18 de febrero de 2020

COMENTARIOS AL DESNUDO-01


Dietista Enfurecida: «Adelgazar no es solo cuestión de fuerza de voluntad».

Efectivamente, además, se necesita pasar mucha hambre, hacer mucho deporte cuando no apetece, no tomar aquello que puede agradar en un momento determinado, negarte a salir con los amigos a comer fuera, en fin...¡menuda lista de necesidades! Dígamelo a mí. 

COMENTARIOS AL DESNUDO


Ya saben ustedes que no hay más libertad que la que uno se toma o consigue. Pues esa es la mía y aquí. Voy a introducir un nuevo género en el blog que es el comentario de enunciados periodísticos. Ambos serán breves. Diré lo que me sugieren los titulares de periódicos, revistas, sin entrar en quiénes son quienes los escriben, quienes afirman, niegan, preguntan, insultan o comentan, sin leer la noticia. Buscaré el lado chusco, humorístico, la parte del lápiz que da la punta. Comentario del titular al desnudo, lo llamaré así, COMENTARIOS AL DESNUDO, para darle un morbo que esto no tiene, pero así caerán algunos guacharros en esta costilla.

14 de febrero de 2020

Rilke, Rainer María: ELEGÍAS DE DUINO



No recuerdo momento en este quehacer del leer y escribir en que el trabajo no se me acumule, día en que no haya sobre la mesa, en la estantería… libro que espere ser disfrutado y despachado, artículo o libro pendiente de ser escrito, terminado (?). Imposible. Si antes fueron entradas para la prensa, ahora son entradas para el blog que quedan apenas esbozadas: unos renglones y unas ideas abajo que deberán ir tomando cuerpo: “Que no se me olvide”. A veces, esas ideas van a más, aumentan, toman más y más envergadura y termino por hilarlas y componerlas cuando me abro hueco entre el marasmo donde no siempre es fácil poner orden. Vivir es un movimiento desequilibrado que produce, a veces, mareo y vértigo.

Confluyen en este caso… y acuden a mi memoria y saltan en estos días por casualidad varios comentarios, ideas, asuntos diversos sobre la poesía desde un ángulo desde el que alguna vez reflexioné, hablé y no sé si escribí. El sentido de la poesía. Terreno trillado por muchos más capacitados y conocedores de esa realidad que servidor, pobre aprendiz de todo, maestro en nada.

Hace muchos años un antiguo colega me preguntó un día por ese mismo sentido del quehacer poético: ¿para qué sirve la poesía? En términos estrictos e inmediatos supongo que la poesía, como la lectura, en general, dando por respuesta un exabrupto, no sirven para nada. Esta respuesta la di muchas veces a quienes me preguntaban por el sentido de mis lecturas interminables, continuas, quizá excesivas. Leo para nada. Se escribe la poesía para nada. En un caso y otro no es cierta la respuesta. Quien escribe poesía es aquel que nos pone en relación con lo inefable en alguno de los extremos imprescindibles, necesarios del ser y, en particular, del ser humano entre los otros seres, humanos o no. Nos aproxima la poesía a precipicios o planicies, alturas u hondones, a realidades que apenas se vislumbran siendo necesarias. Heidegger afirmaba que “el poeta dice lo sagrado en la época de la noche del mundo”, lo que así dicho por él, intuimos que tiene mucho que hablar, aunque algunos no sepamos de qué; cosas de Heidegger.
Castillo de Duino

Estos días atrás leía las Elegías de Duino con mis alumnos (menos un chico, todas chicas). El acercamiento a la poesía de Rilke ha sido suave, un plano inclinado que nos ha llevado desde su momento, por su entorno, sus viajes, rasgos generales de su personalidad y su vida… Y asalto definitivo a las Elegías. No sé si el salto ha sido tan venturoso como lo esperaría Dámaso Alonso, ¡pero saltamos! Bucear en Rilke es hacerlo en océano sin orillas ni fondo, parece. Para muchos las Elegías de Duino y los Sonetos a Orfeo son las dos grandes obras de Rilke. Hasta ese momento su poesía fue un largo camino donde el poeta se pregunta, por él y por nosotros, en tiempos de penuria: una penuria que nace de la muerte de Dios voceada por Nietzsche y de la ignorancia por el sentido de la muerte humana, de cada humano. Me acordé en esta lectura de quien fuera profesor de servidor, el doctor Bermúdez Cañete.

