16 de junio de 2018

Al señor ministro de Cultura y Deporte, sin ningún respeto por sus opiniones sobre la caza



Perdóname charlie que me dirija hoy el nuevo ministro de Cultura y Deporte, don José Guirao y que me extienda más de lo habitual, ya perdonarás.

Para comprender lo que escribo es necesario escuchar las necedades que dice el ministro en este vídeo. A ver, así son las cosas...

Don José, vamos al turrón, que se lo comen las avispas:

Le concedo que usted que, como ministro del ramo, la Cultura y el Deporte, pueda ignorar cómo se juega al base-ball, o quién es el seleccionador nacional de tenis de mesa –excelente y vistoso deporte-, pero quien ignora, si es prudente… e inteligente, señor ministro: se calla y no mete el dedo en el ojo a cientos de miles de conciudadanos. Su condición de licenciado en filología -con ignoro qué alcance en su caso por los empleos disfrutados-, y siendo yo doctor en la misma materia, debería reconocer que no todo el campo es orégano de su opinión y, al menos para mí, hay tablillas que me indican acotados donde soy ajeno a la materia… y, por prudencia, debo callar. Convendría que el señor ministro, por lo mismo, también callara sobre cuanto ignora.

El señor ministro es imbécil patanegra al demostrar su ignorancia y ponerse en ridículo público. El señor ministro al hablar de la caza se ha metido en un campo sin puertas donde no distingue una ortiga de una aulaga ni un aguilucho cenizo de una torcaz… Don José, sin ningún respeto se lo digo: usted es un ignorante y como tal un atrevido. Pura carne de imbécil y se lo voy a demostrar mal que me pese al hilo de sus propias palabras, aunque la entrada de hoy sea larga, pues la enmienda del tonto de libro, del tonto como Dios manda, que diría Cela, es larga como su rastro. Más temo al tonto que al malo, pues del malo solo es esperable maldad, pero ¿y del tonto qué esperamos?

No dudo de sus capacidades, don José, en los ámbitos en los que sea competente, que no se trata ahora de eso, sino de una breve alocución dirigida sobre la caza y los cazadores, que antecede en un enlace de esta entrada. Siento vergüenza ajena al escucharlo, por ser el ministro de Cultura de mi nación. En sus palabras, sin embargo, demuestra usted no tener vergüenza de su supino analfabetismo sobre lo que la caza y los cazadores sea y son. Lo siento, señor ministro, usted es un pardillo, primera acepción de la entrada de la RAE, que no la tercera que, me temo, no sabría distinguir en el campo del que usted habla. “1. adj. despect. Dicho de una persona: Rústica o ignorante. U. t. c. s.”, este pardillo es usted, don José.

En su alocución hace de una anécdota categoría: “Invaden mi casa”, se queja, le ruego que me disculpe don José, los “cazadores” que invaden su casa, como usted dice, no son cazadores: son unos delincuentes porque están infringiendo las leyes. Otro asunto bien distinto es que los cazadores legalmente practiquen su actividad en una finca donde está autorizada la caza; que a usted no le guste, sin tener por qué afectarle a usted y a su casa: en ese caso hay un enfrentamiento de intereses que debe resolver un juez. Quien conduce bebido, y con velocidades imprudentes, no atenta contra el deporte del automóvil, sino contra sus conciudadanos a quienes puede matar al provocar un siniestro. Por este problema no vamos a prohibir los coches ni la Fórmula 1, por ejemplo, ¿no le parece?

