Última novela escrita antes de
su muerte por el Nobel norteamericano y editada en 1962. Podría pensar que
quien no conozca a Faulkner, que no siga leyendo, pero no me atrevo a tanto.
Real como la vida misma: Vino un lector de inglés yanqui a mi centro, le
pregunté por la generación perdida: “Faulkner, Dos Passos, Steinbeck, Capote…”,
le enumeré, y me dijo que no los conocía y era, supuestamente, especialista,
licenciado, experto, máster o lo que fuera en literatura contemporánea americana:
no volví a hablar con él de literatura. Sigo. Quien no haya leído a Faulkner,
si se lanza a la aventura de iniciarse por esta novela deberá armarse de
paciencia hasta que se sitúe en el cronotopo que organiza el de Misisipi.
Faulkner, imitadísimo en esto y otros rasgos de su obra, como intento al menos,
crea un condado americano, Yoknapatawpha, para mí impronunciable
–es una palabra de una
tribu de indios, los chickasaws–. En este condado inventado por él, con sus ciudades, sus pueblos, su
capital, Jefferson, su historia, sus lugares
célebres... todo concebido por él. El Memphis, que hallamos en esta
novela, y frecuentemente mencionado en otras, es una ciudad del condado de Yoknapatawpha y en su mundo imaginado e imaginario representa
a la ciudad, al progreso, la modernidad y para él tiene un
sentido despectivo, pues en ella se hallan todos los vicios en contraposición
al campo y su pureza, sus tradiciones, sus historias tan particulares como
inolvidables en la intrahistoria de sus novelas y para sus personajes (no es
extraño que estas tengan lugar o se cuenten en más de una de sus novelas y las
hallemos, ante nuestro posible desconcierto, en otros contextos y otras obras
suyas, etc.). Insisto en sus novelas Memphis representa la "urbe" y centro
de referencia para el norte de Misisipi. Es la ciudad grande y
próxima, ciudad del vicio -el juego, la bebida, la prostitución, la corrupción
y la modernidad–. Si eso es Memphis, el campo y sus gentes, repito, son aún naturaleza,
pureza, honradez y sencillez natural y espontánea de la realidad y sus
habitantes.
Esta obra de Faulkner la
podemos hallar denominada con dos títulos distintos: Los rateros o La
escapada. Su título original fue The Reivers: A Reminiscence. Este
título en inglés daría una pista de la que carece el lector que tiene
ejemplares con los otros títulos traducidos. Lo digo porque la obra comienza
con un “EL ABUELO DIJO“, es decir, se trata de un narración en la que alguien
cuenta algo que recuerda de manera vaga, es decir, una reminiscencia. Esto da
sentido al punto de vista narrativo y la focalización variado que sorprende al
lector, pues en ocasiones lee una narración en 3ª persona y se tropieza con una
1ª y una 2ª, en la que el narrador se dirige a un tú…, en este caso, el lector,
si no se cae en este detalle –me sucedió–, puede pensar que se trata de un fallo del autor, del traductor, que
quien lee se ha despistado o sencillamente de una errata, como pensé en el
primer tropiezo. Nada de eso, el autor es el responsable que procura las tres
focalizaciones.
Así pues, sabido cómo se focaliza la obra, el lector asiste a la
historia que nos cuenta alguien que narra lo que su abuelo contó, siendo este,
en el momento de lo narrado uno de los protagonistas, un simpático niño de once
años, Lucius Priest. El abuelo paterno y banquero de este, por no ser menos que
el coronel Sartoris (personaje de larga estirpe y fama en las novelas de
Faulkner), y aun estando en desacuerdo con la modernidad y el progreso, se compra
un automóvil. Quien lo conduce habitualmente es Boon, empleado del padre de Lucius.
Por el fallecimiento del abuelo materno de Lucius, la familia se traslada a
otra ciudad, momento que aprovecha el pícaro Boon para organizar por su cuenta
¡la escapada! Se trata de irse con el coche del abuelo de Lucius a la Memphis famosa,
donde se halla una prostituta, Miss Corrie, con quien pretende echar un ratico
y, si fuera posible, casarse… Esta escapada se complica con la inesperada
compañía de Ned, quien muy solemnemente suele contestar con su nombre completo
cuando se lo preguntan: Ned William
McCaslin Jefferson Missisippi. Este Ned es un negro que sirve a su amo en casa de los McCaslin
y amigo tanto del niño Lucius como del sinvergüenza Boon. Apunte: Los negros en
las obras de Faulkner son por norma un miembro más de la familia de los blancos
y, en algunos casos, descendientes de hijos naturales de algunos de los
señores, son personas que transmiten una sabiduría ancestral, so capa de
socarronería, vaguedades, viejas anécdotas, burlona pillería… Lo que sucede en
Memphis es absolutamente inesperado por el lector…, siendo todo una farsa grave
y fruto de las trapisondas de unos y de otros y, en medio, Lucius… el niño de
once años.
Creo que la novela se
podría acercar a lo que en la literatura española llamamos picaresca o
los alemanes bildungsroman, algo así como novela de iniciación o formación en la vida
como viaje para un niño o un adolescente… El pobre Lucius pasa en menos de una semana de casa de sus padres, donde tiene el cobijo y el
calor familiar, a la intemperie de un prostíbulo donde vive la amada-amante de
Boon y la corte allí asilada: Mr. Reba la madama, con su amante; la pléyade de
ninfas que allí trabajan; Minnie, la sirvienta negra; Otis el sobrino de Miss Corrie, chico bajito que dice tener 10 años, pero tiene en realidad 15 corridos y picardeados
años, y es un auténtico sinvergüenza… Lucius comprende que se hallaba hacía
prácticamente unas horas bajo el amparo de lo que él llama la Virtud, así la
escribe Faulkner, para pasar a estar bajo la dictadura de la No-virtud y a ser
esclavo de esta, pues el vicio, por ejemplo, la mentira, lo arrastra irremisiblemente: cuando se miente una vez, piensa, ya no
hay manera de dejar de mentir y, por tanto, se ingresa en el desapacible hogar del
vicio y el mal.
En la obra, todos los
personajes, protagonistas o menos, unos y otros, se verán envueltos y
arrastrados por un destino fatal e irresistible donde andanzas y sucesos
inesperados, trampas inopinadas de la sinvergonzonería de algunos, que se
encadenan irremisiblemente, y de las que solo parece se puede salir… dejándose llevar hasta su
final.
Reconocible vivamente la narrativa faulkneriana en esta su última obra,
donde el lector hallará, al menos así me lo ha parecido a mí, pasajes tan deliciosos y como genuinos del escritor
americano.
Para terminar, diré que hay
película basada en la novela y que protagoniza en el personaje de Boon el
inolvidable, para mí, Steve McQueen. No he
podido ver la película (que ya he conseguido) pero pienso, leída la novela, que
el papel le va de maravilla a este pillo que fue, de increíble vida.