16 de septiembre de 2019

391-Martín Gaite, Carmen: EL CUARTO DE ATRÁS


Si observamos un patio para jugar: de colegio, de escuela, de instituto, un parque, observaremos cómo las chicas se reúnen en grupos: comen sus meriendas, sus frutas,  hablan, se ríen… Están ellas. Los chicos, sin embargo, hacen algo parecido, juntos ellos, pero suelen estar en pie, se zarandean, se empujan, hablan poco y gritan mucho: normalmente al final, cuando se comen las meriendas, se tiran las bolas de papel o de platina donde venían envueltos bocadillos o bollos. Ya sé que es impertinente, gracias a mi formación, pero ni un hombre, ni un niño se parecen a una mujer ni a una niña en muchos detalles, “incluso algunos físicos”, desde su nacimiento, ¡por mucho que nos empeñemos en que lo son! Hay dos modos de ser persona: hombre y mujer. A Julián Marías y su Antropología metafísica remito, por poner un poner, o a mirar en la calle a un hombre y a una mujer: no hace falta ser persona con “sobredotación”, como se llama ahora a los genios del patio del colegio. Si no ve la diferencia, vaya al oculista.

El cuarto de atrás es modelo evidente de lo que afirmo en el párrafo que precede. Este libro, así escrito, es imitable, pero es propio de todo un estilo femenino: detallista, lento, disfrutón con lo nimio, minucioso, prolijo, pesado… por párrafos, que son largos, muy largos algunos. Un auténtico “truño”, me dice un colega que impartirá la asignatura de 2º de bachillerato donde han evacuado el título como lectura “recomendada”, es decir: obligatoria.

No lo he mirado, pero seguro que hay muchos estudios completos sobre la obra. Cuento unas generalidades. La novela se escribe en un momento muy concreto: tras la muerte de Franco. Se edita con la Constitución en el 78 y ganó el Premio Nacional de Narrativa de ese año. La obra, sin suponer una ruptura con lo publicado en los sesenta y primera mitad de los setenta, sí que comporta un cambio. En los años citados se produjo el conocido como boom sudamericano: Vargas Llosa (el amante de la Preysler, para los más versados en otras literaturas), García Márquez, José Donoso, Cortázar, Fuentes… La producción novelística española queda en el rincón. Pululan novelas españolas con el marbete de “experimentales” y ya en el 72 tenemos La Saga/fuga de J.B., que también lo es,  pero entra por el portalón de lo fantástico (haber sido o ser falangista a Torrente no se le ha perdonado; tampoco a Cela el haber guerreado en el bando nacional… realidades, como se comprenderá, muy relacionadas con la calidad literaria, la estética… y la ética). Martín Gaite, declarada antifranquista, era autora consolidada y premiada ya para el 78, pero entraba en un saco donde se la metía con Ana María Matute, Laforet, Josefina Aldecoa…, las mujeres, digamos, y los autores varones de la generación del 50 (ella fue una gran admiradora de Ignacio Aldecoa). El premio la sacaba de una relegación, supongo, como he leído en otras voces y de otros ámbitos de una “producción de la desnaturalización de la sumisión de las mujeres, inscrita históricamente en el orden de una sociedad eclesial-patriarcal, burguesa y hacendal que evidencia su desmoronamiento y su decadencia, la escritura de las mujeres de la Generación del 50”: hermoso, sin duda.