Recuerdo que Pedro Antonio Urbina en su Filocalia o el amor a la belleza insistía en el absurdo de querer interpretarlo todo, cuando con mirar ante el cuadro, por ejemplo, sobra. Algo así defendía Rafael Ballesteros con respecto a la música: no se traduce, se escucha y se goza. Esto es lo que he pretendido con esa poesía de fondo de animal de fondo de Rilke. Me he dejado llevar por la sugerencia de los temas apenas entendidos, apenas insinuados por el poeta. Hallé relaciones imposibles, inverosímiles sobre la soledad del hombre. A lo peor “No sólo no estamos preparados para una interpretación de las Elegías y Sonetos, sino que tampoco debemos hacerla” (Heidegger), por mucho que el profesor Bermúdez Cañete, que sabe de qué escribe, afirme que, al final, Rilke escribe sobre el hondón de la intrahistoria donde descansa mucho de lo más humano: “los temas clave de la obra rilkiana: el amor imposible o frustrado, la muerte, el desamparo de la infancia, la soledad del artista”.

Al escritor, a quien pretenda serlo, quien esté en ese camino… que nunca acaba, entiendo, no está de más la lectura atenta de otros escritores que puedan ser modelos. Los poetas, según y quién, eligen con mimo y dulzura la palabra que en el verso encajan y creo conveniente su lectura. Así, también, a los ensayistas, dramaturgos, novelistas, cuentistas… Me ha extrañado la afirmación de un joven español, novelista vendedor de miles de ejemplares de su primera novela, y que confesaba su ignorancia: como escritor y como lector. Solo se me ocurre, para explicármelo, la fábula del burro flautista de don Tomás de Iriarte, aunque el pobre novelista de éxito no sepa dónde colocar al fabulista. A lo mejor es amiguete de don Mario Vaquerizo que afirmó rotundo y sexy, todo éxito y fama él, refiriéndose a Shakespeare: “No he leído nada de esa”. Y es que don Mario ni lee ni distingue de sexos.

A pesar de ello la poesía no es asunto de maricones como otrora me dijera un alumno pequeñajo: “Leer poesía es de  maricones”, que sepa, bendito sea Dios, dónde recolectó semejante información y amasó dicha opinión. No, chaval, no. La poesía, por mucho que el otro día leyera con vergüenza la sinvergonzonería de Luis Antonio de Villena, no es asunto de maricones: no hallo su bochornosa entrevista en Internet de hace no mucho, se ve que la suerte está de mi parte. Es hermosa la poesía… cuando es sincera, enaltecedora y colonizadora del ser. Me admira el poeta que al nombrar ciertas realidades estas son descubiertas como la flor que de pronto se abre y muestra lo íntimo, lo esencial y real que hay en ella.


8 de febrero de 2020

Carlin, John y Malet Muria, Oriol: MANDELA Y EL GENERAL



El cómic de Mandela y el general es, escrito sin ambages, una hagiografía del líder negro sudafricano. También, en alguna medida, del general Constand Viljoen. Mandela desde hace décadas se ha convertido en un mito, en un “icono global”: su vida, su realidad… es indiscutible e intocable. En esta narración, a pesar de cuanto se diga, echo de menos alguna referencia a Frederick Willem De Klerk, cuyo peso en el final del apartheid fue excepcional: con Mandela recibió el premio Nobel de la paz; no digo que se hubiera hablado de él extensamente, pero haberlo citado, al menos.

Supongo que como todos aquellos que tenemos interés por el mundo en que vivimos, en su momento, tuve noticias de lo sucedido en Sudáfrica, las seguí en periódicos y en la televisión, de las negociaciones entre blancos y negros. No hubiera sido capaz de recordar el nombre de aquel general de quien leí y que participó activamente en la paz, Viljoen: no hubiera recordado este nombre. Sobre la vida y obra de Mandela incluso llegué a ver una o dos películas: no recuerdo los títulos; y otra sobre las luchas contra el apartheid, cuyo título tampoco recuerdo… ¡a ver!: zapatero a tus zapatos. No le presté especial atención a Mandela quien pronto comprendí sencillamente era un santo pagano para los suyos y un terrorista comunista para sus enemigos; supongo, sin embargo, que de todo hubo un poco, como casi todas las vidas. Comunista, aunque en su momento lo negó, y mintió, se demostró que sí había sido e incluso perteneció a la dirección del partido.

