13 de octubre de 2017

Luis, Leopoldo de, VIDA Y OBRA DE VICENTE ALEIXANDRE


            Quien no me conozca podrá pensar que es falso; quien me conozca podrá pensar que es una hipérbole: ni lo uno ni lo otro. Es verdad. Hasta COU no tuve noción de qué era la llamada Generación del 27 en la Historia de la Literatura española y aun así fue de un modo muy superficial: don Alfonso Sancho no terminó el programa de Literatura, como muchos otros profesores hicieron en ese curso; hoy eso sería calificado con cárcel cargada de cadenas y mil inspectores tras el cataclismo irresponsable, etc. Entonces, era lo que había; nadie murió de inanición mental. Durante toda la carrera nunca llegamos al siglo XX en la historia de la literatura española... El Alborg era nuestro Kempis, nuestra guía del filólogo en ciernes...

            Durante años de Aleixandre supe que le habían dado el premio Nobel de Literatura porque recuerdo haberlo visto en la tele haciéndole una entrevista (andaba yo por el BUP) y que era homosexual, algo horrendo entonces (y hoy casi obligatorio como lo era la "mili" entonces, para cualquier español bien conformado). Lo que había y lo que hay.

            La biografía de Leopoldo de Luis se podría calificar de casticista y hagiográfica, donde los huecos propiamente biográficos se rellenan con circunloquios, citas y generalidades, eso sí, con buena y amable prosa que ayuda a ir pasando páginas.

            Lo que llena las páginas con reiteración, para mi gusto, excesiva, con machaconeo innecesario es la generosidad el poeta que a todos recibe en su casa, que a todos convida, con una exquisita sonrisa, con una admirable educación. A todos escribe, para todos tiene palabras de afecto…, pero elude decirnos de su relación, digamos amorosa con Carlos Bousoño. Hay una biografía de Aleixandre, La memoria de un hombre está en sus besos (Barcelona, 2016), escrita por Emilio Calderón, donde, por lo que leo en las críticas se insiste en la condición homosexual del poeta para explicar… No he leído la obra. Sin duda, como escribe el propio Aleixandre, “el poeta es el hombre, y todo intento de separar al poeta del hombre ha resultado siempre, fallido, caído con verticalidad”: la homosexualidad de Lorca afecta a su obra y la W. Whitman por el peso que la condición de tal tiene en la vida, pero también todas las realidades tienen un orden en ella. Freud era un pobre mentiroso.

            Como acercamiento a la persona y la poesía de Aleixandre, la biografía que comento puede ser aceptable para quien poquito sabe o sabía de él, como es mi caso, pero no espere el lector hallar una biografía con mucho calado. Quizá al título del libro le sobra brillo y le faltan renglones a este comentario.


2 de septiembre de 2017

Dalrymple, Theodore: SENTIMENTALISMO TÓXICO (II de II).


     El daño que ha hecho este sentimentalismo es semejante al que podría producirse en un servicio de urgencias de un hospital donde celadores, enfermeros y médicos se lamentaran junto al paciente de lo que este se duele, padece, etc. mientras se desangra, permanece con la pierna rota o las tripas fuera. El cirujano no podrá nunca sumarse a las plañideras mientras saja para operar una apendicitis… Si se suma al coro de llorones, mejor es que se dedique a la venta ambulante de flores de plástico lavables.

      Quien practica el sentimentalismo tóxico es persona de condiciones ya descritas que, además, como dicho queda arriba, muestra al mundo lo muchísimo que se compadece, que sufre, que lamenta la situación propia o del otro… Un otro a veces tan lejano, tan extraño, que resulta ridículo. Todo esto, obviamente, no es nuevo, pero sí es cierto que tiene visos de pandemia con la llamada modernidad y sus modos soft, el egoísmo, el individualismo (me gustaría, si me da el espacio hablar un poquito de él) y por supuesto con los modos de manipulación de lo llamado políticamente correcto (creación de un miembro de la Escuela de Frankfurt, el marxista Max Horkheimer)…, pero, ya digo, nihil novum sub sole… La preocupación por África, por ejemplo, se ha convertido en el centro de atención del sentimentalismo relacionado con la pobreza en sentido lato. De esto hace ya años, pues Charles Dickens lo satirizó en Casa desolada, donde la señora Jellyby se preocupaba tanto por la educación de los nativos de Barioboola-Gha en la orilla izquierda del río Níger que descuidó por completo la de sus hijos. Y seguro que a usted le viene a la cabeza algún ejemplo cercano y conocido. A esto lo llamaba mi madre, que no se dedica a la Filosofía, “placer de puerta ajena”, es decir: personas que son amabilísimas, atentísimas, educadísimas con los más lejanos (de puertas afuera) y, sin embargo, en casa y con los suyos son unos tiranos, unos groseros, unos déspotas, etc. Mi madre no lo sabe, pero de esto ya habló, como de tanto, Tomás de Aquino, cuando decía que el amor, la caridad, para serlo verdaderamente, es necesario que sea ordenada… o no era caridad (de ahí que el amor a uno mismo sea tan importante, etc., pero esto…). ¡Cuánto se valora a quienes adoptan en su vida pública comportamientos impecables desde el punto de vista de lo políticamente correcto! Son personas que “se pre-ocupan”, sin que llegue a importar mucho el comportamiento en su vida privada y cotidiana y sin que realmente “se ocupen” de nada que no sea el exhibicionismo egotista: los demás, lo demás, no le importan (en realidad los otros son el infierno), ¿¡pero y lo bien que ellos se quedan y  lo tranquila  que se queda su conciencia!?

       Me centro en asunto de especial interés y afán en mi vida: la educación. Se pregunta el autor: ¿Cómo es posible que niños que viven bien, lo tienen todo, etc. padezcan tanta ansiedad y sean tan agresivos y violentos? La razón es el culto al sentimentalismo, nos dice. La educación romántica consiste en no educar, pues cada niño tiene “talentos naturales”, “dones naturales”, todos equiparables, afán por aprender, muchas capacidades -por supuesto, todas valiosas-… De ahí nace la idea de no contristar al niño, darle la razón y lo que desee, huir de lo arduo -la memorización y las rutinas que disciplinan- y esperar a que brote y mane el bien intrínseco del educando… Y así la enseñanza es carísima y pésima con el cuento de la pena. Y en esta línea tenemos a Pestalozzi -seguidor de Rousseau-, Dewey, Caldwell Cook, Froebel… todos ellos estudiados por mí en mi manual de historia de la Pedagogía, de cuyo autor y título me olvidé. Lo realmente valioso (?) es lo espontáneo en el niño y la validez de toda opinión como realidad admisible y respetable.

