15 de enero de 2017

Geach, Peter. T.: LAS VIRTUDES

Elizabeth Anscombe y Peter Geach



La sangre tiene razones
Que hacen engordar las venas


Servidor es consciente de que no titula con don, ni es nadie entre los sabios, pero “la sangre tiene razones/que hacen engordar las venas”. En el mundo de las ideas, como en la realidad ordinaria y cotidiana, frente a las actitudes lights, frente al pensamiento débil, junto a lo soft…, lo pusilánime, el relativismo, lo contentadizo, lo timorato, lo vergonzante… crece también lo amable, lo valioso: la magnanimidad, la paciencia, la justicia, se abren paso la verdad y las virtudes… ¡y síguense riendo con jactancia de rufos esos seres ridículos de inteligencia deforme a quienes les dices “virtud” y no entienden!, pero se ríen, como aquellos del poeta que “desprecian cuanto ignoran”. Pobres ilusos, creen que, cerrando los ojos a la realidad manifiesta y evidente, renombrándola, ocultándose bajo mantas de subterfugios harán desaparecen la verdad que les incomoda… De suyo la verdad es montaraz e indomable: no se vende por nada, y por nadie se deja embaucar. Será esquiva y arisca, pero siempre deja trazas e indicios aquí y acullá, a diestra o siniestra y, a quien sabe por derecho cortar los rastros que deja…, se muestra y se deja encontrar. Sí, me obsesiona la verdad como guía de mi existencia.
Erigirnos en diosecillos ridículos, minusvalorar a los clásicos, olvidarlos, querer confundirlos, edulcorarlos, renombrar sus textos y el sentido de estos… solo conduce a lo irrisorio y al estropicio: así, por ejemplo, llamar pan frito al picatoste y mano cerrada al puño no cambian ni al uno ni al otro. Ese es el sentido último del atractivo que tiene pasearse, leyendo, por los clásicos: ellos han mostrado caminos seguros que llevan con acierto hacia lo mejor.
   Las virtudes son realidades verdaderas y firmes que me resultaron siempre atractivas. Aprendí en la Ética a Nicómaco que la virtud tiene un carácter medial, cuyo fin propio e intrínseco es ayudar a alcanzar la felicidad. Y la felicidad me resulta atractiva, amable, meta imprescindible, quizá sea ese imposible necesario absoluto a este lado del portalón que dará a la muerte, pero atractiva siempre: normalmente estoy y soy feliz, pero quiero ser feliz. Lo necesito, lo anhelo, lo busco…
   Supongo que algún texto, que no recuerdo, me resultó tan complejo como este que intento comentar… Quizá cuando, siendo un muchacho, quise leer la Antropología metafísica de Marías. El autor de la obra que comento, Peter T. Geach, profesor de Lógica, marido de Elizabeth Ascombe…, me resultaba muy atractivo porque anunciaba desde el principio de la obra que accedería a las virtudes desde el ámbito científico propio de su especialidad: la Lógica. Incitante. No cursaría por la ética, sino por la Lógica, rastreando a los clásicos en sentido amplio y a sus maestros.