Lenta y demorada la narración de El cuarto de atrás… a mí, con perdón, me agrada: he dicho la narración, no la obra. He leído mucho a Martín Gaite (esta novela la leí sepa Dios…; la releo y la recordaba muy vagamente). También me gustaba, y me gusta, Ana María Matute. Soy un condenado admirador de Nada, de Laforet… Me interesó siempre la filosofía hecha por mujeres y lo escrito por ellas: ensayo, pensamiento, novela, poesía… Mientras escribo esto pienso en mis alumnos: no creo que lean esta novela para cursar la Selectividad y menos aún con agrado. Su argumento casi estático, casi inmóvil, la remembranza demorada, aplazada, que deja el movimiento para después, el juego temporal, la “cirimonia” de la confusión…, me temo, no es del gusto de estos tiempos donde la prisa y el hacer, hacer, hacer… es prioritario (si el profesor entra al aula y no da orden ninguna a los alumnos, se queda mirándolos, pronto, de inmediato si son jóvenes, preguntarán: “¿Qué hacemos?”: contemplar, pensar, mirar no los conciben como un hacer: ellos tienen parte de culpa y otro tanto los profesores que siempre nos gusta que los alumnos “estén haciendo algo”, aunque sea molestar).

La novelista-protagonista en una noche de insomnio halla un alguien con quien comunicarse, alguien a quien contar… Sin duda ese hombre del sombrero negro es una sombra transfigurada así de la memoria, del recuerdo, del capricho… (el Sancho que necesitaba don Quijote). Esta supuesta conversación, se me antoja y recuerda a los personajes unamunianos a quienes don Miguel pone a dialogar para exponer distintos puntos de vista, dudas personales, etc. Un modo de ponerse él en claro, de aclararse o intentarlo. La novela, supuestamente, se escribe en la propia noche de insomnio de la novelista. Toda la obra tiene un claro contenido autobiográfico… Ella expone sus dudas literarias y da un referente, la obra de Todorov, que algunos de sus dilemas o vericuetos la guían, la hacen reflexionar…

Novela de corta paginación, escrita por mujer, con contenido antifranquista… el libro ideal para el caso. 





12 de septiembre de 2019

390-Azorín: LA RUTA DE DON QUIJOTE


De este libro de Azorín, de su obra en general, guardo en mi memoria la serenidad en el discurrir de su prosa, su puntillismo impresionista que administra y negocia la realidad de que habla, la realidad que describe. Tras haber leído este libro (seguro que en casa hay una ficha hecha de aquella lectura de aquel entonces, quizá con la fecha al pie) siempre que viajé o atajé por estas tierras lo recordaba, y muy particularmente Argamasilla de Alba.

Las descripciones morosas de todos los seres de hoy, es decir, de entonces a comienzos del siglo XX: hombres y mujeres, casas y estancias, la luz de los espacios, las llanuras bermejas, los pájaros, los adustos hidalgos… se entrelazan con los seres de ayer, todos aquellos seres con quienes conviviera don Alonso Quijano el Bueno a quien servidor, modestamente, llama el abuelo: quiero pensar que todo español lleva en sí un idealista dispuesto a poner la vida al tablero por desfacer un entuerto… Bien es cierto que también los hay, entre esos mismos españoles, que llevan un Ginés de Pasamonte, desagradecido, grosero, despreciable. A ver, es por veces.

En el libro, Azorín, el Azorín periodista, visita las tierras por las que anduviera aquel que inspiró a don Miguel de Cervantes para crear al inmarcesible don Quijote de la Mancha… Se acerca José Martínez Ruiz a las gentes que habitan estos poblachones manchegos, llenos de polvo rojizo que el viento arrastra, paredes enjalbegadas y zócalos azules, de ventanas con rejas saledizas rematadas con una cruz, pueblos donde al anochecer se oyen los lejanos ladridos plañideros de los perros. Casas de grandes portadas por las que ha de caber el carro que carga la uva y la aceituna y la entra al patio amplio y hondo y cerrado que da a las cuadras y donde se hallan viejas y retorcidas parras que cobijan bajo sus pámpanas puertecitas que dan acceso a oscuras habitaciones de ventanas pequeñas, sin cristales, donde se hallan amplias chimeneas con ascuas humeantes, chimeneas donde se cocina y es el estar de estas gentes cuando el frío arrecia, y aquí arrecia de firme, y se habla quedo, casi en susurros, en frases apenas enunciadas, como si la vida se arrastrase o se llevase a pulso.