      Da datos que yo ignoraba absolutamente. Hacer actividades y no adquirir conocimientos ni fomentar la memorización son recomendaciones en Inglaterra del informe Spens en los informes ¡de 1931 y 1937! (en España lo situaba en la EGB y sus libros de fichas en los comienzos de los 70): “El plan de estudios de la escuela primaria debe contemplarse más en términos de actividad y experiencia que en los de la adquisición de conocimiento y memorización de hechos”. Se dice en el citado informe: “En la educación pensamos demasiado en términos de conocimientos y muy poco en términos de sentimiento y gusto”. El problema es que no se puede enseñar qué sean los sentimientos y el gusto sin unos conocimientos previos. Así tenemos niños hiperactivos dentro y fuera de las aulas que necesitan estar haciendo lo que sea, entretenidos, divertidos de continuo… ¡porque se aburren si no cambian de actividad! (cuando hay un tiempo muerto en una clase siempre hay algún niño que pregunta ansioso: “Maestro, ¿qué hacemos?”). Niños movidos por lo que les apetece o gusta, pero con escasas virtudes y nulo sometimiento a prácticas reiterativas necesarias para la adquisición de conocimientos y hábitos indispensables para aprender y convivir. Incluso los grandes pensadores a veces sucumben al sentimentalismo cuando se trata de los niños: cito aquí unos fragmentos de Pensamientos sobre la educación, de John Locke, escritos en 1690, que reconfortarán a los sentimentales:

... rara vez debemos obligar [a los niños] a hacer algo, incluso aquello hacia lo que pensamos que tienen inclinación, salvo cuando tengan la disposición y el ánimo de hacerla. Aquel a quien le gusta leer, escribir, la música, etc., a veces atraviesa momentos en los que estas cosas no le producen placer, y si se obliga a sí mismo a hacerlas, sólo sentirá desasosiego y agotamiento. Lo mismo pasa con los niños. Esos cambios de humor deben observarse con atención y los momentos favorables de aptitud e inclinación aprovecharse con diligencia. Y si no se producen con la frecuencia deseada, podría resultar muy útil hablar con ellos antes de encomendarles cualquier tarea.


       Y, por favor, no me digan que el sentido común es el menos común de los sentidos porque no es así. Eso es solo una frasecita hecha. Sin sentido común la humanidad no habría llegado hasta donde estamos, mejor que peor. Supongo que este se impondrá y el sentimentalismo volverá a sus fueros sin organizar escandaleras… Cierto que hay mucho daño hecho, pero… es lo que hay. Les recomiendo el libro, les ayudará a curarse bastante de este mal y a diagnosticarlo en su entorno.


29 de agosto de 2017

Dalrymple, Theodore: SENTIMENTALISMO TÓXICO (I de II)


      Antes de iniciarla lectura… me atrevo con la captatio benevolentiae y hago las siguientes cábalas.

       El sufijo -ismo nos conduce a significados varios dependiendo del lexema al que se aplique. En este caso, sentimental-ismo, nos lleva a una disposición o actitud de parte de quien lo practica, dado el caso: el ‘sentimiento’. A su vez, el sustantivo formado, sentimentalismo, matizado por el adjetivo, tóxico, nos da a entender que ese sentimentalismo es una actitud aciaga que solo traerá desgracias, pues el sentido de la primera acepción de ‘sentimiento’ queda distorsionado. En resumen, que el título del libro me parece excelente y presagia de suyo un amable rato de lectura a redropelo.

    Si los sentimientos son emociones racionalizadas, el sentimentalismo es la expresión de emociones sin juicio (sin razonamiento). Abandonarnos al sentimentalismo es un acto de dimisión humana inexcusable: es tanto como dejarse arrastrar por las emociones y, además, regodearse en ese acto, hacerlo público y justificarse. Si la razón y el juicio son lo más humano del hombre, renunciar a ello es, insisto, declinar del ser propiamente humano y quedar reducido a un bruto, a una bestia.

    El lector que se acerque a esta obra se encontrará con una redacción fresca y sencilla, cargada de anécdotas y casos que ejemplifican perfectamente lo que el autor argumenta. También hace el autor referencia a datos concretos de la actualidad… Dalrimple da puntual explicación de los procesos que producen el sentimentalismo. Y así, la calificación de cualquier hecho de racista, antifeminista, abuso de menores o mujeres, corrupción de niños, ser víctima de la Sociedad, de la policía, del pasado, de una infancia tortuosa, de unos padres malvados, de la droga, de la prostitución, etc. da un marchamo de excelente calidad en lo que se esté tratando. Con estos ingredientes, mejor varios que uno, ayudan a generar el sentimentalismo, aunque en ningún caso lo afirmado tenga base objetiva y evidencia observable: son sensaciones, impresiones, intuiciones que nos sirven un plato de sentimentalismo en la mesa. Así alguien puede decir que fue tratada de modo racista o machista: “Porque el racismo no es algo que usted pueda tocar con los dedos. El racismo se manifiesta de maneras muy sutiles. Es la manera en que se dirigen a ti… Es la actitud en general… Su forma de tratarme fue condescendiente y la impresión que dio fue ser racista” o “una persona está siendo acosada si cree que está siendo acosada”. Y con esto y un bizcocho… (perdonen que me cite: creo que en el fondo todo lo sucedido con Juana Rivas, que ha sido motivo de dos entradas en este blog, nace del sentimentalismo y las entradas de la lectura que estaba yo haciendo de esta obra).

      Me da la impresión, por lo que he leído, que la Victimología es la ciencia que estudia a quien ha hecho de su existencia y su obra un síndrome manifiesto y espectacular de la pena y la desgracia, llegando en algunos casos a un género propio que agrupa la prosa, la lírica y la dramática. La víctima de maltrato, por ejemplo, en realidad, muchas veces, es cómplice de su maltratador: esa persona no quiere leer los signos de violencia que ve en él, en muchos casos repetidos, reiterados, mostrados incluso por otros, denunciados por personas del entorno… y esa persona maltratada persiste en su actitud suicida de pensar que esa bestia cambiará… Luego se justifica a la asesinada por su generosidad, su amor, su grandeza, su enorme misericordia… ¿o era necedad, estulticia, imbecilidad y estupidez? Entiendo que esto no es aceptado socialmente, pero siempre se dijo que quien juega con fuego… termina quemándose: quien convive y acepta, por ejemplo, a un maltratador… ya sabe el riesgo que corre. Y alguien deberá decir que el rey está desnudo.


   El sentimentalismo tóxico es sinónimo de buenismo, de lo políticamente correcto, de aquel que en su viaje vital va con el lirio en la mano, quien derrocha necio ternurismo a troche y moche, quien vive en una adolescencia vergonzante y con un pavo sin tasa, quien lleva en la cartera un certificado de inmadurez de por vida, y creo que también entran en este grupo los cursis, los remilgados, los tocapelotas y vamos a dejarlo estar: entiendo que pueden ser modalidades y variantes con un mismo origen y con una etiología común.

