14 de julio de 2017

Palabras para pensar, diccionarios para aprender


     Pensamos con palabras. Nombramos la realidad con ellas. La carencia de vocabulario nos impide expresar lo que deseamos. Ese “Lo sé, pero no sé cómo decirlo” es igual a “¡En realidad no lo sé!”. Te falta el léxico necesario para articular la realidad que crees conocer y se hace incomunicable porque, sencillamente, no está, no ha llegado a conformarse. El psiquiatra tiene más problemas con el enfermo que debe expresar su padecer que el traumatólogo a quien el enfermo le puede señalar un tobillo hinchado, por ejemplo, con perdón de la comparación gruesa.
      Hace muchos años, conté entre un grupo de profesores una anécdota que es real. Andaba yo por allá, donde se hablan otras lenguas poco evolucionadas (lenguas hechas con la frescura del campo, del mar y al calor del ganado). Unos niños la usaban. No entendía yo qué se decían. Mi reflexión ante la brevedad de esa lengua fue sentir pena. Si esos niños solo hablaran esa lengua, posiblemente muchas realidades quedarán fuera de su pensamiento y esto podría impedir partes amables de realidad felicitaria perdida para siempre. Hubo profesores que vivían de esa lengua que se enfadaron. A ver, la realidad es muy testaruda.
    La lengua en que hablamos nos condiciona. Su vocabulario, su léxico, sus significados, su conocimiento o su ignorancia ponen trabas o nos conducen… Si usted o yo habláramos en alemán o copto seríamos personas distintas, pues percibiríamos la realidad como es, pero al nombrarla de distinto modo esos matices nos condicionarían. La lengua es medio de comunicación con los demás y con nosotros mismos.
  ¡A donde voy! ¿Cómo se enseña el vocabulario en español en nuestras escuelas? Cenicienta de la enseñanza de la asignatura de Lengua es la llamada expresión oral: no se enseña a hablar, salvo las correcciones incidentales de los alumnos, ni se sabe cómo. El vocabulario que afecta al área toda, y al resto de las asignaturas, tampoco se enseña salvo las pocas palabras de los manuales y las que hay de otras asignaturas. Había, y supongo que habrá, sesudos estudios de las palabras que usan los niños en determinadas edades, qué palabras convendría que aprendieran, etc. ¿saben los maestros, y profesores en general, de qué estudios hablo? Me voy a Internet que de casi todo in-forma y ahí envío a quienes tengan interés (busquen en el Instituto Cervantes, la tesis del Dr. Moreno Ramos…).
     Es cierto que el vocabulario latente, o pasivo, siempre es mucho… Es cierto que el uso del diccionario no siempre es el modo de incorporar de modo automático, para quienes los ignoran, los significados y la existencia de palabros que, en ocasiones, se refieren a ámbitos alejados de la vida cotidiana, nuestros ámbitos propios de actuación, etc., pero me van a permitir que rompa una lanza en favor de esos diccionarios, pobres diccionarios, compilados con un trabajo extremo por personas de tenacidad e intereses altruistas que resultan admirables: Julio Casares, María Moliner, Corominas y Pascual, tantos y tantos lexicógrafos que han trabajado y trabajan para la RAE… Vocabularios de áreas de España recopilados a base de esfuerzos ímprobos y sudores muy particulares: el Vocabulario andaluz de Alcalá Venceslada -y barro para casa-, el vocabulario de panocho (que me robaron unos conocidos a quienes espero que les sirva para mucho y que no puedo citar a su autor por lo ya dicho -¿Pedro Lemus y Rubio, amigo de mi abuelo?-).

     Perdonen que, una vez más, me arrime a las causas perdidas y los trabajillos que me llevan a la quiebra, no más. La mano invisible de Hegel no será la que enseñe nuestro léxico a nuestros escolares y nuestros chicos. Si alguien espera que esto tenga remedio no sé sabe cómo ni cuándo…, que se dé ya por vencido. Hay que poner medios. Conviene enseñar a los niños que, en esos medios tan maravillosos, como son el teléfono que todo el santo día tienen en sus manos y las tablets y los ordenadores tiene acceso a maravillosos diccionario… Y ellos bien puede desecar sus ignorancias, como yo lo hago con las mías a diario, en esos diccionarios.

4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Seamos serios: "maravilloso" es lo que sale de sus fogones, maestro... el resto es para entretener antes y después, pero en medio... ¡lo que usted sirva...! Gracias.

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  2. "El profesor de lengua lo tiene que saber todo" o "seguro que no sabe lo significa" - vitorean mis alumnos cuando les digo: - busquen, sabereen, descarguen una app que sea útil.

    Demasiada información para un mundo cada vez más desinformado.

    Totalmente de acuerdo con usted, don Antonio. Por cierto, acabo de terminar su libro "Dios no come caracoles". Muy buena trama y perfil de los personajes.
    ¡Espero comentarlo en alguna barbacoa en casa de Mari Luz!

    Un abrazo.

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  3. Ese comentario de una persona como usted tiene un fundamento serio que me interesa mucho. Usted, me consta, sabe de qué habla... Espero que haya terminado el curso con bríos y, si no, ya habrá retomado fuerzas en lo que llevamos. Muchos recuerdos a "su compañero de piso" (me dicen que no es correcto políticamente decir: marido, esposo, compañero, pareja, novio, novieta... ¡y he pensado en esta fórmula... "compañeros de piso"). Con cariño,

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