Al
excelentísimo alcalde, y a los ediles de mi pueblo, a sus regidores, munícipes,
cabildantes y concelleres… Un horroroso honor siempre vivir bajo su
inaguantable
desbarajuste y dejadez.
Ya saben ustedes que, desde hace
muchas décadas, cada vez se sabe más de menos. La especialización en los
oficios y los estudios se hizo necesidad y las distintas ramas se fueron
alargando, concretando hasta que el oculista apenas sabe de las molestias óseas,
el traumatólogo ignora qué hacer con un resfriado, el historiador de moderna no
recuerda lo que estudió sobre contemporánea o medieval… y así en todo
conocimiento humano. Sabemos muchísimo de algo nimio y concreto, y el resto son
recortes de lo que recordamos vagamente de los estudios y quehaceres de tiempos
pasados.
Mi especialidad en la carrera de
Historia fue la Historia del Arte. Se concretó esta por las relaciones con
unos y otros, al capricho de mis gustos y preferencias y porque la vida te
lleva donde quiere. La especialización se fue centrando aún más en la pintura
flamenca y más concretamente en la pintura flamenca del siglo XV en su última
etapa. Dediqué también algunos años a la llamada, en términos generales,
pintura barroca del flamenco del XVII, pero, como es lógico, no la
desdeñé, aun siendo mi especialidad, como les digo la del XV.
Este preámbulo viene al caso porque
me han pedido que comente la instalación callejera, realizada por autor
anónimo, que ilustra esta entrada de mi blog. Obsérvela con detalle, por favor.
Aunque carece de cartela que lo indique, con arduo esfuerzo he
logrado averiguar que su título es “Higuera se abre paso en la vida
cotidiana”. Largo título, pero, sin duda, descriptivo. Conviene tener en cuenta
que la instalación se halla en la esquina de la calle del barranco de la
alcantarilla, frente a la esquina del famoso colegio de “Pedro Poveda” de las
teresianas en Jaén. Hago esta precisión para que el lector comprenda que tan
representativo título cobra sentido porque al pasar los alumnos pequeños del
citado centro, sus padres, profesores, etc. pueden admirar y comprender el
sentido último de la, sin duda, artística instalación.
No siendo, como decía arriba,
especialista en instalaciones en la vía pública, recuerden que lo mío son
tablas flamencas del XV, me atrevo a invitar al lector a contemplar, que no a
ver o mirar, la artística obra, reitero, de autor desconocido. Podría pensar el
viandante que las vallas policiales están puestas al socaire del descuido. Se
equivocaría si eso pensase. Permítame que le pida que las contemple de nuevo
con atención.
Las dos vallas se hallan, cruzadas,
deterioradas con óxido, y en estado inestable. Los dos carteles preventivos y
declarativos de que fueron puestas por los guardias municipales, “POLICÍA
LOCAL”, rezan los carteles, se encuentran puestos hacia dentro, que no hacia
fuera, lo que los hace más difíciles de leer -uno de ellos, desde la
perspectiva que muestro, imposible-. El deterioro de las vallas, la inestable
posición en el peldaño, los carteles vueltos hacia el interior que los hace
ilegibles para el observador, nos permite pensar que el artista ha querido
demostrar la ardua lucha de las vallas por proteger la incipiente vida de la
pequeña ficus carica, en román paladino, higuera.
Sin duda alguna, la higuera es
trasunto alegórico de la vida humana. ¿Qué mortal humano podría negar sus
innúmeros sufrimientos, dolores, angustias en el acontecer cotidiano de su
existencia desde el peligroso momento de nacer hasta el momento final de finar?
La higuera se aferra a la existencia en la escasísima tierra que debe de haber
entre la pared de los Balguerías y la acera peatonal: un derroche de lucha por
la vida. Fíjese también el lector, en este caso, cómo sobre la higuera hay una
pintada que simboliza las distintas posibilidades, y caminos que la vida ofrece
y ni muchísimo menos es casual el color rojo símbolo del amor, la sangre y el
sufrimiento.
La oquedad en la parte inferior
izquierda simboliza cómo en cualquier momento la vida, por circunstancias
imponderables, se puede ir al garete, por el mollejón, la tragona o el sumidero
para perderlo todo, lo que nos recuerda la inestable movilidad de la
existencia, su precariedad, su indigencia...
* * *
Y hasta aquí llega la crítica
artística, porque así podría este autor seguir y seguir… diciendo memeces
para divertir o aburrir al lector, cuando la triste realidad es que esas
vallas, se supone que pretenden proteger al viandante de las tejas que han ido
cayendo últimamente del abandonado tejado de los Balguerías, muerta doña Carmen.
Meses y meses llevan ahí las inútiles vallas sin hacer nada de nada. Son
muestra viva y evidente, un síntoma más, de la dejadez de un Ayuntamiento que
en esa misma calle del barranco de la alcantarilla tiene peligrosos agujeros
para los viandantes, niños, papás… ¡Y les hablo de una calle estrecha y corta e
insignificante de Jaén! ¡Qué no se hallará en una larga, importante, avenida
o... quizá sus deterioros se deben a su humilde intrascendencia!
Lamento, porque la estimo, que mi
Jaén esté abandonada en sus calles, en sus edificios, sucia y sin brillo
alguno, apagada… Siento vergüenza y viva rabia por todo ello…, señor alcalde,
señor concejal de mantenimiento. Posiblemente esta concejalía de “Mantenimiento
Urbano y Cementerios del Ayuntamiento de Jaén”, esté ocupada en preparar
el cementerio idóneo para esa ciudad hoy moribunda.