26 de agosto de 2017

Señor presidente del Gobierno de España:

              Soy extranjero en su patria y he venido a reclamarle a la Justicia de su país lo que en justicia me corresponde, como así lo reconocen los tribunales de mi nación: todo ello sujeto al Derecho de mi país y al Derecho Internacional. Me he asesorado con abogados tanto de allá como de España y me dicen que estoy en mi derecho con respecto a lo que reclamo.

             Es cierto que como cualquiera he cometido muchos errores en muchos ámbitos de la vida, como persona humana que soy: quien esté libre de pecado, señor presidente, que tire la primera piedra; e incluso he tenido, más allá del común, algún tropiezo legal por razones que puedo demostrar que no fueron reales. Las relaciones entre quien era mi esposa y madre de mis dos hijos no funcionaron bien. Entiendo que esto no es novedad, por desgracia, y yo le puedo asegurar que intenté reestructurar mi familia. Quien fue mi esposa, por razones de la intimidad del matrimonio, como modo de castigo y ofensa, me impidió ver a mi hijo, alegando maltrato: bien sabe usted, señor presidente, que de esta arma se abusa en los países occidentales, pues si la mujer es lo débil y positivo, la parte que debe protegerse siempre, el hombre es lo brutal, lo diabólico y lo culpable… sin beneficio de duda, pero esto son otras historias. La única manera de recuperar la posibilidad de ver a mi hijo, en aquel entonces, fue aceptar que la acusación de mi exesposa era verdadera. Ignoro lo que se cuece en otras casas, pero mi experiencia personal me dice que, en toda convivencia, alguna vez, por razones mil, puede haber una palabra más alta que otra, un gesto de más o inculpaciones que nunca debieron hacerse, pues esas palabras, esos gestos y esas acusaciones solo buscan hacer daño al otro y nada solucionan. No puedo decir que no haya yo caído en esas debilidades, pero aseguro que nunca maltraté a mi quien fue mi esposa.

         Transcurrido el tiempo, hechas las paces entre ella y yo, volvimos a convivir e incluso tuvimos un nuevo hijo que vino a colmarnos de felicidad. Cierto que, si todo parecía ir bien, volvieron de nuevo a resurgir viejas discusiones, disputas, desacuerdos y decidimos separarnos como mal menor. Mi exesposa huyó con mis hijos de mi país, donde vivíamos, y se vino a España. Yo rehíce mi vida con una nueva pareja, que puede dar cuenta y razón de mí.  Reclamé a mi exesposa mis hijos, como dictaminó un Juzgado de mi nación, pero ella se negó rotundamente a obedecer ese dictamen. Durante todo el verano de este año 17, arropada por las gentes de su pueblo, por instituciones, para mí, interesadas en fomentar determinadas ideologías, por su familia y en parte por la tibieza de la Justicia de España y sus agentes policiales, señor Presidente, ella ha salido en todos los medios -como seguro usted mismo habrá visto- siempre llorando, implorando y al borde de un ataque de nervios, y diciendo lo que la Justicia y la jueza debían hacer, no sin el asombro del sentido común de las personas de bien. La jueza del caso ordenó la comparecencia en el Juzgado de mi exesposa con nuestros hijos. Ella, que no hace más caso que a su bendita voluntad, se negó, pues la Justicia debe hacerse según su saber y entender. Y fue este el punto en que ella, insisto, con la complicidad de personas que han salido en los medios de comunicación, desapareció como por ensalmo con los niños.

          ¿Durante todo un mes, ¡casi un mes entero!, una mujer con dos niños pequeños no es encontrada por los agentes de su país… ¡me parece increíble!? Si no fuera porque políticamente es incorrecto le diría que no me extraña que una célula yihadista haya estado durante meses, y su cabecilla durante años, pululando por su país sin que nadie supiera nada del asesino formador de asesinos (ahora estamos todos dolidos, y ustedes los políticos se besan por lo bien que respondieron, pero se trataba de prevenir, que no de curar, señor Presidente); y con esto lo que ustedes llaman el caso “Marta del Castillo”, por ejemplo… Ustedes, muy españolazos, se jactan de sus fuerzas de seguridad, pero la velocidad se demuestra andando… ¿¡Un mes… huida una mujer y esas fuerzas de seguridad no la encuentran!? Señor presidente, denuncio negligencia, prevaricación, injusticia… ¡¡con mis hijos!! (dudo que hayan permitido hacer su trabajo a los agentes). ¿¡Con qué derecho esa mujer desobedece a la Justicia, incluido su tribunal Constitucional, que permanece impasible, mientras mis hijos se pasan un mes recibiendo el maltrato de las personas que les hayan rodeado, escondidos como delincuentes, ocultos, huidos de la Justicia… porque su mamá, que tanto los quiere, los somete a esa tortura? ¿Cómo se atreve quien fue mi suegro a alentar a su hija para que ni comparezca ni entregue a mis hijos y decir que la Justicia en mi país es “mafiosa”, cuando de momento lo que se demuestra es que su Justicia, la de mi exsuegro y la suya, señor presidente, NO FUNCIONA? ¿Realmente cree usted que esos catalanes que desafían a todos los españoles no harán lo que les brote, si una pobre mujer lo hace en las narices mismas de todos ustedes y además la alientan sus propias instituciones? ¿¡Qué hubiera ocurrido de haber sido yo el prófugo con mis hijos ocultos, si en vez de una mujer llorosa hubiera sido yo, aun con el amparo de la Justicia!? La Justicia será lenta -yo se lo aseguro porque lo he padecido-, será ciega, pero la suya, la de su país, señor presidente, es tonta, gilipollas como dicen en Granada, el pueblo de mi mujer… Sí, señor presidente: su Justicia es injusta y nula y gilipollas, por lenta, ineficaz, roma, incapaz e inepta como los políticos que debían articular los medios para que dejara de serlo…, incluido usted, señor presidente.

           Señor presidente, me voy decepcionado de su país, que usted califica de moderno, avanzado, puntero, progresista y no sé cuántos adjetivos más que no añaden nada al sustantivo nación…, por cierto, rota, desanimada, desorientada, engaña que tan dignamente usted preside.


           Francesco Arcuri, exmarido de Juana Rivas.


24 de agosto de 2017

Ya vale, coño, ya vale...

      He olvidado y no me viene bien mirarlo ahora: tengo que moverme de la máquina, rebuscar en los papeles de la biblioteca de casa… cuándo comencé a escribir artículos que se publicaban en la prensa ordinaria. Llegué a escribir cuatro columnas semanales en dos diarios. Entonces era joven y siempre me llamaban la atención los perros que ladraban junto al camino: los miraba con atención, los escuchaba, los intentaba convencer de que sus ladridos eran tan inútiles como buenos mis razonamientos y mis ideas… Hoy, con la edad que tengo, no me paro a mirar a los chuchos que ladran babosos y miserables, rufos repulsivos que ni saben ni quieren aprender, ni razonan ni quieren hacerlo: no intentes convencer a quien no se quiera convencer, pero… Y escribía Gidé: “Todo está dicho, pero como nadie escucha es preciso comenzar de nuevo, continuamente”, que es aproximadamente lo que decía el Principito de Saint-Exupéry: es tedioso repetir lo mismo a los mayores a quienes una y otra vez hay que repetir… ¡lo mismo!