Azorín habla con la moza que trajina junto a la lumbre o limpia la loza, conversa con la vieja que mira fija la llama y recuerda que quizá vivir sea ver volver, como el propio Martínez Ruiz afirma, pero ese volver no es grácil y juvenil, sino un ver volver de otros, siendo el propio ya pesado por pasado, recuerdo más o menos vivo o confuso… Traba largos párrafos Azorín también con los señores conspicuos, con quienes sobresalen aquí o allá, en tal o cual poblachón. El tema de sus conversaciones con estos es el mismo: Azorín quiere oír hablar de don Alonso Quijano, de dónde anduvo, de dónde estuvo, de dónde podría hallar tal o cual vestigio de su paso por este mundo: la cueva de Montesinos, donde anduvo preso o donde fue ordenado caballero el mayor de los hombres valientes que la literatura dio a luz. Va Azorín a la caza de noticias, algunas de ellas vagas y equívocas, afirmaciones poco fiables, datos que se pierden entre memorias lábiles y viejos legajos… Historias que se cuentan de padres a hijos, de unos a otros y que el tiempo desvirtúa y enriquece o empobrece según y como se entiendan.

No puedo negar, ni tengo por qué, que el estilo de Azorín me apasiona. Hay que vivificar al escritor de Monóvar. Pienso ahora cómo disfrutaba tanto con él como con Ramón, sí, con Ramón Gómez de la Serna. A ambos los leí con la voracidad propia del adolescente y me sentía fascinado por la velocidad estilística en Ramón y la morosidad dilatada y severa del estilo azoriniano.

En realidad de las obras de Azorín no es tanto lo que se pueda contar de ellas como lo que se pueda leer en ellas. Ortega, tantas veces tan pedante él, decía del estilo azoriniano que era un hacer primores de lo vulgar, y está inmejorablemente dicho, lapidario. Ese delicado primor, esa belleza deleznable, ligera y grácil se insinúa apenas ante nosotros, la leemos, pero queda atrás, en el renglón ya leído y pasado y arriba… y seguimos renglones abajo camino de otra realidad, o a la misma, mirada, contemplada, desde otro adjetivo, desde otro sintagma, desde otra oración y vuélvenos a suceder otro tanto: la belleza nos elude, se nos marcha, se desvanece para reaparecer al siguiente renglón… Primores de lo vulgar viendo que el vivir es eso, ¡que no es poco!, que vivir es ver volver.


6 de septiembre de 2019

357-CHARLIE-SALIDA-SELECTIVIDAD ANDALUCÍA-LENGUA-CURSO 19-20. NOVEDADES




Aunque muchos de mis alumnos defienden, pobres, que la verdad no existe -¿¡qué no les habrán contado!?-, se me antoja que saltar desde un sexto piso, así, sin más, a cuerpo gentil, aunque la verdad no exista, no es una buena idea y, además me temo, que el coscorrón y la pupita están aseguradas; y si alguien mantiene lo contrario es porque en esa conversación hay un tonto y ese no soy yo (ojo con los tontos: son pertinaces, testarrones, tercos como mula terca y no se debe debatir con ellos porque, dado su entrenamiento en la tontería y la necedad, pueden llegar a vencer en majadería al más avisado y capaz... Ojo).

La verdad suele ocurrir que, defendiéndose como gato panza arriba, y flotando como aceite en el agua, a veces se emulsionan los líquidos, se mezcla todo y uno llega a la conclusión certísima de que podrá rascarse el culo con el codo: es cuestión de probar.

Y al tercer párrafo va la almendra del negocio que aquí me trae. Publiqué durante el curso pasado en este mismo blog una serie de entradas sobre la nueva prueba de Lengua de la Selectividad, o como la llamen que, dado el caso, el cambio de nombre no muta el significado. Esas pruebas tienen una importancia capital en muchos países, aunque en España un Madrid-Barça la tenga mucho más. En aquellas entradas expliqué y razoné el contradiós que era la prueba que se habían cuajado no sé quiénes en no sé dónde. Señalé:

