9 de marzo de 2024

46- ANTONIO ALCALÁ VENCESLADA - CUENTOS DE MARISCASTAÑA



Estos cuentos, subtitulados, “Apólogos populares recogidos por Antonio Alcalá Venceslada”, se editaron en 1930. Alcalá en su “Prologuillo” afirma que los recogió y los acicaló un tanto para ponerlos a disposición de sus hijos principalmente, aunque también, lógico, para todos cuantos los quisieran leer.

                              A MIS HIJOS.

                    A vosotros, cifra de todos mis desvelos, dedico esta obrilla para que en el día de mañana tengáis un recuerdo más de vuestro padre.

Hizo una edición no venal porque pensó que él, propiamente, no era el autor de los mismos y, por tanto, no era justo que se beneficiara de sus ventas (?). Los recopiló dice:

Para esparcimiento de la niñez fueron acopiados, como he dicho, estos cuentecillos fabulosos, aunque ello no quiere decir que los grandes dejen de leerlos; antes bien, su lectura les será muy conveniente no por provecho suyo, sino por el que puedan proporcionar a los niños propios o ajenos explicándoles el sentido, tal cual palabrilla oscura para ellos y la moraleja que, oculta o manifiesta lleven, y apreciando al fin y a la postre, ya que no la forma que esa como de mi pluma bien poco vale.



En el citado “Prologuillo” y una carta de octubre de 1930, le dice a Rodríguez Marín que tiene intención de aumentar el número de cuentos para editar un libro más extenso y le ruega a su amigo que, como le dijo que tenía algunos recogidos, se los envíe para incluirlos en ese posible próximo libro, para el que no hubo ni tiempo ni lugar. Es cierto que, ya muerto él, se publicó una obra que dejó para ello, La buena simiente (1993), familiar lejano de esos Cuentos de Maricastaña, pero de los que ya comentaré, Dios queriendo, cuando su momento llegue.

Estos cuentos que, por la extensión y formato del libro, en apariencia no pasan de cuentecillos, “librejo” lo llama Alcalá, tengo la certeza de que es obra que le ilusionó por los motivos que fueran, pues habla y escribe de ellos, recorta y recopila lo que de ellos se dice en los periódicos. Al fin y al cabo, toda obra literaria, como tantos autores han comparado Unamuno y Delibes entre ellos, que servidor recuerde ahora tienen algo de hijos que el autor echa al mundo adelante.

Los Cuentos de Maricastaña tienen algunos aspectos en común con los que escribió a comienzos del siglo y ya comenté, pero su relación es muy tangencial. Vamos a ver. Estos apologuillos, según dice, no son neta y exclusivamente andaluces, aunque tengan rasgos, algunos de ellos que los puedan así calificar: “cuentos andaluces”, es por ello, por ejemplo, que los personajes, animales o personas, no son caracterizados con el habla andaluza: no son seseantes, yeístas, etc. Él sabe incluso que algunos de ellos forman parte de un fondo común sapiencial y que se pueden hallar en otras latitudes y lenguas. Sin embargo, algunos otros “tienen un inconfundible sello andaluz, como lo tienen cuantas criaturas nacieron entre la Mariánica y el Estrecho de Gibraltar”. Los temas que trata los hace desde un espacio rural donde no hay una ubicación concreta y ajenos a un tiempo específico, como toda enseñanza que pretende ser universal. Están redactados en prosa y tienen un afán didáctico, propio del costumbrismo, como apunta Carriscondo Esquivel: traído del principio horaciano, enseñar deleitando.

Abundan las fábulas y en ellas la zorra pasa por animal listo aunque no es la experiencia que servidor tiene como cazador o, al menos, no más listo que otros animales salvajes; nos tropezamos con una curiosa versión de los tres cerditos que construyen sus casas con distintos materiales; el fatum en este tipo de mundos todo lo dispone para castigar a quienes son malos: egoístas, mentirosos…

Desde el punto de vista formal son muchas las palabras o las expresiones andaluzas que acuden a los puntos de la pluma de Alcalá sin esfuerzo, pero que el lector no conocedor de este léxico se puede ver sorprendido por palabras que ignora y que difícilmente puede deducir del contexto: Costilla, “trampa para cazar pájaros”; liria, “pegamento para atrapar pájaros”. Refranes, comparaciones: “más tretas para la vida que un chalán”; Las llamadas expresiones fijas, de enorme expresividad y de difícil traducción y no fácil explicación: “tener gatos en la barriga”.

Asunto aparte merece un comentario del vocabulario. Me va a permitir el lector que le muestre la distancia de los tiempos, “los de la cotonía”, en que Alcalá escribió estos apólogos, y los actuales. Seguro que quien me lee es persona culta y seguro que habrá profesores. Me he tomado la molestia con el primer cuento, “¡¡ Soldados vienen...!!"» de seleccionar las palabras y expresiones que a mi juicio seguro que niños y adolescentes ignoran, y no pocos adultos. Las razones son muchas, mas no es cometido de esta entrada aclararlas, pero aquí les dejo las palabras seleccionadas del citado cuento y tras ellas las expresiones:

Alférez, alfonsear, algarrobo, angaripola, averío, buche, burdégano, busilis, carúnculas, caudalejo, chaqué, copudo, cotonía, desdichado, dornajillo, encarnizada, filósofo, gorja, hatearlo, jaracandina, leva, lonja, meticuloso, orondo, periquete, presagiando, recluido, soldadesca, trueque, trusas, vanidad, yunta, zarabanda.

“Del tiempo de la cotonía”, “Haciendo pabellones con las lanzas”, “Incorporarse a su bandera”, “Llegó con sus alfonseos”, “Pies en polvorosa”, “Relaciones nada cordiales”, “Sentenciado para diciembre”, “Tierras de pan llevar”.

Y es que estos cuentos de los tiempos de Maricastaña… están, a lo peor, lejos de los conocimiento actuales, tan urbanitas, incapaces de distinguir una oveja de una cabra, tan refractarios a la lectura y a los libros, tan amigos de las imágenes… Por cierto, este libro no tiene ilustraciones…

1 comentario:

  1. A las buenas tardes mi buen amigo, cuan razón llevas con esas palabrejas que mencionas, de hecho tanto las costillas como la liria yo las usaba todos los fines de semana para tener carne para el arroz del domingo.

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