    Dicho esto. Estoy hartico de oír tonterías y de leer necedades, que son las mismas tonterías, pero dicho de otro modo, pero así: ton-te-rí-as propias de tontos a algunos de los muchos que participan en las tertulias televisivas, radiofónicas, columnistas de periódicos, comentaristas anónimos que se suman a la barahúnda del huracán… y ya, repito, con la edad que tengo, esos huesos hay que echárselos a otros perros, porque este perraco viejo ya no está para chocheras de viejas que disecan al gato cuando se les muere… ¡por eso, por el gusto de mirarlo, y de mirarse, de hacerse un selfie de vez en cuando con él!

   Lo que nos faltaba para el duro es introducir lo políticamente correcto en la guerra. Es para, perdón, mear y no echar gota. Los malnacidos que nos quieren brear, nos quieren laminar y hacernos desaparecer… La guerra contra el terrorismo, contra el mal en sus mil formas y cabezas, no es un fervorín de señorita bien metida a catequista con las uñas pintadas, que dicen la mar de cosas dulces a los niños: caramelos, bombones, yemas de santa Úrsula… y delicias de clarisas… ¡que no, coño, que no! La guerra es la guerra y en la guerra, cuando se arma la de Dios es Cristo, se trata de batir al contrario sea como sea, porque al final, quien se queda de pie, sea como sea, es quien gana. La guerra siempre es un juego que suma cero donde alguien pierde: no hay otra. Repito: esto no es el juego de la señorita Pepis que tenía mi hermana para peinar a las muñecas. A quienes trafican con drogas no les importa nada la muerte de los niñatos que las consumen (que no son enfermos, dicho sea de paso, sino drogadictos, viciosos, etc., y escribe quien sabe), a los terroristas de la índole que sea, se les llama así te-rro-ris-tas porque su finalidad es causarnos terror a los demás, ponernos a sus pies, imponernos sus modos de vida, sus ideas, etc. y no son un grupete de profesionales de efectos especiales cuyo cometido es armar ruido y el follón en general, ¡cohetería de san José en Valencia!… ¡Que no, coño, que no! Cuando las hormigas se quieren merendar el jamón de mi cocina y la comida de mis perras les aplico una guerra sin aviso ni cuartel y entiendo que son o ellas o yo… En las guerras de Gila, los enemigos se llamaban, se decían las horas y dónde iban a atacar y todas esas mojigangas que nos hacían reír… ¡¡Que no!! Aquí y ahora, en las Ramblas, en Niza, en Cambrils… las bombas causan destrucción, dolor, sufrimiento, mutilaciones, sangre, horror… y los muertos lo son para siempre: y esos muertos tienen hijos, padres, hermanos, amigos…, conciudadanos.

  Pues aquí tenemos el debate que si la policía catalana, que si los guardias civiles o la policía nacional, que si el CNI… Dicen que a partir de los cuarenta se desconfía de las casualidades, yo no creí en ellas desde los doce… ¡lo aseguro! Un grupo de personas en un pueblo pequeño, de gente que vive el margen (la convivencia de moros, cristianos y judíos era una convivencia entre gente muy selecta, si no ¿a santo de qué hay barrios de moros, de cristianos y judíos dentro de las murallas de las ciudades viejas? Juntos, pero no revueltos, señorita. Y que corra el aire). ¿Nadie controla, nadie vigila, nadie sabe… nada? Se ocupa un chalé y los vecinos no llaman al vecino al que le han ocupado la casa o a los guardias… Cierto que el individualismo en que vivimos en brutal: las abuelas se momifican tras morir durante cuatro años y nadie las echa de menos en el bloque, ni en la calle, ni en la tiendecilla del barrio…

   Los niños de Ripoll no eran niños, ni jóvenes, sino unos asesinos. Los asesinos no tienen edad. Son lo que son por lo que hacen y dejan de hacer. La santidad -lea cualquier buen libro sobre un santo- no se improvisa. La crueldad, la maldad de un asesino de la índole de quienes estamos hablando no se repentiza: se necesita tiempo para incubar la maldad que anida en el corazón que, por supuesto, no ocupa Dios… Ni el imam rezaba, ni los otros, ni saben de Dios ni de oración ni de… eran malas personas, insisto: malas personas… Dios que es infinitamente misericordioso se apiadará de ellos -y espero que de mí-, pero si vienen a merendarse a quienes quiero, a mis compatriotas, a mis vecinos, a mi sociedad… que sepan, que si puedo, les haré como a las hormigas… Y lo políticamente correcto lo dejaré para los políticos cursis y cobardes que tenemos, para los periodistas de salón y los comentaristas de la inopia.


  Me duelen los hue… sos de tanta necedad... políticamente cobarde.

22 de agosto de 2017

HOLA, GRACIAS, POR FAVOR, ADIÓS… apunten… fuego.

         Para quienes me conozcan, afirmar que la mala educación me enfurece… no es novedad, es decir: entiendo por mala educación todos aquellos hechos de la convivencia cotidiana que, por acción u omisión, comportan una falta de respeto al otro. Y con lo de “me enfurece” -que creo que es la primera vez que he usado semejante palabro atribuido a mí- quiero decir que me pone de mala leche y, además, rara vez me callo o me inhibo -¡que tampoco está mal el verbito!-.
      

         La buena educación es un término más general que la correcta civilidad, que el civismo. Cuando éramos niños se nos enseñaba y corregía de continuo en casa, y en el cole se daban clases de urbanidad: eso ya no existe, y no existe porque nadie da lo que no tiene. Son innúmeros los progenitores que comen en la mesa, por ejemplo, como los cerdos en el muladar y no son pocos los profesores que ignoran y omiten, valga otro ejemplo, decir “Buenos días” a aquellos alumnos con quienes se cruzan y, por tanto, al cerdo, que como ellos come en el muladar, no le dicen ni “¡Qué malitos ojos tienes, mi alma!”.