  Tan terrible como saludable intelectualmente el ascenso por sus páginas, renglón a renglón, es de una densidad frustrante a ratos. Seductor. Parada, descanso, vuelta a intentarlo, descender al comienzo del párrafo. Tres veces dejé el libro y otras tantas lo retomé desde el principio: no es exageración andaluza ni figura retórica, hipérbole. Sin duda, no parece que sea muy recomendable su lectura dicho lo precedente, pero es lo que hay, y mentir es una vileza. A lo peor el problema no es tanto del libro como de quien esto escribe: no se descarte. Hay desafíos fascinantes.
   Tras un inicio general denso sobre las virtudes en frases justas, recortadas y de acerados filos, el autor se encamina con decisión y desparpajo, sin temor y sin desprecio a quienes ladran a las tesis que expone, hacia la fe, la esperanza y la caridad, es decir: las llamadas tradicionalmente virtudes teologales. Tras comentarlas de modo asombroso para mí, acomete con el mismo tono y rigor las virtudes cardinales: prudencia, justicia, templanza y fortaleza, con la que termina, ya no sé si el ascenso o el descenso… y desde ahí, satisfecho se ve invitado este lector a rememorar las citas que tomó en el folio donde lo fue haciendo… ¡asombroso! Ahí quedó lo humano y lo divino, lo atribuible de modo evidente a la esencia divina y lo alcanzable por el hombre.
   Podemos ahora trapacear con la verdad, con las notas al pie e inventar bosques con hadas. Con aquello que, no pesando, quiere esconder dudas que no son de la inteligencia, sino de la voluntad conformada, de la soberbia que no desea asentir ante lo evidente (corren tiempos, ya lo decía, donde se desea que lo evidente sea, además, demostrable y la evidencia, demostrada)…
    Hay afirmaciones en esta obra, me atrevería a decir, incontables de una riqueza y densidad admirable, que necesitarían varios folios para ser comentadas sus implicaciones Me detengo en una casi al azar: “Un hombre no quiere normalmente las cosas solo para sí” (p. 46). Las personas, esos animales racionales y dependientes, esos seres políticos, esos seres indigentes y necesitados del otro al proyectarse al futuro, necesariamente -salvo enfermedad-, lo hacemos con esos otros. Cuando una persona se forja un futuro no lo hace como Robinson Crusoe, quien no es más que una creación literaria -siempre con el deseo de volver con los otros hombres-… Cuando quiero y lucho por algo lo hago con y por los demás: vivo con los demás… Sí, pero no es solo eso, sino que todo aquello que deseo lo deseo porque es un bien para mí (aunque me puedo equivocar) y ese bien deseo compartirlo con los demás: ¿de qué me sirve lo mejor que se me pueda ocurrir si no tengo con quien compartirlo, si no tengo a quién comunicarlo…? Esa mirada me remite hacia el zoon politikon y tantos y tantos comentarios y comentaristas de Aristóteles… Y no me detengo ahí, sino que recuerdo que el mal no tiene ser…, es ausencia de bien, y quiero justo eso, el bien para mí y para los demás: me proyecto hacia el bien, por conseguir el bien, pero “El mundo yace en la maldad; la mayor parte de lo que se hace en el mundo, justamente porque se hace sobre la falsa suposición de que la naturaleza del hombre es básicamente buena y sólo per accidens deficiente, se hace mal. La salvación de cada persona de este desastre común es posible sólo si la iluminación divina posibilita una rectificación de la voluntad” (p. 68), larga, sí, pero… y me quedo corto.