        1. que la primera pregunta decía evaluar tres apartados y en la formulación de la misma se preguntaba por dos, ¿y por qué no por los tres evaluados? En la nueva diligencia evacuada para el curso 19-20 no se dice que se vaya a cambiar al enunciado de la pregunta, sino que se habla de la puntuación:

Pregunta 1
En la puntuación de esta pregunta se tendrá en cuenta: a) la identificación de las ideas (hasta 0,5 puntos); b) la exposición de su organización (hasta 0,5 puntos); y c) la indicación razonada de su estructura (hasta 0,5 puntos).
        Estamos en las mismas, Ignoramus et ignorabimus,… Se matiza la puntuación de las partes (cosa que ya hicimos por sentido común los profesores en el curso pasado porque se caía por su peso) y se pide que se razone por qué la estructura del texto es de un tipo u otro, mas, sigo con mi duda: ¿Se cambiará el enunciado de la pregunta para que recojan los tres aspectos que se desean puntuar o se quedará como estaba y solo se preguntará por los dos primeros? La redacción, de la que nada se dice, era y, por tanto, sigue siendo: “Pregunta 1: Identificar las ideas del texto y exponer de modo esquemático su organización. (hasta 1,5 puntos)”.

        Supongo que una reclamación en este sentido siempre deberá de ser atendida y vencedora, pues el alumno responde a lo que se le pregunta y no a lo que se le quería preguntar, como se le evalúa de lo que escribe y no de lo que deseaba escribir.

        De momento sostenella y no enmendalla.

2. Con respecto a la tercera pregunta, servidor, con muchos otros colegas, defendió que no se pueden poner puertas al campo. Se diga que la argumentación debe ser de 150 o 200 palabras o, como ahora, entre 200 y 250 nada apaña, nada arregla, nada clarifica y seguimos estando en ninguna parte. No me creo que los correctores vayan a contar la palabras… de todos los exámenes y lo harán a ojo de buen cubero, como servidor. Aumentan los márgenes, pero no solucionan el problema de fondo… El espacio como medida dependerá del tamaño de la caligrafía, de los márgenes que el alumno deje… y Dios siempre ampara. Y como escribió un amigo mío, venga o no al caso, escribo su dedicatoria en uno de sus libros que me parece bien adecuada: ““Bienaventurados los Juan Lanas, los cabestros, los que lloran como Magdalenas, los incomprendidos, los miserables, los tontos de pueblo, los cagones, los presos: en el Evangelio de San Mateo se les consuela a todos.”.

        De momento sostenella y no enmendalla.

        3. Aplaudo relativamente el cambio de la quinta pregunta y la mutación en la valoración entre la 5a referida a la Historia de la Literatura española, que pasa a valer punto y medio (1,5)  y la 5b pregunta inútil absolutamente en su primera parte: meramente memorística para averiguar si el alumno recuerda alguna pijadita del libro leído (a veces no lo recuerdo ni yo y los he leído algunos en varias ocasiones, si no muchas) y así, supongo, averiguar si lo leyó o no o si se acuerda o no… ¡que tiene bemoles la carga de leña! (Indique en qué derrota se localiza este fragmento, fue la primera parte de la 5b en examen del curso 18-19, ¡interesantísima pregunta de denso contenido que mide grandes capacidades!).

        Sigo pensando que valorar con un 1,5 el estudio de la Historia de la Literatura española del siglo XX con todo lo que esto conlleva de conocimientos de aspectos históricos, sociales, económicos, españoles y europeos, etc. es un espantajo. Se me antoja escasísimo…

        Es obvio que la variación hecha se debe a la constatación, tras la corrección de la prueba del curso pasado, 18-19, de que muchos alumnos dejaron, como habíamos previsto, y así lo escribí, la respuesta 5a como a san Pirulo, es decir, en blanco y sin contestar. “Le doy a usted diez euros por ir a Madrid andando desde Jaén” y responde el alumno “Tome usted 20 y se alarga usted con lo que yo le diga”… ¡Meridiano!