La comparación que hace sobre la superpoblación de cabras en Gredos y la superpoblación supuesta de personas en el mundo deja bien a las claras que usted ignora quién es Malthus y sus teorías del crecimiento humano, etc., entiendo que usted ignora también qué sea el neomaltusianismo; estoy seguro de que usted, también por lo que dice, no ha oído hablar de las campañas en todos los países posibles –pero principalmente en los más pobres- contra la natalidad… Señor ministro, sí: el hombre, erróneamente, ha interpretado que es el dueño de todo, incluida la vida del no nacido, y ahí tiene usted el aborto; el hombre no ha dejado de promover guerras por doquier para vender sus armas, para eliminar a sus congéneres… Sí, señor ministro, no sé si hay superpoblación de cabras en Gredos, como usted afirma, ni siquiera creo que haya superpoblación humana en el mundo como usted defiende, pero estoy seguro de que los ingenieros de montes, los biólogos, etc., quienes saben, y que han determinado el conteo de cabras en Gredos, tienen idea más exacta y ecuánime que la suya con respecto a si el monte puede o no soportar una cantidad determinada de animales, dado que no hay enemigos naturales que puedan regular su población. Siempre el hombre luchó contra las plagas: de langostas, de moscas, de topos… y de tontos, que son las más peligrosas y dañinas. Sus aseveraciones contra esos cazadores es la propia del cazoletero metomentodo que de todo sabe, que de todo habla, para demostrar solo su flagrante ignorancia. El callar sobre lo que se ignora, ya sabe, señor ministro, es oro. Usted solito puede ser toda una plaga.

Acto seguido habla usted de los hombres como seres soberbios que maltratan y utilizan todo lo que hay en la naturaleza, y enumera: “los animales, las plantas, el agua, los árboles”. Ya le digo, don José: un árbol, por si no lo sabe… -que obra de misericordia es enseñar al ignorante- es una planta… Quiero decir que usted no lleva el hilo… El cazador, como cualquier humano, necesita comer. Ignoro lo que el señor ministro almuerza, quizá piedras (Ortega ya lo anunció), pero el resto de la humanidad consume: carne y plantas, bebe agua, siembra y recoge frutos… Eso no es maltratar. El cazador, como el resto de los humanos, no maltrata nada de cuanto usted dice… En términos generales la presencia humana en la Tierra no es inocua… No lo ha sido y no dejará de serlo. Mi tesis doctoral, La idea de progreso en la novela de Miguel Delibes, da buena cuenta de lo que estoy hablando. Nunca, señor ministro, se puede hacer una tortilla sin romper huevos. Nunca podrá vestir el señor ministro, ni escribir, ni conducir su coche… sin alterar el medio ambiente…, pero el hombre puede y debe paliarlo. Nadie, absolutamente nadie, mejor que el cazador cuida de los campos donde caza. Nadie mejor que yo cuida las perdices donde yo cazo y a los conejos, y busca el equilibrio. No solo no maltrato, sino que invierto mi tiempo y mi dinero, don José, en defender el medio donde las especies se reproducen, crían, viven… Por supuesto, los cazadores invertimos más dinero que su ministerio en buscar el equilibrio del que usted predica y nosotros sacamos el trigo de nuestros bolsillos. Yo soy un ecologista que, además, señor ministro, paga, no como esos otros ecologistas de subvención apesebrados.

Don José, sobre la profunda reflexión del poeta Gary Snyder, tan autorizada como la suya, no seré yo quien le conteste, sino dejaré que sea un escritor de reconocido prestigio quien lo haga, Arcadi Espada: «El nuevo ministro, José Guirao, declaró en un acto de la asociación Capital Animal: "Hay que considerar a los animales iguales (al ser humano) en todo: en inteligencia, en sensibilidad, en derecho a la vida".
»Nada tengo que oponer a este desahogo normativo. Guirao no dice que los animales son iguales al ser humano en inteligencia y sensibilidad. Eso le obligaría a presentar pruebas científicas de las que no dispone. Pero si se trata solo de una aspiración ética, por mí como si quiere extender el aserto a las figuras de porcelana de Lladró». Escrito queda.

Preguntarme si somos capaces de hacer lo que hacen las aves migratorias, preveer [sic] un terremoto… El señor ministro de Cultura y Deporte no tiene una muy fecunda ni feliz imaginación por las comparaciones que pone, sino más bien al contrario: cortita cortita… Da lástima oírlo, señor Guirao… Por cierto, señor ministro, no existe el infinitivo ‘preveer’, sino ‘prever’ y eso, así dicho, en boca de un filólogo como usted, dice mucho de sus luces… y sus sombras. La reiteración de la palabra comodín ‘cosa’ demuestra su pereza mental y su incapacidad para hallar las palabras adecuadas.

