Si la obra de Díez es una obra
de cierto empaque, más fotos que texto, la otra obra, que sumo en este mismo
comentario es un folleto, una guía didáctica.
Hace unos días bajé desde
Asturias a Andalucía. Salía de allí cuando el claror del día apenas alumbraba y
veía los campos, como siempre, por los ojos del poeta castellano de Sevilla:
las tierras calmas, con sus rabillos de monte, algún pinar entre barbechos y
los enhiestos chopos difuminados, siempre pocos, elevándose hacía un cielo aún
no del todo claro junto a regatos que no llegan a ser arroyos.
Hay preguntas que son
impertinentes, las hay tan necesarias, que son imprescindibles, las hay tan
incontestables como innecesarias, en fin: todo un corolario en torno a las
preguntas, totales o parciales que la vida nos espeta, que nos hacen los demás,
que nosotros nos hacemos. “¿Qué color le gusta a usted más?”: Nunca me he hecho
esa pregunta como tampoco me había hecho esta otra: “¿Qué estilo arquitectónico
le resulta más atractivo?”. No lo sé, pero he de reconocer que el románico es
estilo de mi gusto y, planteada la interrogación, medito por qué.
Considero que el prerrománico
me encanta. Las edificaciones prerrománicas y románicas que se conservan, casi
todas, por el momento en que nace esta corriente estética da lugar a pequeñas
construcciones civiles y religiosas. Aún las ciudades propiamente no existían
con la entidad con que resurgirán a partir del siglo XII y estas construcciones
de que hablo, muchas de ellas, se hallan en espacios naturales recatados y
sugerentes, donde el silencio se apropia del entorno, ¡no ya de la edificación!,
sino del ambiente todo. Soledad, silencio, lejanía a veces en el tiempo y el
espacio… Todo ello permite el acercamiento a Dios del creyente por medio de una
oración serena. ¡Qué ajeno el arte románico, por norma, a la multitud de
turistas que todo lo acogotan y fotografían! ¡Qué lejos el románico de las
multitudes vocingleras!
No me gusta hacer el papel de
turista. Me producen rechazo las masas, las bullas, las multitudes… "La mucha
gente para las procesiones y las guerras", decía un amigo, y no me agradan
ninguna de las dos.
Dividen los expertos el
románico asturiano en tres etapas: la inicial hasta Alfonso II el Casto (842); el
ramirense que abarca el período del reinado de Ramiro I y de su hijo Ordoño I;
y la última etapa, desde el reinado de Alfonso III el Magno hasta el traslado
de la corte desde Oviedo a León. En las obras que comenteno las etapas del Románico
asturiano se dividen en las tres citadas, igualmente se dividen en varios
espacios geográficos que se organizan a partir de Oviedo, que se identifica con el cento, oriental y occidental. No han de extrañarnos
estas divisiones porque el folleto no pasa de ser una guía didáctica escolar y
el otro libro es también otra guía. Esto implica que, en una obra y otra, abunden
las fotos, los comentarios esquemáticos de los rasgos y las construcciones
de que se nos habla sucintamente. Las fotos del libro de Díez Tejón tienen más
calidad y son en color, mientras las de la Guía, son fotos antiguas, no excesivamente
buenas ni abundantes.
Cerca de donde vivimos tenemos
santa Cristina de Lena. Una maravilla chiquita sobre un montecillo verde que se
asoma al valle. Una señora la enseña y explica y da cuenta de sí por el mismo
precio: gratis.
Es norma que los turistas, en
general, no vieron mucho de por donde pasaron; fotografiaron muchísimo; y solo
se quedaron con los nombres de los restaurantes y los bares donde comieron y
bebieron. Cierto que de todo quiere el Señor…, pero, si puedo, quisiera
aprovechar para visitar el románico asturiano, como lo hice en su momento con
el navarro.
Este par de guías cubren
sobradamente mis necesidades, pues cuando quiera más información sobre alguna
edificación en concreto, la buscaré, pero con estas obras podremos hacernos un
itinerario por donde ir y dónde reponer fuerzas.
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