        Detrás de todo detalle de civismo… Bueno... ¡un momento! Civitas-atis, en latín, resumiendo mucho, venía a significar ‘ciudad’, por lo tanto civismo viene a significar lo propio de quienes viven en la ciudad, lugar donde habitualmente viven las personas, etc. No nos perdamos. Volvemos al principio del párrafo: “Detrás de todo detalle de civismo…” hay un valor, eso que tanto se cita y rarísima vez se sabe qué es –“Educamos en valores”, “¡Ah, sí!, qué bien: ¿Y eso qué es?” y al preguntado se le queda la misma cara que se le quedó a aquel que le preguntaron qué es una nación-: n.p.i. Un valor es una cualidad propia del ser que lo hace preferible. INSISTO: todo detalle de civismo comporta el ejercicio de una elección que realza una realidad más valiosa que otra y así:

       a. Saludar con un “Buenos días” en un ascensor comporta reconocer a quien está en él como persona que nos puede, a su vez, corresponder y, además, estamos deseándole algo bueno, es decir: que tenga un día excelente…
         b. Entrar en el ascensor en silencio, como un mulo, es reducir a estado de cosa al otro o, todo lo más, decirle de forma tácita: “Los mulos no nos hablamos entre nosotros”.
          c. Si al abrirse las puertas del ascensor a quien lo ocupa le dijéramos “Me cago en tus muertos a caballo” comportaría, al menos, el reconocimiento como persona del otro a quien así es saludado, pues puede llegar a entender qué le digo ¡y lo ascendemos en la escala más allá del mulo y el extintor! (al que quedó reducido en el caso b.), aunque nuestros deseos evacuatorios, dicho así, no parece que sean amistosos, amigables, gratos…

        Desde hace ya años ha quedado fuera del trato ordinario los saludos: Hola, buenos días, buenas noches, adiós… Esperar que alguien pida algo Por favor es pedir chuletones de ternera al olmo. Tampoco esperamos un Gracias tras realizar nuestro servicio a alguien, pues hemos de entender que fuere lo que fuese ese alguien tenía DERECHO a que se le hiciera tal y, por tanto, el Gracias, sobra. Y así tenemos derecho a que el camarero nos sirva la leche: la eche en la lechera, la caliente, se desplace por la barra, llegue hasta nuestra taza y añada esa poquita leche caliente de más que le hemos pedido que nos ponga… “Por favor, ¿me puede añadir un poco más de leche caliente al café?”. De Por favor nada y de Gracias menos…

      Cuando solicito acceder a un espacio donde alguien trabaja, y tiene dominio sobre él, etc. y musito un ¿Se puede? Insisto: reconozco no ser el rey del Universo todo y que hay alguien con más poder que yo y a quien debo obedecer. Por lo tanto, siendo yo el rey… ¿por qué voy a preguntar esa necedad? Entro, no saludo y espero a ser atendido… ¡faltaría más, señorita!

      Si al pretender doblar la esquina en mi coche ¿a santo de qué debo informar yo a quien viene detrás o al posible peatón que espera a cruzar de lo que voy a hacer con el intermitente? El coche es mío, el intermitente es mío, voy donde quiera y no tengo por qué dar explicaciones a nadie y al que no le guste que espere a ver qué maniobra haré yo con mi coche y ya sabe: al que no le guste a Parla…

    Cuando empuño el tenedor y el cuchillo en una mesa de un restaurante o mastico con la boca abierta o me limpio los labios con la mano o dejo hecha un guiñapo la servilleta sucia una y otra vez sobre la mesa o… ¡Yo hago en mi mesa lo que me brota para eso pago yo! ¿Y si a usted le da asco ya sabe la que tiene? ¿Quién es usted…?, pero “¿¡Ha dicho usted!?”, nos podemos preguntar. ¿¡¡Pero por Dios bendito, quién habla ahora de usted a nadie!!!? En España tuteaban a todo quídam los Borbones que fueron muy dicharacheros -y por muestra ahí don Juan Carlos- y los falangistas, especie ya extinguida o en vías de extinción que sobreviven en algunos pequeños nichos ecológico-políticos con alta densidad de aire enrarecido. Ahora tuteamos a quien se nos cruce sin distinción de edad, categotía, color o calidad dental, ¡pues solo faltaría, de usted! (eso sí, al juez de señoría…).


                Si las personas no me importan, lo hasta aquí dicho no reza para mí y me vuelvo a la naturalidad y la esponteneidad de la selva. Si deseo un mundo más civilizado, más humano, mejor… puedo decirle a usted, por ejemplo: Vaya usted con Dios y hasta otro día. Muchas gracias por leerme.



15 de agosto de 2017

No me tomes el pelo, Juana Rivas



  Por si a la Guardia Civil se le ocurriera, por si alguien pudiera pensarlo… Juana Rivas, la señora huida de la Justicia, no está en mi casa y no lo está por la misma razón por la que no lo está ningún otro presunto delincuente. Si un fugado de la Justicia estuviera en mi casa, yo sería su encubridor y cómplice.

     Creo que ya está bien de intoxicación y de mentir. El origen de toda esta tontería, que es más grave y está muy extendida, se halla en ese movimiento meloso que arranca de Horkheimer y que ha dado en llamarse lo políticamente correcto. Esto, lo políticamente correcto, no es sino un modo de manipulación y falsificación de la realidad, un modo de postergar el sentido común, una pérdida de la relación entre distintas realidades y un cauce por el que discurre el relativismo pleno hasta desembocar en la selva de lo irracional.

     He estado viendo jugar a los niños al fútbol. No tendrían más de nueve años. Uno de ellos, torpón con la pelota en los pies, la ha cogido, sin embargo, con las manos sorprendentemente para todos y la ha metido de la portería contraria… Los adversarios han gritado que era falta por manos… Él ha dicho que no comparte esa norma… ¡Admirable! Revuelo de niños como palomas. ¡Imposible! Si no hay normas no hay juego. Si no hay juego, el resto sobra… Si Juana Rivas mete los goles a la Justicia con la mano, no tiene razón por muy grande que sea su equipo, por mucho que griten y tontas sean sus alegaciones para la jueza (que no está para ponerse en su lugar, sino para impartir justicia entre lo que su demandante pide y ella pide: para eso está la jueza, señora Rivas: para impartir Justicia…, cosa que usted no permite porque se ha llevado usted la pelota y la ha escondido… ¡porque usted dice que la pelota, la portería, el campo… todo es suyo!).

Responda sin saber de la disputa y sin pensar…, solo su corazón tiene razón y determina

Culpable
Inocente
Disputa entre poli blanco y delincuente negro


Disputa entre gitano y Guardia Civil


Disputa entre multinacional y trabajadores


Disputa entre empleados y empresarios


Disputa entre marido y mujer


Disputa entre dueño de piso y okupa


Disputa entre alumno y profesor



      Para una inmensa mayoría en Maracena o Tomelloso, Juana Rivas tiene la razón, la Justicia no se ha portado bien con ella: y son sus OPINIONES, pero están seguros que la condena que se hizo a su marido sí fue justa: también son sus OPINIONES. ¿No es posible que la Justicia no fuera justa con el marido, se equivocara y ahora…? ¿Por qué no? ¿Si se equivoca con Juana por qué no con su marido italiano?

      Perdone usted ha leído la instrucción del caso o se está guiando por lo que oye, por lo que dicen, por lo que su corazón dicta… Yo me inclino a ponerme de parte de la Justicia y su representante, la jueza, y no de parte de la huida.

