miércoles, 15 de junio de 2011

“Mea culpa”. Los hombres no son ríos… Simon Leys.

    El padre, ya fallecido, de un amigo mío, charlie, me enseñó una vez, con un ejemplo, una idea que no había yo visto así. “Los hombres no son ríos –me dijo-. Se pueden volver atrás”. Es cierto que la vida es irrevocable: no tiene segunda oportunidad. El tiempo o nosotros o lo que sea pasa… y el agua del río ya no es la misma cuando te bañas al día siguiente (el monismo dinámico, creo que se llamaba aquello de Demócrito).
    La palabra de los hombres de una pieza pesa un mundo. Si la palabra cambia uno es calificado de veleidoso: malo. Su palabra se la lleva el viento.
    Releo algunas páginas de la obra de Simon Leys, La felicidad de los pececillos. No es frecuente que yo haga tal, pero el libro aún no ha ido al lugar que le corresponde en la librería, por aquí anda todavía. Lo abro, miro lo que he marcado en sus páginas. Releo las notas escritas al hilo de su lectura, lo que me sugería. De este paseo sin intención resulta un tono, un aroma agradable. Es lectura en diagonal.
    Más extraño aún… Del libro me voy a la entrada que sobre esta obra hice. Me molesta sobremanera corregir lo que ya di por terminado (Machado y Unamuno, por ejemplo, abominaban de la corrección de exámenes de sus alumnos porque, creo, es un estar continuamente sobre lo mismo, ¡sobre el mismo disparate de ordinario y por desgracia!).
    El hombre no es un río… Me repito. No. No le hice justicia a Leys. La impresión primera tras la lectura de su obra fue de superficialidad, de obra ingeniosa, de cohetería y artificio pasajero… Me equivoqué. Me vuelvo atrás.
    Insisto en recomendar la obra (por favor, Acantilado, corrige la portada: ‘antípodas’ es masculino en español y no femenino; cambia las antípodas por los…). A estas alturas ninguna obra debe ser leída, pero, si vas a leer algo, charlie, si no sabes qué elegir… Este libro no es extenso, es variado, entretenido, te dará noticia amable de ilustres… Pasarás un rato agradable, si el ensayo no te echa para atrás.
    Escrito queda.

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