¿Necesitamos un cambio antropológico radical? Perdone, ¿usted sabe lo que está diciendo? ¿Usted tiene idea de qué es la antropología? De caza no sabe y habla, de plantas no sabe y habla, de antropología no sabe y habla… Sí, sin duda, señor ministro, necesitamos una cura de humildad, pero unos la necesitan más que otros. También lleva razón en que no se da una relación equilibrada e inteligente con la Naturaleza, solo con escucharlo usted se ve bien a las claras: su ignorancia agreste y morrocotuda tiene un grado absoluto de evidencia que daña la Naturaleza.

Y me planto ya, don José, rebatir a un tonto también se hace pesado y arduo… Y ya le digo, señor ministro, aquí lo dejo… con sus tonterías. Le doy la bienvenida al campo de batalla y cuente conmigo siempre en el otro lado al que usted ocupe. No soy yo quien se puso ahí, sino usted quien me colocó ahí.

Respeto su persona, que dejo a salvo, pero su opinión es la imbecilidad propia de quien es ignaro en una materia y se mete donde no lo llaman. He sentido pena al escucharlo. Vapulearlo más… era faltar a todo, pues me parece usted un guacharro implume ajeno en nido de cuco, pobrecito, señor Guirao. Cazar a los cazadores es actividad cinegética mayor que, cuando se ejerce con escopetas de caña, como usted lo practica, no hacen pupita y las puede usar el nuevo ministro cuanto quiera, eso sí: con pólvora del contribuyente.

La caza, don José, no es solo una realidad económica, deportiva, social, ecológica…, es una realidad antropológica inherente al ser humano en cuanto animal y que, a su vez, se plasma de forma fehaciente en la inteligencia de un animal que pugna contra otros que le aventajan con sus instintos.

Termino, don José: El señor ministro, especialista en las vanguardias, no llegó a la novela de los 50. De haber llegado y haber leído a Delibes sabría que otro ministro de cultura socialista, el onceavo Javier Solana, declaró con solemnidad que el primer ecologista español era un cazador y escritor llamado Miguel Delibes Setién… No estaría de más, para empezar, que leyera los ensayos que este autor tiene sobre la caza.

Queda a su disposición s.s.s.,



6 de junio de 2018

308-CHARLIE-SALIDA- ¿Son los funcionarios incorruptibles?




Supongo que no. La realidad lo demuestra. Todo lo humano es susceptible de corrupción por muy distintos medios: la fama, los bienes materiales, por miedo, por soberbia, etc. El “Todo por la patria” que se leía en los cuarteles de antaño (supongo que lo seguirá poniendo, pero ya no veo ni cuarteles), se complementaba con lo que se recogía en la cartilla militar en esos mismos cuarteles, donde se consignaba al calcular el valor del soldado que: “SE LE SUPONE”. Al funcionario, como al soldado, el valor se le supone y hasta es posible que dé todo por la patria.

El funcionario tiene mala prensa y peor fama. Quien más interés tiene en que esto sea así es el político. Estoy totalmente de acuerdo con mi tocayo Muñoz Molina: la imagen del funcionario con visera, manguitos, poniendo trabas burocráticas, aburguesado en su puesto de trabajo, atornillado de por vida a su silla, es enfrentado al dinámico político que crea, va, viene… agarra, se marcha, ingenia, moviliza. El político no es el Estado al que representa transitoriamente, pero siempre se sirve de él y se supone que lo sirve como identificación con sus conciudadanos. El funcionario, sin embargo, es el garante de un estado de cosas en el Estado, capaz de poner sentido legal y pararle los pies al político más mendaz y sinvergüenza que haya, siempre que no se deje corromper, ni lo puenteen con empresas y fundaciones, auténticas administraciones paralelas donde colocar a los clientes del partido, es decir: apesebrados, enchufados, militantes, recomendados, barandas, protegidos, amantes, colegas, beneficiados, familiares… capaces de hacer cuerdas de votantes a quienes llevar al pesebre de la urna para que la fiesta no decaiga.