      No. Juana Rivas es una fugada de la Justicia y no está en mi casa y su condición femenina no le da la razón, solo por ello y por mamá. 

      ¿Cuántas injusticias fehacientes, reconocidas, juzgadas, siguen a la espera de ser rectificadas, reparadas y resarcidas mientras los ofendidos y agraviados -inocentes declarados culpables- esperan que “lo suyo” salga de un ordenador de algún juzgado donde la Justicia erró, pero no rectificó aún? ¿Dónde queda su silencio? Ellos, nosotros… ¿no jugamos?  

12 de agosto de 2017

Aleixandre, Vicente: SOMBRA DEL PARAÍSO


   Ya sabemos que el tiempo pasado da una pátina de melancolía deformante a los recuerdos: de ordinario los dulcifica, los falsifica. ¡Secuelas de la memoria y el tiempo! Aún recuerdo cuando contaba mis propios libros, los libros comprados con mis ahorrillos… “cuarenta y ocho, cuarenta y nueve… ¡y cincuenta!”. La inmensa mayoría de ellos eran ediciones de la vieja AUSTRAL -alrededor de 25 pesetas el ejemplar y una paga de cinco pesetas a la semana: ¡mejor no echar las cuentas!-.

    Busco en la A, en poesía, Sombra del paraíso, de Aleixandre, y me encuentro junto a él, una selección de poemas de Pere Gimferrer, Antología total, editados por Círculo, con octavillas que separan muchas de sus páginas y señalan poemas, unos poemas que no recuerdo por qué los leí: causas que se llevaron los años y que se tragó la desmemoria y su agente el tiempo… ¡Un libro del que ni siquiera me acordaba! Ignoro por qué lo compré y cuándo, por qué leí esos poemas, cuánto me costó ¿¡y acaso importa!? Lo echo en la bolsa de viaje y sigo pensando que la poesía, seguro, es para el verano… (¡no me sé ni los libros de mi casa!).

    Me acerco a Aleixandre, tras leer a Dámaso Alonso, porque fue precisamente este quien lo codujo al cultivo de la poesía, cuando se conocieron en Las Navas (Ávila) allá por 1917. Aleixandre apuntaba a novelista, pero se dejó raptar por la poesía, de la que hablará después en términos muy semejantes a como lo hiciera Juan Ramón de ella.

   Es la poesía de Aleixandre, a ratos y por versos, dolorida y pesimista, pero nunca agria y desabrida: bondadoso y pacífico… él, tiene Aleixandre una muy particular sensibilidad para captar la armónica belleza del mundo en torno y sus disidencias. Panteísta, ateísta… en lo religioso y con un anhelo de comunión con el todo que es puro deseo. El poeta en sus versos se bate y rebate con un mundo ideal, soñado, real, anhelando y anhelante de realidades dulces... y feroces resultados. El amor es un intento de comunión con lo absoluto… Lo que no deja de ser, con todos mis respetos, un brindis al sol que poco añade, pues si en parte es cierto, no lo es menos la presencia de un deseo carnal so capa de figuras literarias: símbolos, metáforas, símiles..., o no.

  En Sombra del paraíso escribe el poeta de un momento presente (la vida, como dice Ortega, siempre es ahora), un momento de consciente oscuridad y de estremecimiento doloroso. Todo ello debido a que lejos, antes, en otro momento, quedó lo maravilloso pasado: idealización de la infancia, la pureza de un mundo primitivo, natural. En el trasfondo del libro halla el lector la pesadumbre y la maldad, el artificio y la mentira de un mundo deteriorado por la malicia del hombre. El poeta no luchará por recuperar el mundo perdido, ese paraíso bueno en su origen, sino que se resigna a lo perdido a sabiendas de que su recuperación es imposible. Hallamos, por tanto, más nostalgia que ímpetu, más aceptación que magnanimidad.

   Se ha escrito mucho sobre la influencia de la Filosofía, de cierta Filosofía, en Aleixandre que ha llevado su poesía por los caminos de la irracionalidad, especialmente en algunas imágenes. Se han señalado como influencias a Heráclito, Parménides, Nietzsche, Unamuno, Valéry o Freud (al que leyó en su juventud)… Todo ese supuesto influjo forma parte, en algún grado, de una reiteración de una misma idea largamente repetida, pero no siempre firme y claramente demostrada, leo. Él siempre negó un arraigado ascendiente del surrealismo, pues no llegó a practicar la escritura automática, y confirma que tuvo el dominio racional sobre su creación, pero esto no es óbice para que hallemos imágenes distorsionadas, sobrevenidas de la disyunción… propias de ese movimiento.

    Los poemas inclusos en Sombra, escritos entre el 39 y el 43, los ordena Aleixandre sin respetar un orden cronológico de creación (Bousoño y Leopoldo de Luis los han estudiado y hago gracia al lector de algo, para él, quizá, como para mí, accidental meramente ahora). El lector se pierde a veces, quizá poco avezado, entre las sugerencias aleixandrinas de sus versos y ha de retomar la lectura, cuando versos abajo comprende que se distrajo, se ensimismó versos arriba y ha de volver a lo que el poeta alumbra. Porque su creación engendra o ilumina realidades que el pensamiento del todo no alcanza.

  Van cayendo cadenciosos los versos, las palabras, las imágenes del sevillano en alguna parte que este lector ignora. Lo que lee lo va cautivando, lo aquietan más que lo excitan esas irracionales sinrazones de las que solo aquel lugar sabe.