        Y por último, y 4, me parece fastuoso… ¡por pocas me echo a llorar…! ¡Años llevo pidiendo el relevo…! El cambio de esa obra de escritor secreto, autor solo de cuatro cuentos, unidos en un libro que llevaba por título el de uno de ellos, Los girasoles ciegos, que ¡por fin! nos han hecho gracia de él. ¡Qué magníficos beneficios han obtenido los deudos de Méndez! Cuatrocientos mil ejemplares vendidos… ¡Maravilloso! Este opúsculo ha sido cambiado por una autora con fuste, que no sé si es la más representativa, pero sí, sin duda, mucho más, durmiendo, que Méndez. Como aquel, me temo, Martín Gaite no se ha elegido por su calidad literaria ni por su influencia en la novelística de postguerra, pero por lo menos nos hallamos ante una escritora de fondo, con obra mundialmente reconocida y en fin, El cuarto de atrás, les agradará o no a los alumnos, que ese no es el problema. La verdad es que son pocos los que leen, pero ya están en el Centro unas decenas de ejemplares esperándolos para servirles… Magnífico y que descanse en paz don Alberto Méndez, escritor secreto.

        El resto, la puntuación de la ortografía, la presentación, etc. es tema que se trataba en los años ochenta cuando de la Universidad de Granada venían a coordinar la Selectividad… Aún recuerdo la muerte de González Sevilla y Nicolás Marín, que en paz descansan, y que con dirección a Jaén venía para ello. Felicito a la coordinación por haberle puesto una calificación a esos aspectos importantes casi cuarenta años después de tratarlo… Los felicito y me felicito.


2 de septiembre de 2019

389-Twain, Mark: LAS AVENTURAS DE TOM SAWYER


Creen, creemos, que nos sobra la lectura, demorada y gozosa, de obras clásicas llevadas a las pantallas “porque ya nos las sabemos”. “Ya la vi”, nos justificamos quizá. Así casi todos los españoles hemos leído el Quijote porque vimos los dibujitos de RTVE en el año 79, por ejemplo.

Voy leyendo Las aventuras de Tom Sawyer y recuerdo pasajes que no sé si he visto en alguna película o en algunos dibujos animados o incluso de haberlo leído en los libros de Bruguera que tenían texto y cómic con sus bocadillos. La verdad, sin embargo, yo aseguraría, es que nunca había leído esta obra y estoy agradablemente sorprendido por el proceso y resultado: la calificaría de ligera y divertida, agradable. Me llama mucho la atención el tratamiento que hace el autor del niño protagonista de la obra y sus amigos: Twain comprende a los niños. No los muestra como hombres pequeñitos, como seres malvados y molestos, sino traviesos, que no es lo mismo. Niños que inventan, imaginan, idean y hacen o no mil asuntos peligrosos, arriesgados que les generan en ocasiones más problemas que placer y agrado, más castigos que gozo, a ellos y a sus mayores.

Son simpáticas las leyendas, las supersticiones en que se mueven estos niños confiados y crédulos. Podrían parecernos narraciones hiperbólicas, pero no lo son en absoluto. La historia nos habla de cómo no ha tanto estos temores a una naturaleza inclemente y cruel se los atajaba y explicaba mediante leyendas que escondían temor y superstición bajo un notable manto de ignorancia: ranas muertas con efectos curativos, gatos ahorcados, piedras milagrosas, dientes con poderes…

Tom, como sus amigos, como los niños que no se maliciaron, que no se torcieron, es chaval de corazón grande y generoso. Cierto, insisto, en que es travieso y en eso no todos fuimos iguales. Tom actúa y después reflexiona las consecuencias de sus actos y se arrepiente vivamente cuando estos se muestran que fueron graves y  torcidos. El pobre sucumbe ante la palabra pecado que su tía Polly usa a diestro y siniestro para nominar hechos que son chiquilladas y así, el pobre Tom, piensa que el diablo vendrá y se lo llevará…, lástima: el diablo no puede cargar con los corazones grandes y generosos porque pesan mucho.

