20 de octubre de 2026

INSTALACIÓN ARTÍSTICA MUNICIPAL

 


 

                         Al excelentísimo alcalde, y a los ediles de mi pueblo, a sus regidores, munícipes, cabildantes y concelleres… Un horroroso honor siempre vivir bajo su

inaguantable desbarajuste y dejadez.

 

Ya saben ustedes que, desde hace muchas décadas, cada vez se sabe más de menos. La especialización en los oficios y los estudios se hizo necesidad y las distintas ramas se fueron alargando, concretando hasta que el oculista apenas sabe de las molestias óseas, el traumatólogo ignora qué hacer con un resfriado, el historiador de moderna no recuerda lo que estudió sobre contemporánea o medieval… y así en todo conocimiento humano. Sabemos muchísimo de algo nimio y concreto, y el resto son recortes de lo que recordamos vagamente de los estudios y quehaceres de tiempos pasados.

Mi especialidad en la carrera de Historia fue la Historia del Arte. Se concretó esta por las relaciones con unos y otros, al capricho de mis gustos y preferencias y porque la vida te lleva donde quiere. La especialización se fue centrando aún más en la pintura flamenca y más concretamente en la pintura flamenca del siglo XV en su última etapa. Dediqué también algunos años a la llamada, en términos generales, pintura barroca del flamenco del XVII, pero, como es lógico, no la desdeñé, aun siendo mi especialidad, como les digo la del XV.

Este preámbulo viene al caso porque me han pedido que comente la instalación callejera, realizada por autor anónimo, que ilustra esta entrada de mi blog. Obsérvela con detalle, por favor. Aunque carece de cartela que lo indique, con arduo esfuerzo he logrado averiguar que su título es “Higuera se abre paso en la vida cotidiana”. Largo título, pero, sin duda, descriptivo. Conviene tener en cuenta que la instalación se halla en la esquina de la calle del barranco de la alcantarilla, frente a la esquina del famoso colegio de “Pedro Poveda” de las teresianas en Jaén. Hago esta precisión para que el lector comprenda que tan representativo título cobra sentido porque al pasar los alumnos pequeños del citado centro, sus padres, profesores, etc. pueden admirar y comprender el sentido último de la, sin duda, artística instalación.

No siendo, como decía arriba, especialista en instalaciones en la vía pública, recuerden que lo mío son tablas flamencas del XV, me atrevo a invitar al lector a contemplar, que no a ver o mirar, la artística obra, reitero, de autor desconocido. Podría pensar el viandante que las vallas policiales están puestas al socaire del descuido. Se equivocaría si eso pensase. Permítame que le pida que las contemple de nuevo con atención.

Las dos vallas se hallan, cruzadas, deterioradas con óxido, y en estado inestable. Los dos carteles preventivos y declarativos de que fueron puestas por los guardias municipales, “POLICÍA LOCAL”, rezan los carteles, se encuentran puestos hacia dentro, que no hacia fuera, lo que los hace más difíciles de leer -uno de ellos, desde la perspectiva que muestro, imposible-. El deterioro de las vallas, la inestable posición en el peldaño, los carteles vueltos hacia el interior que los hace ilegibles para el observador, nos permite pensar que el artista ha querido demostrar la ardua lucha de las vallas por proteger la incipiente vida de la pequeña ficus carica, en román paladino, higuera.

Sin duda alguna, la higuera es trasunto alegórico de la vida humana. ¿Qué mortal humano podría negar sus innúmeros sufrimientos, dolores, angustias en el acontecer cotidiano de su existencia desde el peligroso momento de nacer hasta el momento final de finar? La higuera se aferra a la existencia en la escasísima tierra que debe de haber entre la pared de los Balguerías y la acera peatonal: un derroche de lucha por la vida. Fíjese también el lector, en este caso, cómo sobre la higuera hay una pintada que simboliza las distintas posibilidades, y caminos que la vida ofrece y ni muchísimo menos es casual el color rojo símbolo del amor, la sangre y el sufrimiento.

La oquedad en la parte inferior izquierda simboliza cómo en cualquier momento la vida, por circunstancias imponderables, se puede ir al garete, por el mollejón, la tragona o el sumidero para perderlo todo, lo que nos recuerda la inestable movilidad de la existencia, su precariedad, su indigencia...  