Siempre me pregunté, ¿si el beneficiado del partido gana un sueldo, recibe una subvención de valvulinas por el carné, le otorgan prebendas querenciosas, qué no ganará el político facilitador? Estas preguntas se responden mucho mejor en las distancias cortas de los pueblos, donde todos nos conocemos y somos conocidos. Desde cerca se ve el pelillo de la dehesa, los coches, las finquitas, las mejoras en las casas, las compras de locales, parcelas, pisos, apartamentos, etc. Se cobra el paro y se echan jornales so capa de necesidad; si somos cuatro en casa…, pues eso: terminamos encontrando un nido de todoterrenos con un pisito para la nena… ¿Y alguien lo denunció, alguien lo ignoraba, algún político fue a decir que…?

No pondría las manos en el fuego ni por mí mismo, pero hago el siguiente razonamiento. El funcionario, en general, y salvo funciones de relevancia -que tampoco tendrían por qué ser tanto- es persona que, con su oposición, más o menos compleja y brillante, busca la seguridad de un sueldo y de un puesto de trabajo que le dé estable seguridad para su vida. Ningún funcionario aspira a hacerse rico; ningún funcionario en el desempeño de su función se hace rico. Ganará más o menos, pero no alcanzará a estar en el listín de los ricos de Forbes. El funcionario, en general, es feliz por cumplir con honestidad y decoro su trabajo, con sacar adelante su cometido con puntualidad, con afán de servicio (más o menos, según personas, como en todo) y tener una jornada continua que le permite, generalmente por las tardes, otros divertimentos dado el caso. Ya está.

Entre los cuerpos de funcionarios creo que hoy hay algunos que, con sus fracturas -que las tienen-, con sus prevaricaciones -que existen-, con sus limitaciones -muchas veces puestas desde el ámbito político y que ahí están-… me merecen una especial confianza: la guardia civil y los jueces y fiscales… Me merecen una especial confianza y se me antojan un verdadero y eficaz muro contra los ataques a la sociedad en general.

Si los funcionarios TODOS tuviéramos los cascabeles de ponerle algunos de ellos a esos gatazos de la política -¡ojo en ella la norma es la honradez y la honestidad!-, que nos están llevando al borde del vómito, la desilusión, el desencanto, otro gato nos cantaría a todos.

              Tucho Castelo.

31 de mayo de 2018

Boo, Juan Vicente: EL PAPA DE LA ALEGRÍA




Sea quien sea, como sea…, para un católico, el Papa es Pedro en la Tierra, el Vicecristo, el “Dulce Cristo en la Tierra”, que dijo santa Catalina de Siena. Ya perdonarán que no admita debate, contra la corriente de pensamiento que presupone que todo es debatible, me opongo y no la comparto. No, en este caso ni sobre el honor de mi madre: no hay debate.

Cautivado por la alegría es un libro autobiográfico de C. S. Lewis. Busco la crítica que hice hace muchos años de él y no la encuentro en los ordenadores (debe estar hecha a mano y en papel, allá, donde se encuentra, lejos de donde esto escribo). Quiero recordar que esa realidad: la alegría del creyente fue el medio de atracción para el escritor inglés, que lo lleva a la conversión. Ignoro si el agnosticismo, el ateísmo son fríos: no lo sé. Muchas veces oí decir que las religiones fueron motivo de mil guerras, acusación fácil que justifica y tapa la maldad del hombre que late en la quijada que blande para abrirle la cabeza a su hermano, sin más necesidad que la envidia y el odio, religiones aparte. Echarle la culpa a lo otro, al otro siempre es una actitud adolescente del ignorante incapaz de saberse ni a sí propio. Frío o calor, la alegría, la verdadera alegría del hombre resulta atractiva porque es, sin duda, un bien. Quien tiene y muestra la alegría que desborda su corazón resulta amable, seductor para quien no la posee. El papa Francisco la tiene y la muestra y le luce, y encanta.