    Larga es también la entrada, y pido perdón, pero más arduo y largo fue el camino hasta poder escribirla y la dejo coja, aliquebrada… Me vuelvo sobre el libro y las notas que tomé. Buenas tardes.

31 de diciembre de 2016

VERITAS LIBERAVIT VOS

   
   Nada nuevo bajo el sol. En unas horas veremos aquí y allá caras de supuesta alegría de quienes dicen adiós a un año (?) y   a otro (?): ni uno ni otro responderán a los saludos.
   Me dicen que dentro de unas horas vendrá un año nuevo… y “Desdeño las romanzas de los tenores huecos/ y el coro de los grillos que cantan a la luna./ A distinguir me paro las voces de los ecos, / y escucho solamente, entre las voces, una”. En esta hora, como en las posteriores y las anteriores, en las venideras del tiempo que vendrá, Dios queriendo, solo me interesa la verdadera voz, la voz que en su verdad me hace libre y ayuda a conocer y amar, “a darle a la caza alcance”, la voz que me aúpa a la felicidad.
   La idea es vieja. Ese sabio de Tagaste, a quienes los cristianos llamamos San Agustín, será de los primeros en hablar del hombre como un ser necesitante, pues de continuo precisa de lo nuevo, pide más: se mueve: cupiditas rerum novarum y, para él, y para mí con su permiso, esa indigencia solo se satisface primera y principalmente, como la sed del ciervo en el agua, escribe poético el sabio, solo en Dios. La indigencia del hombre solo se satisface en las aguas de la Verdad.
   Un día más, un año más se nos acuesta feliz y festiva nuestra España. “La España de charanga y pandereta,/ cerrado y sacristía,/ devota de Frascuelo y de María,/ de espíritu burlón/ y de alma quieta”. España mortecina. España, pueblo inane e inculto. España de ignorantes y redomados opinadores. Una España, y me encuentro hoy machadiano, “que desprecia cuanto ignora”.
   Se llaman a sí mismos progresistas esos espíritus moribundos, de intereses espurios, de conocimientos achortalados y pútridos. “Todas las opiniones son respetables”: “Tópicos como esos no solo transmiten algo falso en la teoría, que sería lo de menos. Al ser prácticos (es decir, morales y políticos) y llamar por tanto a la acción o a la desidia, producen efectos letales para la vida de todos”. “Ya vale”, “No merece la pena”, “No te esfuerces más”, “Allá cada uno”, “Pérmitele vivir en su ignorancia”… Y eso llevamos siglos haciendo en esta España iletrada y cautiva de la ignorancia (Veritas liberabit vos). La mugrienta mentira nos tiene cautivos y felices en nuestro cieno: ¡déjame en mi ignorancia! ¡No me despiertes! Vivir es ver volver, decía Azorín, y repetimos los tópicos. “Feliz año”…, ¿se puede saber por qué ha de serlo?, pregunto indiscretos. ¿Usted ha hecho algo para que lo sea o ha de serlo por nuevo, porque es lo esperado…? Recuerde que el hombre es cupidissima bestia rerum novarum… ¡anhelamos lo nuevo!, pero no olvide tampoco que lo nuevo por sí propio no trae lo bueno. El deseo, dice Lévinas, es realidad inacabable, inabarcable, por ser lo infinitamente exterior a mí. Sí “Feliz año”…, ¿pero por qué? Oiga, es un deseo, no más…
    Me sé indigente, pobre, necesitante… porque anhelo la Verdad donde saciar mi sed, una sed de infinitudes y sé que el camino hasta la Fuente de aguas vivas es arduo y la puerta estrecha. No me arredran el afán y la meta. Quiero conocer y para eso le invito a leer y formarse con tino. No abreve como las bestias en las fuentes de la iniquidad, beba en las fuentes de la verdadera sabiduría. La necesidad es mucha, pero satisfacible, la necesidad no es deseo (se equivocó Hegel), lea, póngase metas de vida con verdadera altura al servicio de los demás (la felicidad es puerta que abre hacia fuera), no se conforme, “los porque sí” no valen, nos relativistas y romos, su opinión no es usted y aquella, por ignorante y estúpida, puede ser despreciable (donde toda opinión vale no hay donde fundar la verdad… ¡ojo el trilero de la mentira nos está estafando!)…

    Labórese un mejor año, pelee contra la mentira y el conformismo ambiental, fórmese y lea, luche con usted mismo, contra usted mismo…, por amor a los demás, y tendrá un mejor año al servicio de la Verdad, desde la Verdad…, por la Verdad y los demás. Ese es mi deseo para usted y para mí… 

21 de diciembre de 2016

Este blog de libros... Muchas gracias.