La huida aventurera de piratería de Tom y sus amigos no ha podido por menos que recordarme en sus entrañas a la huida de don Quijote… -¡a lo peor estoy sugestionado por el entorno!-, pero la marcha, la ilusión por la búsqueda de la libertad, la aventura, etc. me recuerda a don Alonso Quijano el Bueno, aunque lógicamente la chiquillada no tiene la enjundia y grandeza de la marcha de quien partió para desfacer entuertos y se puso como meta todo el mundo.

Juan María Panero fue quien difundió y divulgó esa definición de escuela que tantas veces repito a lo largo del año como esa institución penal dedicada a asesinar nuestra infancia, más o menos. La idea, sin embargo, es de Juan Ramón cuando anduvo interno con los jesuitas en El Puerto de Santa María. Así ve Twain la escuela por los ojos de Tom y sus compañeros. Mal sitio para invertir tiempo del vivir. El maestro es pegón, como los padecí yo hasta finales de los 60 del pasado siglo, enseña la letra que con sangre entra… Cierto que también se bromea sobre ella y lo que en ella sucede, pero lo cierto es que a Twain, a Tom y a mí no nos gusta la escuela.

Masón y de pensamiento un tanto trabajoso y caótico, en esta obra Twain, con la religión y la iglesia, los predicadores, etc. muestra cierta amable ironía jocosa y la contempla desde la mirada del niño Sawyer. Algunas escenas se desarrollan en los oficios dominicales e incluso tienen cierta gracia, como la del perro y el escarabajo…

Las aventuras… aventuras son. No se puede decir que haya un orden cronológico en la obra o en los hechos. Se hace referencia -¡cómo no!- a un tiempo de vacaciones en la escuela y el resto Twain lo resuelve con algunos adverbios temporales o relativos bastante imprecisos: después, entonces, tarde, anochecido y así unos sucesos se ligan a otros sin que el asesinato y la huida del indio del que Tom y Huck saben sea realmente vertebrador de nada, sino hilo paralelo al quehacer aventurero de los niños. Sin duda la estructura de la novela y el manejo del tiempo son las partes más débiles de la obra. Tengo la impresión, la seguridad casi absoluta, de que Twain escribe sin una estructura previa pensada, sino que va inventando a medida que escribe, algo bien parecido a lo que hacía nuestro Baroja.

Divertida, amable, agradable para pasar unos ratos de entretenimiento, la leo en una edición magnífica de Austral intrépida: pactas cartoné, buen papel, magnífica impresión, sin erratas… Recomendable. 


(Por cierto: han pasado unos días desde que escribí el párrafo precedente. Le recomiendo la obra a una niña que es magnífica lectora y me dice que no lo leerá, que no le gustará… “¿Por qué?”, le pregunto. “Porque no”: magnifica respuesta cargada de razón…).

27 de agosto de 2019

356-CHARLIE-SALIDA- LA BANDERA DE TODOS.



Leo de la extrañeza de algunos, personas de mi edad o incluso mayores, asombrados de la asimilación de la bandera de España a la derecha, a lo facha, al nacionalismo españolista,  etc. Les voy a dar mi explicación que se me antoja indiscutible y meridiana.

20 de noviembre de 1975. Muere Franco y servidor tenía 14 años. Lo recuerdo perfectamente. Mi hermano pequeño preguntó al mirar a la tele por qué ese hombre estaba en la cunita: acostado estaba Franco en el cajetón para siempre. Momentos de temores en España: “dicen los viejos que este país hubo una guerra”, cantaba Jarcha en su Libertad sin ira. Una nueva confrontación se temía como a una vara verde. La guerra no se había superado, ni entonces ni ahora. En la escuela y en los 60 se hablaba de ellos, de rojos, de nacionales, del Caudillo, de Cara al Sol, de Prietas las filas, de Onésimo Redondo, de José Antonio…: pongo por testigo a la Enciclopedia Álvarez en que estudié. El ambiente no estaba diáfano, el presente se mostraba trabajoso y arduo y el futuro ocluido. Como siempre, la mayoría de los españoles con edad de asumir la responsabilidad de la salida de la nación, se preguntaban “¿Qué va a pasar?”, y bien pocos se planteaban “¿Qué vamos a hacer?”, menos aún “¿Qué voy a hacer YO?”.