No espere el lector un libro ordenado como un manual. Es más bien el resultado de una sorprendente sorpresa. El libro lo constituyen formalmente párrafos en fresca y desordenada cascada, bajo epígrafes abundantes que orientan más al escritor que al lector…, parece. Emplea la oración breve que conduce al lector hacia un acúmulo de acciones diversas en pocas líneas. El párrafo, breve. El autor lleva al lector en volandas. Las ideas, los sucesos narrados, las anécdotas se multiplican con luminosidad, como las inesperadas explosiones en unos fuegos artificiales. Todo ello, el brillo, la luz, el ruido… dan idea de cómo actúa y quién es el papa Francisco.

Este libro explora, según su autor “tres terrenos muy entrelazados: los rasgos esenciales de su personalidad, los ejes de su pensamiento y las directrices de su actuación. La coherencia entre ellos es otro de los «secretos» de su eficacia”. Medito lo complicado que es para una persona carente de fe, para quien no tiene visión sobrenatural, comprender la realidad de un hombre, en el siglo XXI, que dice ser el sucesor de Cristo, en la tierra, hoy, y como tal lo ven, lo aman, lo miran, lo escuchan… miles de millones de personas… ¿Quién es este? Se pueden preguntar como aquellos que ven enseñar a Jesús en la sinagoga (Mat 13:54 y ss)… ¿No es este el hijo del artesano… del carpintero?... ¿Quién es este argentino de apellido italiano, este tal Bergoglio? ¿No es este un jesuita que dijo…, que hizo…, ¡que daba clases de Literatura? Sí señor, de ese se trata: del hijo del carpintero que resulta ser el Hijo de Dios por siempre y Bergoglio, el jesuita argentino, es el Papa que el Espíritu Santo (¡Ni siquiera hemos oído hablar de él!, Hechos 19:2) ha suscitado para la Iglesia de hoy… ¡Qué enigma más tremendo! ¡Qué misteriosos los caminos de la Iglesia a lo largo de su historia! En fin, Dios no sabe más, no, no: DIOS LO SABE TODO, que es distinto.

Se nos juzgará de amor, pero de un amor que da la vida por quien la necesita, el tema del examen final, del Juicio Final, será ese para Francisco.

Es curioso cómo los extremos se encuentran en su propia menudencia. La izquierda en general, y el populismo de izquierdas o derechas en concreto, que tanto da, estrechan sus manos con los grandes poderes financieros y el capitalismo desbocado que odian la religión y a quienes de verdad la hacen vida de sus vidas… Así el Papa Francisco es enemigo para unos y otros, curiosa coincidencia: el demonio los convoca.

Se puede correr al leerlas sobre las anécdotas que se relatan, se puede sonreír o pasar de largo, sin darle importancia, o se pueden meditar como he hecho con tantos y tantos párrafos de esta obra: no sobre lo que autor escribe, sino sobre lo que escribe y cuenta del Santo Padre… Sí, he tardado en leer el libro, y esta fue la causa… ¡seguro que me servirá para algo! Muchas gracias a mi hermano Joaquín que me regaló este libro.

28 de mayo de 2018

313-CHALIE-SALIDAS- Opiniones en las manadas, ¿y la hembra alfa?



Querido charlie:

Carecer de escala de valores, ignorar dónde se está de pie, suspender los juicios en mero deseo inactivo, estar a verlas venir… nunca fue lo mío. Siempre preferí tener una escala de valores lo más clarita posible, radical y meridiana, desde la que partir, así como saber qué dirección he querido seguir; no me importa tomar decisiones, como persona libre que soy: elijo e incluso elijo no elegir a veces… Más que verlas venir me gusta salirles al paso: no me ha importado nunca. Los problemas y las crisis no son amables, pero se deben tomar como oportunidades y momentos de posible cambio a mejor. Cierto que la vida y lo que esta conlleva achucha, empuja en la bulla, mete empellones, pone zancadillas y da unos puñetazos que te dejan sin muelas y esos son, muchas veces, bretes inesperados, pero para eso está el resto: para dar respuesta a todo ello y hacerse responsable de lo hecho, sucedido, etc.