    Es el mío un blog de andar por casa. Un blog de amigos para amigos en zapatillas. Un blog que de nada alardea porque de nada puede hacerlo. Un pobre blog sobre pobres libros… Un poquito encerrado sobre sí porque, en realidad, voy comentando los que me da tiempo a leer: muchísimos menos de los que desearía. Es cierto que me gustaría comentar también los magníficos anuncios de colonias para los regalos navideños, esos anuncios que pretenden transmitir al telespectador por medio de una sensación visual una percepción olfativa y en los que terminan sacando una percha, femenina o masculina, es posiciones tan inverosímiles como absurdas y en unos espacios ridículos, con unos frasquitos de una cursilería vomitiva, etcétera: ¡como para no comprarlos en la vida, vamos!
      Pero a lo que iba que no me pierdo. Llegó a tener este blog hasta 3600 visitas mensuales. Me decían que estas cifras había que entenderlas con reparos, pero no sé con qué reparos no lo entiendo de ningún modo. Esta semana, cuando he publicado sobre Dios no come caracoles, miro y ha habido una subida de visitas que me he asustado hasta yo… ¿Qué por qué? Pues muy fácil, por el ímpetu y el empuje, el poderío, que puede tener la red para hacer el bien o el mal… ¡increíble! Te coge el tren de la red para mal y te deja… laminado. Que le pregunten al tal caranchoa.
       Ya comprendo que quienes echan un vistazo a un blog (sobre esto sí leí un libro y los datos de sus investigaciones pertinentes) solo hacen eso: echar un vistazo, echar un ojo, que no es mirar, ni contemplar (que mi blog  nada tiene que mirar) ¡y por supuesto no es normal que lo lean!, pienso yo. Me digo que si cada uno que mira el blog, que echa una lecturilla por encima, y le gustase, y lo diera a conocer… tendría un efecto de crecimiento exponencial. ¿Temible? No sé. Insisto, mi blog tiene una vida un tanto caprichosa y agreste, rebelde. En él no se comentan libros de actualidad ni best sellers ni autores de moda…, esos hay que buscarlos en otros espacios.

       Les agradezco muy de veras que les agrade, pues para servir nace… Ofrece cuanto tiene a quien quiera y, al que va de paso, lo saluda sin acritud ni enfado con un “Dios guarde” y que cada caminante siga su camino. Muchas gracias.

15 de diciembre de 2016

CHARLIE-SALIDA-54-DIOS NO COME CARACOLES

       Mi querido charlie:

       Te tengo dicho y repetido, aunque no te enteras -¡son tantas las limitaciones!-, que nadie escarmienta en cabeza ajena (Aristóteles, Ética a Nicómaco), y que Lo mejor suele ser enemigo de lo bueno (¡eso te lo digo yo!).
       A ver. Te doy noticia de que he vuelto a las andadas. Lo reconozco. He publicado otro libro. Tal y como lo estás leyendo, charlie: Dios no come caracoles, se titula. Nimiedad sin importancia para quienes, como tú, sois mis amigos: es normal que de vez en cuando se me ocurra publicar un libro, que “son cosas del Alcalá”, decís. Talmente como otros, ya te digo, fuman, toman una caña, corren o pasean… porque “cada loco con su tema” anda.
       Sí, señor… Estaba preparando una entrada de campanillas, pero ya te digo: lo mejor es… y queriendo hacer faena redonda… ¡ni la he terminado, que ahí está a medias, ni doy anuncio de la nueva! Charlie, te lo repito: he editado Dios no come caracoles. Ya sé que el título dice de una evidencia y, por tanto, decir tal, es como no decir nada o muy poco. Sí, claro, tú sabes, el título pretende ser gancho para el lector…

      La portada me gusta. Y te la enseño:

     La contraportada con sus textos no me disgusta tampoco, quizá más sosa, menos expresiva…, pero te la enseño también. Los textos aportan, creo…
      Como siempre, el libro del escritor desconocido y pobre debe venderlo, distribuirlo, publicitarlo y mendigarlo, que así es la vida: la describo sin queja. Me limito sobriamente a lo que hay.
      Si quieres hacerte con la obra y que te la dedique, escríbeme a la dirección de este blog y ya te cuento, limeño. Si quieres comprarlo en las tiendas del ramo -se llamaban librerías-, puedes hacerlo o bien pedirlo a Punto rojo ediciones, que te lo enviarán… También lo hallarás en AMAZON, El Corte Inglés, Agapea…
      A los amigos como tú les pido que me ayuden a darlo a conocer vivamente, si les gusta tras leerlo, o sencillamente por eso… ¡por mera amistad! que lo comentes…
      La presentación será salvo error el día 10 de febrero del 17 a las 19:30 en el salón de la Económica, aquí en Jaén…, pero ya te digo con más calma, charlie, que de ahora hasta entonces media un mundo… y el hombre es animal olvidadizo.