No entiendo mucho de la calidad de los dibujo del cómic. He leído algunos libros de este género. Desde que era un chaval leí a los clásicos: Tintín, Astérix y Obélix, el teniente Blueberry, algunos cómic de guerra y quiosco y los clásicos españoles: Mortadelo y Filemón, El botones Sacarino, Pepe Gotera…, Zipi y Zape… Sí puedo afirmar que, a mí, el dibujo de esta obra, digamos, me ha sido agradable: detallado en algunas viñetas y esquemático y bosquejado en otras, lo que produce un contraste adecuado para lo que el autor persigue. Se disponen los medios para el fin, incluido el color.

Me parece lógico que no se pueda contar en un medio así los intríngulis y vericuetos de una realidad histórica, política, etc. tan sumamente compleja que no se resolvió con una guerra, sino negociando: cediendo, concediendo, exigiendo, etc. Eso es negociar. El libro se limita a exponer de forma muy resumida, escueta, aquellos sucesos que son explicados para chavales jóvenes que, si lo consideran oportuno, pueden profundizar en las biografías de las personas que aquí se citan (por lo que veo y leo, las hay excelentes de Mandela y de Viljoen, obras monográficas sobre el origen, desarrollo y final del apartheid, etc.). Insisto la división entre unos y otros es absolutamente maniquea: es curioso que no intervienen más blancos que aquellos que pertenecen a los movimientos extremistas afrikáners, nada más. Casi todos ellos con rostros desencajados, caras de malos, que quieren violencia y guerra sin excepción; sin embargo sí participan y se les da la palabra a negros de a pie, de la calle que, por supuesto, son buenísimos, trabajadores fieles, democráticos, etc.

La realidad del racismo se pierde en la noche de los tiempos. A veces pensamos que este desapareció hace muchos siglos en los países occidentales, cultos, etc., pero no es así. El racismo, la esclavitud han existido hasta finales del siglo XIX en países como Rusia y Estados Unidos, existe la esclavitud aún hoy en muchos países de África y en Brasil, por ejemplo. La realidad de que todos los hombres son hermanos nace del cristianismo que hace a todos los hombres hijos de un mismo Padre y, por tanto, hermanos. Innecesario recordar los episodios españoles con el descubrimiento de América, las disposiciones de Isabel la católica, los razonamientos del Padre las Casas, etc. Sin embargo, como se puede observar en el libro que comento, para mí no hay duda, en las páginas 21 y 56 se pone en entredicho, de forma subrepticia y tendenciosa, la actuación de los cristianos (la inmensa mayoría de estos no son católicos en Sudáfrica, sino pertenecientes a iglesias protestantes). No me importa recordar para quien lo ignore que la Iglesia católica ha condenado siempre la esclavitud y ha promovido la fraternidad entre los hombres, con actuaciones más o menos acertadas por parte de los fieles. Con respecto al apartheid, san Pablo VI recibió y habló con el Comité especial de la organización de las Naciones Unidas contra el apartheid en el año 74, que también fue recibido por san Juan Pablo II diez años después… repitiendo ideas muy semejantes: la fraternidad entre todos los hombre, la dignidad de todos los hombres sin distinción de raza, nación, credo… no admite fisura.

El sociologismo falaz que defiende que el origen de nacimiento condiciona la vida futura de la persona no es un modo muy sutil de negar la libertad humana. Si yo hubiera nacido negro, si yo hubiera nacido en otra familia, etc. me hubiera condicionado, qué duda cabe, pero no hasta el punto en que parece defenderse en la obra. Ya Calderón lo trató en La vida es sueño, Rousseau en El Emilio de donde lo copió Marx, Schopenhauer en sus planteamientos filosóficos…

Lo más aprovechable, para mí, de esta obra es la demostración en un país concreto, Sudáfrica, de cómo se puede llegar a la paz entre posiciones irreconciliables, si hay voluntad de reconocimiento del otro, deseo de diálogo sincero y disposición a ceder en cuanto no sea capital para las partes.

31 de enero de 2020

363-CHARLIE-SALIDA-Fahrenheit 451. QUEMO LIBROS, con perdón.