* * *

Y hasta aquí llega la crítica artística, porque así podría este autor seguir y seguir… diciendo memeces para divertir o aburrir al lector, cuando la triste realidad es que esas vallas, se supone que pretenden proteger al viandante de las tejas que han ido cayendo últimamente del abandonado tejado de los Balguerías, muerta doña Carmen. Meses y meses llevan ahí las inútiles vallas sin hacer nada de nada. Son muestra viva y evidente, un síntoma más, de la dejadez de un Ayuntamiento que en esa misma calle del barranco de la alcantarilla tiene peligrosos agujeros para los viandantes, niños, papás… ¡Y les hablo de una calle estrecha y corta e insignificante de Jaén! ¡Qué no se hallará en una larga, importante, avenida o... quizá sus deterioros se deben a su humilde intrascendencia!

Lamento, porque la estimo, que mi Jaén esté abandonada en sus calles, en sus edificios, sucia y sin brillo alguno, apagada… Siento vergüenza y viva rabia por todo ello…, señor alcalde, señor concejal de mantenimiento. Posiblemente esta concejalía de “Mantenimiento Urbano y Cementerios del Ayuntamiento de Jaén”, esté ocupada en preparar el cementerio idóneo para esa ciudad hoy moribunda.


10 de octubre de 2026

602- (Parte I) Alcalá, Antonio José, EDUCAR PARA UNA VIDA LOGRADA. De tutorías y preceptuaciones: la figura del preceptor en el humanismo cristiano. (Parte I)

 


Hoy, con cierto, rubor, comento mi noveno libro editado, Educar para una vida lograda. Fue Platón quien afirmó que nadie peor que el propio autor para comentar su obra, pero voy a intentar hacerlo lo mejor posible y con plena sinceridad, como es norma de la casa. Quizá esto lo dijera Platón porque el amor nubla el juicio.

El libro es una explicación sobre qué es una preceptuación, que no debe confundirse con una tutoría; qué finalidad tiene aquella; cómo y cuándo llevarla a cabo; para qué sirve… y doy cuenta de cómo las hice durante años con la colaboración de mis preceptuados sus padres.

Entiendo que la figura del preceptor es la del Maestro que enseña más allá de lo que el aprendiz debe de dominar de los distintos saberes académicos. Es aquel que afianza a su discípulos en el dominio de su propia vida, su autoconocimiento… y lo encamina hacia la vida lograda:  que Aristóteles llamaba eudaimonia, que se traduce como «felicidad», «bienestar» o, de forma más precisa, como «la realización de una vida buena y plena».

Debió de existir desde muy al inicio de la humanidad que los más expertos enseñaran a los novatos, por ejemplo, a cazar. Imaginemos a un padre y un hijo que salen a cazar hace 20.000 años: el padre hará de maestro-preceptor y el hijo de educando-preceptuado. No sólo enseñará el padre a lanzar una piedra, una flecha, cómo construir un arco, cómo moverse para no darle el viento a la pieza, cómo construir una trampa…, sino que le dirá al hijo que se ponga a trascacho, a resguardo, cuando vea las nubes negras, el viento que arrecia porque una mojadura inoportuna puede tener consecuencias indeseables; el orden que seguir en una persecución, cómo ser paciente, cómo administrar la caza abundante para los momentos peores…

Si todo esto lo supongo, lo imagino, no necesito hacerlo con la realidad de los maestros en el mundo clásico, en las academias donde, me consta, los sabios que en el mundo fueron y son, tuvieron sus maestros, por ejemplo: Sócrates fue el maestro de Platón y este el maestro de Aristóteles… y este el tutor de Alejandro Magno y desde entonces hasta ahora, todos los hombres poderosos, con más o menos provecho, han tenido su preceptor o preceptores, como los políticos de relieve tienen sus “asesores”, los equipos de fútbol sus “entrenadores”, los toreros sus “apoderados”…

Dicho esto, en España, por lo que he podido averiguar y he investigado en alguna tesis sobre el particular, las tutorías como ayuda de un maestro, de un profesor, a su alumno que va más allá de la mera instrucción, surge al hilo de una realidad tangencial del contenido y la práctica de ella. Me explico.