8 de agosto de 2017

Brechas de norte y sur. RECONCILIARE, Las Edades del Hombre

              
     En 1988, hace 29 años, visité por casualidad la que fue primera exposición de Las Edades del hombre. La muestra tuvo lugar en la Catedral de la Asunción de Valladolid y llevó por título El arte en la Iglesia de Castilla y León. Las circunstancias han hecho que vuelva a visitar la exposición de este 2017, bajo el título Reconciliare, expuesta en tres sedes de Cuéllar (Segovia). Si la primera me impresionó, no lo ha hecho menos esta, si bien he percibido notables cambios, pues 29 años y la experiencia adquirida, entiendo, no pasan en balde.
     En aquella primera visita estuve acompañado de algún amigo y estoy seguro de haber seguido la contemplación de las obras con un catálogo y ayudándome de las notas que a pie de cada una había. Este año lo he hecho sumado a un pequeño grupo dirigido por un caballero que ha ido comentado las obras expuestas. El guía sabía perfectamente de qué hablaba. Se notaba que no se había aprendido una retartalilla que repetía como un loro al lado de cada obra. Las ha comentado en sus contextos bíblicos, artísticos, acudiendo a la simbología icónica de los distintos elementos en las obras, etc. y lo ha hecho con la naturalidad de quien sabe de qué habla y tiene convicción en lo que dice. Y este es el motivo de esta entrada.
   Es la Junta de Castilla y León la que con la Iglesia de ese mismo sitio organizan y disponen una iniciativa magnífica, pues dan a conocer el arte sacro de una zona de España donde es no solo abundante, sino de gran calidad artística y ayudan a la restauración de muchas de las piezas que se exponen, monumentos, etc. De camino presentan y descubren al visitante zonas de Castilla que se revalorizan y con ello colaboran a sus economías y sus gentes, etc.: más de once millones de personas han visitado estas exposiciones. Habló el guía del pecado original, del sentido de ese Reconciliare que nos remite al perdón necesario para todos, de comprensión, de acercamiento y concordia, de comunicación, de confesión -para los católicos-, de amor entre Dios y los hombres y, por supuesto, entre los propios hombres entre sí… Admirable. No daba crédito. Nadie del grupo allí presente sonrío ridiculizando o desdeñando al guía, dando a entender que para “los cuentos de abuelas” ya están los nietos: nadie lo interrumpió ni abandonó el grupo, ni lo contradijo o corrigió…, sino que comprendieron, supongo, sus explicaciones en el contexto en que las obras habían sido creadas, con las creencias de sus autores y sujetas a unas explicaciones, desde el punto de vista historiográfico y artístico, contrastadas y asentadas hasta donde me llegaba. ¿Quiénes componíamos el grupo? Lógicamente lo ignoro. ¿Profesores de arte creyentes o ateos? No lo sé. ¿Votantes de tal o cual? ¿Reconciliados o sin reconciliar?... Ni idea.
   Di un salto en el espacio y fuime a mi tierra. ¿Sería posible una muestra así en mi Andalucía con un guía como este? Me temo que no. Lo siento y me duele decirlo. No deseo ser negativo ni cenizo. En mi tierra no existe la tolerancia que observo fuera de ella, hasta donde conozco en este ámbito en concreto. La intolerancia se ha ido convirtiendo en beligerancia contra toda manifestación religiosa. Por doquier se pretende relegar la religiosidad al ámbito privado… El laicismo rampante e irrespetuoso desea laminar esas creencias. Ignoro si es por incultura, por incivilidad, por admisión de unos valores que el régimen ha estatuido y poco a poco, como mancha de aceite, se extiende y profundiza…, no en vano décadas de inficionamiento hacen su trabajo.
   Escribe quien sabe lo que es comentar obras literarias, pasajes… en las aulas, textos donde se requiere de unos mínimos conocimientos bíblicos, digamos, y los alumnos ignoran quién es Caín, quién Job, quiénes los ajusticiados junto a Cristo en el Gólgota, quien es la Madalena, san Pablo… y esa incultura general impide el respeto al otro y genera la barbarie. En esas distancias creadas entre unos y otros no cabe la reconciliación, la amistad, la comprensión, sino insisto la animadversión, la intolerancia, la inquina y el rencor (y si lo digo es porque lo he visto y lo he padecido)

  Quien tenga la oportunidad de visitar esta magnífica exposición que no deje de hacerlo, que la pasee y contemple en paz: se sentirá orgulloso de lo que son capaces de hacer españoles de bien. Y si puede, después, acérquese en Cuéllar a El rincón castellano y pida un lechazo, que en los vinos y las cervezas… estarán bien asesorados por Rubén.

4 de agosto de 2017

Alonso, Dámaso: GOZOS DE LA VISTA. POEMAS PUROS. POEMILLAS DE LA CIUDAD. OTROS POEMAS. (3 de 3)




      Carmelo Guillén Acosta, poeta, amigo de Dámaso Alonso, decía que no le gustaba verse forzado a hacer poemas con motivo de alguna “ocasión” que “ha de entenderse como un asidero a algo muy concreto, entre el vivir diario”, que es lo que dice Alonso que da fundamento a estos Otros poemas así escritos, no sin cierta improvisación y escasa atención. De todo hay. Es frecuente, entre quienes ni saben cantar ni escribir, pedir a quienes sí saben que “improvisen algo”, como si cantar bien y escribir bien fueran asunto de mero ingenio y talento y sin esfuerzo y dedicación a raudales.

      Llegado el momento. Con paciencia que culmina en la última página del libro. Justifica Alonso la publicación de estas obras en un solo volumen por necesidades editoriales, como dijera el periodista, y por ir dejando la era del vivir limpia. Aquí está resuelta mi duda de la primera entrada de esta serie: ¿por qué se han publicado estos tres libros juntos y qué explicación da el poeta? La paciencia todo lo alcanza, o casi todo. Dice Alonso que los ha publicado por si acaso. Juntar lo escrito mejor y decidir, antes de que otros decidan por uno, qué publicar o no, y así estos Otros poemas ven la luz “por ir dejando ya limpio y ordenado el cuarto en que se ha vivido (es decir, nuestro ámbito vital)”. Y el poeta, inteligente y pícaro, se termina por preguntar si al fin y al cabo no es todo poema efecto de una ocasión, simpático sin duda este hombre pequeño y genial.

      Los amigos y los hijos de los amigos salen en estos poemas con motivos de cumpleaños, sucesos puntuales, fotos… Pedro Salinas, Leopoldo Panero -de quien ignoraba que fuera buen amigo-, José Antonio Muñoz Rojas -poeta inscrito en el 36 y de quien no he leído nada-, por supuesto de Vicente Aleixandre -emotivo poema-.

      Juegos de palabras forman parte de este poemario, especialmente me llama la atención -ignoraba su origen- en el poema dedicado a Pedro Salinas, creador de ese troquelado de siglo de siglas que dio parte de un título de Alonso que leí hace muchos años: Del Siglo de Oro a este siglo de siglas y aún otro, De los siglos oscuros al de Oro.

     Me iba a ir ahora… hacia un jardín minado, pero me parece feo dados los buenos ratos que he pasado con este libro y ese jardín, digamos, me coge a trasmano: cada caminante siga su camino.

      Justifico la dedicación de estas letras a don Alfonso Sancho, pues lo tengo especialmente presente en esta lectura. Fue él quien me presentó a Dámaso Alonso y fue con él con quien aprendí a apreciarlo como estudioso y poeta…

    Dice Platón que quizá quien peor dé cuenta y razón de una obra literaria sea su propio autor. Afirma Dámaso Alonso y tituló un periodista al hilo de este libro: "Mi idea de Dios responde a la necesidad de explicar el mundo", sí, claro, pero es un Dios al que se dirige como persona, pues  uno -en su sano juicio- no habla ni con las cosas ni los animales… y  “Yo hice mi mundo en mi lengua castellana”. Tremenda la preocupación como anticipación de la muerte, sin desasosiego, en los versos de Alonso. Hay curiosidad por ver qué pasa, pero insisto… Dios sigue siendo el principio y el fin, el origen y el sentido a quien Dámaso Alonso se dirige…

    Ignoro si las bicicletas son para el verano, pero para mí, sí, sin duda, los  versos son para la serenidad sosegada del verano. 