Vamos a ver si yo me aclaro. Ya sé que hay tantas varas de medir como personas. Ya sé que cada uno tiene su opinión respetabilísima -¡y un jamón con chorreras: yo respeto a las personas y no siempre a sus opiniones! De tontos está el patio hasta la bola-… ¿O es que no va usted a respetar mi opinión? Pues no, caballero, no: lo que usted afirma es opinión de ignaro en la materia y, ya ve, no la lleva… Va usted como patinete por rastrojo.

Dicho esto y hasta aquí… añado:

1.       No he leído la sentencia que condena a un grupo, conocido como La manada en Pamplona.

2.   Ignoro por qué si uno afirma que «la muchacha la gozó» es un fascista, machista, franquista, supremacista, filonazi y no sé cuántas cosas más y, si afirma que «la muchacha no la gozó» y la creo a ella, soy un buen ciudadano, alma caritativa, defensor del bien, feminista de pro, un adalid de la libertad, etc.

3.     ¿Usted cree que los miles de personas, los millones… ¡lo que se quiera!... que han salido a las calles han leído la sentencia y tienen plena seguridad en lo que vocean, ¡en un sentido u otro! (aunque más bien en uno solo...) o se han tirado a la calle influidas, inducidas, instigadas, animadas… por lo que otros voceras y altoparlantes, medios, personas… han dicho, escrito, gritado, repetido, entonado, salmodiado?

4.    ¿Usted cree que hay un solo feminismo o muchos modos de verlo y que solo uno de ellos, monolítico, autoritario, despótico, dominante, etc. es el verdadero? Hoy, cuando todo es relativo, parcial, peculiar, etc. ¿no le resulta raro que el feminismo sea una fe única, bajo un mismo dogma, «una unidad de destino en lo universal»?

5.      ¿Acaso no tiene usted la sensación de que a base de repetir las consignas de la corriente hegemónica, «el feminismo de género», se quiere hacer verdad lo que es mera opinión?

6.      Son principios del credo feminista:
a.       «toda la realidad que nos rodea es fruto de un orden patriarcal del que la mujeres somos víctimas»;
b.       «todos los hombres son potenciales agresores, violadores, forzadores de mujeres: solo necesitan la oportunidad»;
c.       «la sexualidad es masculina y sirve a los hombres»;
d.       «toda mujer es un ser inactivo sexualmente violentada por los hombres»;
e.       «el género se construye (no hay nada biológico)»:
f.        Etcétera, etcétera. Amén.

7.       ¿Alguien se ha preguntado por qué este discurso del feminismo supremacista no es eficaz y sí solo eficiente? ¿No será acaso que parte de premisas falsas y, por lo tanto, no alcanza solución ninguna? ¿No piensa que el feminismo se retroalimenta en sus instituciones, sus fundaciones, sus asociaciones, organizaciones, grupúsculos… mueve mucho el cauce, pero no hay agua en el río? ¿Cómo es que, si durante décadas, se invierte, se insiste, se forma en esta fe, en esta ideología, como nunca antes, hay algo mal concebido porque nos movemos menos que el caballo del retratista?

8.    Es posible que no importe tanto la verdad y, en definitiva, la solución de los problemas como alcanzar posiciones de presión que llevan a poderes, privilegios de múltiples índoles?

9.    Y así, ¿qué hombre se atreve a decir «esta boca es mía” (ahora vas y lo dices Sabina) si me amenazan con echarme de mi propia casa, de mi hogar, de meterme en la perrera sin abrir el pico y fusilarme al alba sin juicio previo…?