Desde los años treinta del siglo pasado san Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, comprendió que para extender el espíritu de lo que Dios le mostró el 2 de octubre de 1928, sería un buen medio crear colegios donde se transmitiera esa novedosa idea que era la posibilidad real, necesaria para todos, de santificarse en medio del mundo: todos estamos llamados a la santidad. En ese momento de los años treinta en un autobús pequeño se montaban todos los miembros del Opus Dei, por tanto, era una ilusión ilusoria pensar en disponer de un medio como un colegio, pero todo ello formaba parte de eso que él repetía con mucha frecuencia: “soñad y os quedaréis cortos”.

Para constituir unos colegios como él creía que debían ser, lo mejor posible, lo más punteros posible, era importante hacer acopio de ideas de lo que se estaba haciendo en otros países. El primer colegio que es obra corporativa del Opus Dei fue “Gaztelueta” en 1951. Es decir, transcurrieron décadas desde la idea hasta que esta se materializó en un colegio. 

José Luis González-Simancas

Lo hasta aquí expuesto lo tiene el lector al alcance, como se dice ahora, de un clic. A esto le sigue una parte que, seguro, estará escrita, mas yo no la he leído, sino que la he oído de labios de su protagonista. Será José Luis González-Simancas quien se marche a ver qué se cocía en los colegios ingleses. Otros se fueron, me consta, a Estados Unidos. El hecho es que González-Simancas, aparte de lo que aprendiera allí, donde estuviera, que yo ya no lo recuerdo, trajo unas ideas que ignoro si las trasplantó tal cual lo vio allí o él las adaptó a lo que consideró pertinente, que es lo que creo, para un colegio como Gaztelueta, que fue donde él volvió y empezó a preceptuar alumnos, que así se llamaba a la acción de dirigir, ayudar, orientar, etc. un profesor a un alumno. Años después esto se adoptó y adaptó en la ley de Villar Palasí (1970) con el nombre de “tutorías” y se pretendió implantar en todos los centros españoles. Y desde entonces hasta ahora, que esa ya es otra historia.


601- (Parte II) Alcalá, Antonio José, Educar para una vida lograda. De tutorías y preceptuaciones: la figura del preceptor en el humanismo cristiano. (Parte II)

 

Rara es la satisfacción plena del autor con su obra “creada y terminada”. Como no podía ser menos este es mi caso, una vez más, con esta. No todo admite un más, pero sí un mejor. Ciertamente hice lo que pude dadas las circunstancias. Quien hace una obra perfecta, pienso, no necesita hacer dos.

En este libro cuento lo que aprendí y practiqué en el colegio Altocastillo de Jaén en las más de dos décadas que fui profesor y preceptor. Y aclaro: en este colegio se llamaban preceptuaciones y tutorías indistintamente a una misma realidad que hoy, entiendo, no son lo mismo. La tutoría se da en la escuela pública, pues no existe como tal la preceptuación y esta ignoro si se sigue practicando, como la conocí, en aquellos años que trabajé para CEFASA, después Attendis. El tutor lo era del un curso y el preceptor de alumnos concretos.

Para que se establezca un sistema de preceptuaciones, lo primero, que se necesita en un centro educativo con un ideario claro y concreto: sin este no es factible esa realidad. “Generar en el alumnado pensamientos democráticos”, “Inculcar al alumnado y al profesorado el sentido de la igualdad entre géneros”… Esos son hermosos brindis al sol. Ese ideario del que hablo tiene que estar por escrito y, como la constitución del Reino Unido no lo está en un único libro, sino que constituye un contexto formativo que incluye saberes y creencias que puedan ser compartidos y aceptados y adoptados por profesores, alumnos y padres. Por supuesto, que conocí a muchos padres y a alumnos y a profesores que de ningún modo lo vivían ni participaban de él…, pero esa es otra historia.

Un segundo principio necesario es que se articule un horario del centro donde esté previsto un tiempo, más o menos, pero real que permita la dedicación, a profesores y a alumnos, para entrevistarse personalmente, así como con los padres.