31 de julio de 2017

Alonso, Dámaso: GOZOS DE LA VISTA. POEMAS PUROS. POEMILLAS DE LA CIUDAD. OTROS POEMAS. (2 de 3)


 El momento creativo en que nacen los Poemas puros… -segundo poemario de este volumen, versos de los años 19 y 20- es muy distante de los años cincuenta en que se crearon los anteriormente comentados -Gozos de la vista-, y me pregunto ¿por qué no los colocó cronológicamente? No lo sé. Lo busco y no lo hallo.

  De estos poemillas que componen la obra Poemas puros sí había leído hace años algunos de ellos, sueltos, en alguna antología… Quizá haya comentado alguno, pero ahora, de nuevo, al leerlos todos seguidos, casi de un tirón, me dejan una penita pequeña, una melancolía dulce y lejana, un rescoldo de recuerdos semejantes a los del poeta.

Compuesto en cinco secciones hallamos en el libro temas clásicos de la poesía de siempre: la muerte y el amor, el paso del tiempo, pero todo ello sin angustia, sin estridencias, dudas sencillas de quien sigue de camino (es siempre la poesía de Alonso revelación de una persona inquieta, a veces angustiada -recordemos muchos de los poemas de Hijos de la ira-, ser que anhela hallar en su camino el sentido de la propia existencia, de la vida toda, de la verdad, del destino con su final de mortalidad o trascendencia). Insisto que en este libro todo se desenvuelve con la suavidad de lo cotidiano. Me gustan los escritores, en el género que sea, que escriben de lo ordinario sin destemplanzas, sin estridencias, sin anormalidad, con la misma calma con que enterramos al padre, al hermano, al amigo, al hijo… y sabemos que esas son “cosas que pasan” o nos felicitamos por ese mismo padre, hermano… Quedan en los poemas apenas esbozadas las escenas, los sucesos, los momentos, y es en la reticencia donde el lector completa con su sentir y su imaginación aquello que silencia el poeta. Es posible que alguien hable de la intrascendencia de esos versos, y se equivoca, opino; está la vida de cada uno de nosotros hecha y trenzada de esas intrascendencias que hacen la soga que nos alarga hasta la muerte como final, y no como sentido, creo firmemente.

Sí, recuerdos de un pasado y un presente amable… ¿Qué tienen esas tardes de domingo que invitan a la pereza, la depresión, el otoño y el sufrimiento? Es curiosa la coincidencia en ese momento semanal. Recuerdo ahora varios escritores que han hablado de él. Y explica Viktor E. Frankl, el psiquiatra, qué es la neurosis dominical, pero esos son otros lópez.

Amadas que no tuve me han trenzado
la vida entre los libros.
Y danzaban desnudas en las letras.
Ahora, todas se han ido.

 Es curioso que en mi anterior entrada, sin recordar los versos que ahora citaré me llamó la atención aquella pregunta de Alonso en la que inquiría por los orígenes, por la nostalgia de un pasado confuso y el anhelo de la plenitud que se completa en el Otro. E insiste Alonso en ello:

Todas las cosas vuelven a la causa.
Y la matriz del mundo
indefinidamente se fecunda.



27 de julio de 2017

Alonso, Dámaso: GOZOS DE LA VISTA. POEMAS PUROS. POEMILLAS DE LA CIUDAD. OTROS POEMAS. (1 de 3)


                                                    A don Alfonso Sancho Sáenz

  Cuando se publicaron en 1981 estos poemarios en la edición de AUSTRAL, Dámaso Alonso comentó que «resulta un libro muy variado, aunque temo la extrañeza del lector ante la diferencia que existe entre los poemas escritos por un hombre casi viejo y los que escribió un muchacho adolescente estudiante de Filosofía y Letras»[1]. ¡Por algo lo haría que no comenta!, pero sí el periodista: “realizado por necesidades editoriales”.
  Este libro lo componen tres obras bien distintas como dice el propio autor, esos Gozos de la vista, poemas escritos en torno a 1954, ya de un Dámaso “casi viejo”, poemas narrativos en algunas de sus composiciones, diez secciones componen la obrita, y me adentro contemplando entre sus versos.
  Los densos poemas que conforman estos Gozos son expresión de la alegría de poder ver, mirar, contemplar. Pensé que pudiera ser sinónimo de estar vivo, pero no es así. El vivo ciego no puede alcanzar esa realidad que es la luz, la gama de colores que esta facilita, sus cambios, las realidades que se iluminan y que alcanzan al vidente. Esa normalidad de ver por la que no damos gracias: la damos por descontada, “nada se echa en falta hasta que se pierde”. El poeta agradece a Dios poder ver, el don de la vista, le plantea sus dudas al Creador, confiesa imágenes, suposiciones, creencias. Bajo mi modesto punto de vista, estos diez poemas tienen valor distinto. Me resultan personalmente más atractivos los menos narrativos por más sugerentes.

       Los valles miran siempre hacia ternura
       inicial, hacia origen, hacia infancia
       de hombres o mundos. Contempláis un valle
       y el corazón se os llena de nostalgia,
       ¿de qué, Señor?

    Por momentos los poemas se adentran en la oscuridad del ciego de nacimiento o de quien perdió la vista y ese mundo gozoso se torna cerrado, limitado, oscuro, triste, pésimo. El tacto sin la vista es insuficiente. La pérdida de la vista, la carencia de ella comporta vivir en una realidad distinta a la que ocupamos los videntes. La hermosura de lo creado no es gozosa para el invidente… Tremendos poemas sobre esta realidad.

       Si me quieres llevar, llévame entero.
       Pronto para partir estoy;
       pero nunca me dejes
       huérfano de color, acá torpe en las salas
       de las tres dimensiones lóbregas, tanteando,
       triste lombriz de tierra, borrosa larva en duelo,
       con el zumo, la pulpa del color, aún vibrante,
       ardiendo en mi memoria. ¡Entero, hacia tus gozos!

  Dámaso Alonso, lo conocí en persona, era pequeñajo, miope, feo y calvo: ni un pelo de tonto. Con ojos, como él mismo dice, de sapito. La nostalgia de la que Alonso habla en los versos arriba citados es la nostalgia del Ser, la nostalgia de quien va de camino, la luz que a la Luz se vuelve. Y Dámaso Alonso sabe que hay dos riberas… Ya habló de ellas cuando comentó a san Juan de la Cruz.
  Extraño poemario que leo por vez primera con asombro. Rebusco y no hallo largos comentarios en la red sobre él que me iluminen… Releo algunos poemas. Me distancio y me adentro en Poemas Puros. Poemillas de la ciudad.

[1] ttps://elpais.com/diario/1981/03/20/cultura/353890814_850215.html