Nieto de amante de los libros y bibliotecario por oposición, amante como mi abuelo también de los libros y encargado de biblioteca a dedo… nunca en mi vida ejercí de cura o barbero pirómano de libros… ¡hasta ahora! Confieso que llevo unos meses quemando libros en la chimenea de mi casa… Ahora mismo está siendo el iniciador del fuego y ardiendo, pobre, Amenaza bajo el mar de Clive Cussler: en mi vida había oído a este autor ni de ninguna de sus obras; miro, sin embargo, en Internet y me sorprende la cantidad de ellas que publicó y que, seguro, tendrá sus seguidores y lectores. Este ejemplar estaba virgen y sin leer. Herencia de un pariente ha sido, de una no muy extensa biblioteca de libros viejos, que no antiguos, casi todos ellos del género calificado de “ciencia ficción”, del que no he sido aficionado en mi vida: si hago memoria creo no haber leído ninguno (tampoco me agradaron nunca las películas del mismo género, no sé si vi alguna, pero me resultaban pesadas, estrambóticas e increíbles, siendo yo más persona, insisto, desde que era un niño, pegado a lo real, para bien y para mal).

Intenté salvar estos libros que ahora arden vendiéndolos a una librería de viejo. El dueño de la misma no mostró ningún interés por ellos, ni siquiera quiso echar un vistazo a lo que podría ofrecerle. Los libros han ido pasando de un espacio a otro, de AQUÍ fueron ALLÁ y a ACULLÁ, ocupando espacio necesario para otros menesteres. Y ellos sin futuro lector ni comprador han sido peso muerto, ¡pobres!, sin nadie que los actualice. Sencillamente, servidor, esos libros solo los leería de no tener ningún otro libro a mano…, ¡cosa que de momento no ocurre! Pobres, sobraban, sobran, están estorbando. Ignoro si estos libros producirán el mismo efecto alucinógeno en sus lectores que los de caballerías en don Alonso Quijano, el Bueno.

El hecho es que, cierto día, tomaron camino de la casa del pueblo y con destino final en la chimenea. Me duele desgajarlos, romperlos… Algunos están vírgenes, fueron editados, comprados y nunca leídos. Otros sí que están usados. Algunos son realmente viejos. Entre los que esperan de inmediato para ir a la lumbre tengo aquí un libro de Hugo Wast que tiene un título realmente propicio: El camino de las llamas, editado en Burgos por Aldecoa (c/Diego de Siloé, 18) en 1945; doy esos datos porque no son pocos quienes creen que muchas de mis historias son puras invenciones, pura ficción entre la quimera y la superchería… ¡Y no es así! Esta obra se publicó por primera vez en 1930 y compruebo que hay una edición de 1995… La homonimia hace su juego y enreda la realidad… El autor no se refiere a las llamas, “masa gaseosa en combustión, etc.”, sino a los animales originarios de los Andes y el libro asienta su argumento en una trama política y un viaje por aquellas montañazas… Quizá aquellas llamas llamen a estas llamas.

Todo esto que escribo no es sino un pequeño homenaje a los libros que en ningún caso me gustaría quemar, tampoco leer y que nadie parece querer… Los veo en Internet a precios variados en las ofertas de segunda mano, desde un euro a cuatro… Seguro estoy de que hay lectores que estarían agradecidos de recibir estas obras (de las que ya van quedando menos para ser sacrificadas en la chimenea de casa).

El siguiente libro en ser humo será Sinceramente, Willis, de John P. Marquand… Les confieso que pensé, y en algunos casos se dan, que estas obras estaban escritas por autores conocidos que usaban un seudónimo para obras menores (el arriba citado Hugo Wast es el seudónimo de Gustavo Adolfo Martínez Zuviría, escritor argentino con una no desdeñable obra, al menos en cantidad). En el caso de Marquand no es seudónimo, sino su auténtico nombre, ganador de un Pulitzer en 1938… (en la solapa del libro afirma que en el 37; desgraciadamente Wikipedia tiene la razón: fue en el 38; en el 37 lo ganó Lo que el viento se llevó de Margaret Mitchell). El ejemplar que tengo fue editado por Editorial Éxito, S.A., en Paseo de Gracia, 24, Barcelona… Interesante lo que leo en la solapa de la obra…

Se puede llegar a amar lo que se conoce y es imposible amar lo desconocido. Si sigo leyendo e investigando sobre estas obras terminaré por incorporarlas a la biblioteca de casa… Me hace sufrir su destino sin saber de ellas, sabiendo de él… es mucho peor el trance… Así que aquí lo dejo.