vamos a hinchar, charlie, me temo.

                 Tucho Castelo.

16 de octubre de 2014

Urbina, Pedro Antonio, FILOCALÍA O AMOR A LA BELLEZA (I)





                                                                                In memoriam.

         Ya sé que llego tarde. Ya sé que Pedro Antonio Urbina murió un día caluroso de julio, el 31, de 2008. El problema es que uno llega cuando puede, cuando le dejan. Pretende la relectura de este libro ser un homenaje mínimo a quien tuvo la delicadeza de atender y tenerme como amigo durante años.  Después la vida, luego, nos llevó por otros derroteros y nuestros senderos bifurcados nos llevaron a distinto compás. Ofrecido va por él con cariño...



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         Pedro Antonio Urbina, su apelativo familiar PAU, la santa paciencia tuvo de recibir mis cartas de aspirante y meritorio en el oficio de escritor durante años. Me dio norte de él Julio Montero Díaz, que hizo de puente. Era entonces yo un muchacho aplicado a la lectura, un ferviente lector…, un tanto grafomaníaco, que quería escribir novelas. “Aún no tienes edad”, me vino a decir Alfonso Sancho Sáenz, y tenía razón. PAU me animaba con los cuentos breves, con cuentos que presentaba mecanografiados a los premios donde pudieran encajar. Él me corrigió alguno. Eran mis cuentos azorinianos, de una morosidad en el decurso de la narración en que parecía detenerse el tiempo –vivir es ver volver-. Me gustaba por entonces la sorpresa, lo ingenioso… que muchas veces se resolvía en lo más ordinario e intrascendente (para ingenio ya leía yo frenético a RAMÓN). Pedro Antonio me corrigió algunos de aquellos cuentos que yo escribía a mano, con tinta verde…, es unos folios de calidad infame, que compraba en Granada, no recuerdo si al peso. Paciente Pedro Antonio. Con los padres y los maestros siempre es uno deudor insolvente, pues no se puede dar la vida a quien te la dio, ni enseñar lo que se te enseñó. Doy desde aquí las gracias a Pedro Antonio Urbina que, seguro, alcanzó y está en y con la Belleza.



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         Creo que Pedro Antonio no escribió para la inmensa mayoría ni tampoco creo que eso le preocupara en exceso. Hizo lo que tenía que hacer, lo que creyó que tenía que hacer. Su hacer, que fue su obrar, era llevar a cuantos quisieran ir con él a la Belleza por medio de sus obras escritas, de su vida. Era Pedro Antonio Urbina un apasionado del amor a los hombres y, por tanto, de su obra escrita y de aquellas obras que él tanto admiró. Obras de todo tipo, pues Pedro Antonio era un buen conocedor del cine, de la pintura… Leía yo sus críticas de cine en una revista por título RESEÑA, a la que me suscribí y de la que aún conservo los ejemplares. Hombre de una singular sensibilidad no ante el arte en particular, sino ante lo que la vida tiene de la Vida y la Belleza, ante el Ser y, por ende, ante la obra de arte. Entiendo que sobrellevó la marginación de su obra porque padeció el sufrimiento ante la presencia del Mal que es siempre rechazable, feo, horripilante…, pero que algunos visten de seda y brillos (Erasmo lo cita, y me lo enseñó mi madre), donde los bobos y los papanatas, ¡y los malos! (hay personas malas, ojo), acuden como las moscas a la...