    Con cariño,
                Tucho Castelo.

3 de diciembre de 2016

Martínez Esteruelas, Cruz. CUALQUIER TIEMPO PASADO. VIDA Y MELANCOLÍA DE JORGE MANRIQUE. (y II)


      Vamos a ver si logro esta vez hablar del libro y no de difuntos, de muertos, cadáveres y sermones…, aunque hablar de Manrique y no hacer esto sería casi una impiedad…
   Como todos los días son de aprender, recordaba el nombre de Martínez Esteruelas de los telediarios de mi adolescencia, mas ni le ponía rostro ni cargo. Debía ser me decía, en algún rincón de mi memoria resonaba, “un político del tardofranquismo”; insisto: eso me decía. A su vez, mientras leía, me decía también: “y qué hace un político hablando de Manrique”. Internet es toda una bendición: miro y me empapo del autor. ¡En absoluto pensé que quien fuera ministro último de educación en la época de Franco fuera este señor, autor de esta obra! Pensé que el autor era hijo de ese personaje que andorreaba por las buhardillas de mi pasado. No señor. El mismo que vestía y calzaba. Por favor, no me pregunten por qué este caballero escribió esta obra, que lo ignoro y no ando sobrado de tiempo para meterme en entresijos… Veo que la fundación Tomás Moro tiene publicadas sus obras… y entre ellas de la que hoy intento comentar algo y a este paso… no llego.
   La obra es un recorrido por la baja Edad Media española que se ve que el autor transita con facilidad, por lo que leo -ha sido mucha la insistencia de la studiositas y no he podido resistirme-, pues le dedicó algunos estudios y muy concretamente a Manrique en su circunstancia, título que dio a una conferencia que pronunció en la Residencia de “San Juan de la Cruz”, en noviembre de 1989, y que sirvió de precedente al libro que nos ocupa. “En ella destaca el contexto en que se mueve el poeta y capitán al final de la Edad Media, que contempla, además, el fin de una familia. Reflexiona sobre el tiempo, la vida y la muerte”. Entiendo que esto es el definitiva Cualquiera tiempo pasado.
   Sin querer, poco a poco, me voy sumergiendo en la búsqueda del origen del libro y lo voy hallando en la Fundación Tomás Moro. Planeta encargó a una serie de autores unas autobiografías para una colección, Memorias de la historia, que cada autor enfocó como pudo y quiso. En este caso, en esta obra, Martínez Esteruelas, el autor, asume la primera persona y escribe una carta, supuestamente redactada por Jorge Manrique cuando ya está a punto de partir para su última batalla, su último viaje…, aunque él no lo sepa.
   Recorre el autor la vida de Manrique en la carta-memorial en la que envía sus recuerdos. Su infancia, lo que sabe, lo que ocurre en la política del momento, en los reinos de España, las banderías y guerras entre familias en favor de unos y otros. Los pactos, los enjuagues, las componendas, las bodas, las escaramuzas, las desavenencias, ¡las bodas! que llevan a extrañas componendas. Ignoraba yo que será don Rodrigo Manrique, padre de Jorge, su cuñado y así los hijos de uno y otro primos… No, no resultó como se esperaba la boda de nuestro poeta.
   Si se mira con detalle el índice, cosa que no hice (tampoco leí, contra mi costumbre inveterada, la solapa ni la contraportada y así nos fue), se comprueba que el autor ha dividido en múltiples epígrafes su obra. Va siguiendo temas que Manrique abordó directa o indirectamente en sus Coplas y así va avanzando, insisto, con una prosa que, con sus arcaísmos, me suena a falsa, a flor de plástico.

  No hallé en esta obra lo que buscaba. Me sobró historia de España y me faltó vida manriqueña, que era lo deseado por mí.