Tercera premisa: que los alumnos elijan a sus preceptores y ambos, estén de acuerdo en generar esa relación personal, basada en la sinceridad. Un alumno con un preceptor indeseado o, al contrario, no genera la sinergia positiva que pueda llevar a una relación de conocimiento mutuo, de confianza, de intimidad que conduzca, casi como norma, a una amistad. También consideré siempre que, si era posible, el preceptor fuera aceptado por la familia como persona que va a ayudar en la formación más personal del hijo y alumno.

Un cocinero diría que ya tenemos a mano todos los ingredientes y medios necesarios y ahora conviene concertarlos y tratarlos con la conveniencia debida. Es cierto que se pueden hallar un sinnúmero de factores que den al traste con este delicado equilibrio, muy particular, muy especial, sobre todo, considero, en sus primeros compases.

Entiendo que a partir de todo esto, cada preceptor tiene su estilo, pero esto no puede comportar que “cada maestrillo tenga su librillo”. No hay cabida para maestrillos en este menester (ni en la educación en general). Se necesitan maestros. No se trata de menospreciar a nadie, pero raro es que un quehacer práctico, un camino, pueda mostrarlo un teórico, un diletante, alguien que no sepa cómo adquirir virtudes si él no ha peleado y pelea por mejorar en ellas, por ejemplo. Escribe Alejandro Llano que “el carácter, a su vez, no está dado de antemano, sino que representa mi propia obra, el resultado dinámico de mi trabajo sobre mí mismo. La persona auténtica se construye a sí misma no se deja hacer. Si abandono esta labor continua de cuajar mi temple personal, me voy llenando de vacío. Se va creando en mi interior una oquedad existencial que acaba por resultar insoportable para mí mismo y para quienes me rodean”. Para mostrar el camino a otros hay que pelear en el propio sin descanso.

En el libro muestro cómo era el modo de mi orientación a mis preceptuados, qué pautas seguía, adaptándome a cada uno, ayudándoles a ser como debían ser, hacia lo mejor, cada uno distinto, como yo lo soy de cada uno de ellos. No se trata de repetir modelos previstos de antemano, preconcebidos, sino ayudarles ante las dificultades de la vida que cada uno se encuentra. Este es el exigente compromiso que preceptor y preceptuado aceptan envite tras envite. 



Educar para una vida lograda es un modelo posible que ha dado unos frutos que están ahí, como hace unos días me comentaba una persona. El único camino para mejorar mi calidad humana es la libre adquisición de hábitos buenos, lo cual —afortunadamente— siempre está a mi alcance y al de cualquier otra persona, a sabiendas, repito, de que la calidad no es algo que se defina por el valor de las cosas externas que se producen —sean embutidos, alojamientos turísticos o títulos universitarios— sino que se refiere ante todo, al valor interno de las personas que se esfuerzan por perfeccionar sus propias capacidades ¡Sin olvidar! que todo éxito, como dice Leonardo Polo, es prematuro.

Ya que llegué hasta aquí hablando de mi libro, como Paco Umbral, diré que lo editó PPC, que han hecho un trabajo excelente, que les estoy muy agradecido, y que se puede adquirir en la editorial y en mil librerías y, por supuesto, en las grandes: Casa del libro, Fnac, Amazon…

Y termino con el eslogan de una famosa marca de detergente: «Busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo».

 


2 de octubre de 2026

CARTA ABIERTA A MIS PRECEPTUADOS

Una vez fui joven

Doy aquí noticia pública de mi nuevo libro, recién editado. Al daros la novedad, muchos de vosotros, como otras personas, no mostráis ninguna sorpresa porque, entiendo, os diréis “¿Dónde irá el buey que no are? Es lo normal que el Alcalá lea y escriba y escriba artículos, libros, lo que sea…, ¡pero que escriba!”. Curiosamente para mí, incluso pasados los años y los libros ya volanderos y en la calle, sigue siendo una sorpresa la novedad de la edición de una nueva obra. Esta, sin embargo, tiene una particularidad por su origen y sentido, que quiero explicar.