Ya saben lo que cuentan de Diógenes Laercio, el cínico: cuando todos salían del teatro, acabada la representación, entonces decidía él entrar… en el teatro… y a la pregunta por el motivo de esta actitud, él decía que se estaba acostumbrando a ir contra corriente. Ir contra la mayoría cuando muchos creen que la verdad se constituye a mano alzada… es tedioso, arduo, agotador… Una vez tras otra en el aparente bucle, de nuevo sube Sísifo la piedra para que caiga desde la altura antes de lograr llegar a la cima…

No puedo, ni quiero, defender a La manada sevillana de los cinco, pero tampoco puedo, ni quiero, respaldar a esa otra “Nosotras somos tu manada”, que quiere enmendar la plana a los jueces a golpe de tuit, a base de pancartas, de rostros pintados, de voces… Solo me gustan las manadas de lobos; las personas así reunidas, con unas y otras intenciones, se me antojan hatajos de bestias con fines nada limpios. ¡¡Y dejen que los jueces y la Justicia actúen!!


Tucho Castelo.

26 de mayo de 2018

308-CHARLIE-SALIDA- Futbolistas mentirosos e imbéciles.




Querido charlie:

“Entra el delantero entre dos defensas, quiebra al número cinco, que se escora y escurre. El delantero intenta armar la pierna para disparar casi solo ante el portero, cuando recibe por detrás una entrada de juzgado de guardia. Cae el delantero ya con los dos brazos levantados hasta el cielo que reclaman el evidente penalti, pero el defensa, con su brazo derecho también levantado, y con el índice de su mano derecha toca el mismo cielo del delantero, niega toda responsabilidad en la caída del adversario… ¡la bota la tiene llena de sangre de la pierna del delantero!”.

Amicus Plato, sed magis amica veritas, pues eso, charlie, que soy amigo de Platón, pero soy más amigo de la verdad. Es cierto que quitando la selección española que siento como MI EQUIPO y veo con pasión, y sin objetividad, al resto de los peloteros que corren por la pradera lo que les pido es que jueguen bien y lealmente a la pelota, como diría mi amigo José Manuel Tapia. Un juego, el fútbol, serio como todo juego porque se constituye con unas reglas que lo soportan y vivifican ¡y a jugar! Son muchos los testigos de que he jugado mucho y bien al fútbol.

Es cierto que no veo muchos partidos y si los veo, selección aparte, no insisto más, suelen ser partidos notables, de especial relevancia, interés supuesto, etc. Ignoro cuántas cámaras usan en las retransmisiones, pero ahora vemos las jugadas desde varios ángulos, desde arriba, desde el lateral… ¡desde dentro! ¿¡Y va el imbécil del defensa a negar que se ha llevado media tibia del delantero, cuando todos estamos viendo lo que ha sucedido!? Es un mentiroso y un imbécil. Él mismo, por afán e interés personal, particular, se está cargando el juego del que vive y del que, se supone, disfruta: la mentira, la trampa, el engaño, la fullería… dan al traste con el juego, y lo que no es juego, pero, además, en este caso, la mentira tiene un grado de evidencia que hace repugnante a la persona que niega lo obvio. Todos lo vemos. Todos comprendemos al jugador que miente…, ¿pero y por qué no al cirujano, al arquitecto, al barrendero, al profesor, al funcionario…? ¡¡Todos podemos mentir!!, es más: hay quienes afirman que todos somos mentirosos –y posiblemente sea verdad- porque todos alguna vez hemos mentido…

La crisis brutal que hemos padecido durante estos años pasados, y que aún colea, era un juego que sumaba cero y donde alguien saldría perdiendo, como resultó al final. Pequeñas mentiras, supuestos errores de apreciación que, en realidad, eran medias verdades… y así nos va.

Lo del fútbol, que todos lo vemos, los chavales, los niños, los adolescentes… ¡¡qué lástima de suciedad, de sociedad!!

Charlie, tú y yo, aunque nos arranquen la lengua… no vamos a volver a mentir por nada del mundo…, ¿te parece? ¿Se suma usted a este juego? Todos salimos beneficiados.




Tucho Castelo.