Recuerdo el estupor que produjo la legalización del PCE, fue en Semana Santa. Carrillo ya salía en la tele sin peluca. Los militares ponían caras largas, muy largas y dicen que se oían ruidos de sables. El futuro seguía obturado.

En 1976 se funda Fuerza Nueva: quien no sepa lo que era ese partido político que lo busque en la red, que para eso está. Una derecha dura, no sé si ultra o no; de ella, decían, salieron muchos de los llamados Guerrilleros de Cristo Rey o eran los mismos perros con distintos collares, que tanto da. Será este partido el que, sin complejo alguno, se hace con la bandera de todos los españoles. La bandera nacional, la bandera de todos, insisto, se queda como símbolo de una parte, se repetía el repertorio de la guerra. Entiendo que, si durante muchos años, en muchos colegios, públicos y privados, se hizo sonar antes de entrar a clase el himno nacional, se formaban filas y se asistía al izado de la bandera rojigualda… esta, como el himno, como las filas, quedaron estigmatizadas como símbolos de lo que empezó a llamarse el franquismo (que sonaba rarísimo entonces), de la dictadura (palabra que solo usaban algunos). Alguien podría pensar que FN, la derecha dura, ultra o como quiera llamarse, había secuestrado el símbolo que representaba a todos los españoles. Cito de memoria: y cuando veas ondear nuestra bandera, di: ahí está España, rezaba uno de los textos quizá de la enciclopedia. Así pues, la bandera empezó a simbolizar lo facha, la derecha ultra, lo español con el deleite de quienes se identificaban con esas ideas y la complacencia y complicidad de una izquierda, desde la más moderada a la más extrema, de que así fuera: para ellos quedaba la bandera de la República y así muchos militantes del PSOE, por ejemplo, soy testigo, la llevaban en sus solapas; hoy aún son muchos quienes las llevan y muy pocos, quizá ninguno, la de España.

A ello venían a sumarse los movimientos terroristas asentados especialmente en el País Vasco donde la bandera de España no ondeaba en ningún ayuntamiento pequeño y siempre se andaba en aquello que dio en llamarse “la guerra de las banderas”. En muchos ayuntamientos de pueblos grandes y ciudades allá, en Euskadi, tampoco hondeaba la bandera nacional. La bandera de España simbolizaba la represión, la dictadura, el oprobio, etc. y ellos, los pistoleros, sus fotos en las fachadas, la liberación, el paraíso en la tierra… El PNV miraba hacia otro lado, ayer como hoy.

Con estos espartillos se fue formando la canasta. Pasaron las décadas y nada cambió. El PSOE en el gobierno nunca hizo gala ni de lo español ni de la bandera de los españoles (al necio de Pedro Sánchez lo vi delante de una bandera de España por no sé qué motivo no ha mucho). El PP en el gobierno, no olvidemos que la derecha de este país siempre fue cobarde y cuando menos tibia, miró de perfil para las florecillas del jardín… Y así se llegó a un punto en que la bandera simbolizaba y aún simboliza lo facha, Franco, la dictadura, etcétera etcétera. De ahí que se silbe al himno nacional, al izado de la bandera, a la presencia del Rey como Jefe del estado de todos los españoles…

Cierto que hubo en los últimos años una relativa rehabilitación de la bandera. Los ultras de la derecha, para distinguirse usan la bandera de España, pero con lo que ellos llaman el pollo, es decir el águila, que no me detengo a explicar qué simboliza. Así pues: la bandera de todos se va acercando muy lentamente a representarnos y de forma vergonzante la usan la mayoría. Realmente visto así todo esto se hace cierto que entre todos la mataron y ella, pobre bandera, símbolo de mi patria, fue fusilada.