Deseo antes, sin embargo, hacer una aclaración. Bien sabéis que esto de escribir, para la mayoría de quienes nos ocupamos en ello, no es que no nos dé para comer… ¡es que no da ni para merendar! Perdonad la franqueza: no me hacéis un favor adquiriendo el libro (1,80 creo que gano por ejemplar vendido en este caso; otros contratos los firmé a cero pesetas). Es decir, el sentido de mi creación, también lo sabéis, no es ganar dinero, ni fama, ¡ni estoy de acuerdo con Machado!: “Y al cabo, nada os debo; me debéis cuanto he escrito”. Ni a él ni a mí nos llevó la guardia civil a escribir.

Tantos discursos en las imposiciones de becas

Este libro mientras lo trabajaba y especialmente desde que lo terminé, me hacía una especial ilusión que lo leyerais quienes fuisteis mis preceptuados. La ilusión, en tanto que anhelo humano –solo el hombre tiene ilusiones–, atesora un mucho de encantamiento: la ilusión tiende y mira hacia algo que no se tiene, de lo que se carece, que me completa.

¿Por qué esta ilusión irracional en este caso? También a veces esta lo es. Como no lo tenía claro he tenido que pensarlo, meditarlo. Todo libro escrito por mí es un modo de donación amorosa a los demás: ofrezco y regalo una creación íntima y personal a los demás, a quienes deseen leer la obra, pues una vez editada ya no es propiamente mía.

Empezamos con chorizos y pasamos a los jamones...


El título de esta, Educar para una vida lograda, si acertado, no era el que yo deseé para él. Pensé llamarlo con un sentido clásico y magro, muy llano: De tutorías y preceptuaciones. El libro nació del empujón animoso de un buen amigo, Juan de la Cruz García, Juanete; mas el meollo, la encarnadura del libro brotaba del trabajo que realicé durante más de tres décadas, pero no yo solo, sino con quienes fuisteis mis preceptuados y los padres de mis preceptuados. Mi labor como preceptor no era de investigación en un laboratorio, sino fruto del día a día con personas distintas, durante años, con sus dificultades y facilidades, con sus problemas y soluciones, con sus alegrías y sus tristezas… ¡sus enamoramientos adolescentes y sus rupturas! Y aclaro ese mis, que carece en absoluto del sentido semántico de posesión; a vosotros, a vuestras familias, eráis a quienes yo servía. Ese es el sentido de mis preceptuados y de mis alumnos en general.

Creo que mi ilusión irracional por que leáis esta obra radica en querer recuperar los recuerdos para vosotros y para mí, para vuestros padres, de tantos momentos de enorme intensidad vital, que compartimos juntos. Deseo que veáis el tapiz por el envés, allí donde estaba el trabajo del telar, los nudos, las zozobras, las intenciones, los deseos… Y, por último, haceros conscientes de una realidad: ahora ya, con la edad que la mayoría tenéis, conviene que agradezcáis a vuestros padres lo que hicieron por vosotros.

Muchos viajes, excursiones, con y sin jamón...

Desde hace años al correr se le llama footing, al director del negocio se le llama CEO, al autónomo free lance, hobby a una afición y un spoiler es destripar la trama de una peli o de un libro… Las tutorías o las preceptuaciones –¡que no son lo mismo!–, se les llama, ahora me entero, mentoring y algunos añaden & Co, que no sé si es y “acompañamiento” o algo así como una relación donde hay un profesional experimentado y entendido el coach y un aprendiz, cliente… que es el coachee: ¡lo que uno ha llegado a ser sin saberlo! Y todo esto tiene muchísimos siglos de… pan frito y picatostes.

Lamento no tener relación con todos vosotros, ni vuestras direcciones ni saber de algunos casi nada o nada… A otros os veo semanalmente, nos escribimos con frecuencia… Os agradecería que os dierais noticias unos a otros, si os parece pertinente, de la publicación de este trozo de nuestras vidas compartidas: en algunas anécdotas, algunos… os reconoceréis[1].

Siempre con mis alumnos, mis amigos... 


Me preguntáis algunos si habrá una presentación física y formal del libro, como se hicieron otras con motivo de otras obras. Muchos estuvisteis en ellas. Ahora mismo no os puedo decir nada al respecto. Ya os llegaran nuevas por los mismos canales que estáis recibiendo esta.

Quedo a la espera de vuestras noticias. Con cariño,




[1] El libro lo encontráis en librerías, Casa del libro, Amazon, Fnac… https://www.ppc-editorial.com/libro/educar-para-una-vida-lograda