27 de agosto de 2018

327-CHARLIE-SALIDA- BIBLIOTECAS ROTAS



Da igual quien fuera, pues no sería ni el primero ni el último ni, por supuesto, el único. Un conocido futbolista, luego entrenador famoso, contaban que compró libros por metros cuadrados con la mera intención de decorar una parte de su casa. Sería curioso ver qué obras cayeron en ese singular modo de escoger: ojalá le tocaran en sorteo obras sobre física cuántica y la teoría de cuerdas.

Las bibliotecas personales se van haciendo poquito a poco. Con la lentitud con que se erigen las grandes obras humanas y mimo de orfebre. Quienes empezamos a leer jóvenes teníamos más tiempo y ganas que dinero para adquirir obras y acudíamos a las bibliotecas públicas. En el lector genuino, sin embargo, siempre queda la quemazón de querer tener sus propios libros, este libro por tal y aquel por cual: por el mero hecho de tenerlos, a veces… Libros elegidos, comprados con gran esfuerzo. Pocos libros, en los comienzos, que se miran, que se contemplan, que se leyeron más de una vez, libros de poesía quizá anotados, manoseados, con poemas marcados… Lenta labor de orífice y entomólogos metidos a bibliotecarios. Labor amorosa también, pues el lector de quien vengo hablando también termina comprando libros por impulso, con la esperanza siempre más ancha que el horizonte vital y el ojo más grande que su tiempo… Se compran libros por dotarse de la posibilidad de leerlos…, por si acaso: el camino no es largo, pero, como decía el principito, «¡no se sabe nunca!», es tan intrincada y ardua la vida, ¿verdad principito? El libro electrónico creo que tiene algo de navaja multiusos, esas navajas que nos sacan de un apuro porque tienen bolígrafo y tijeritas y hasta una aguja que nos puede quitar la molesta astilla del dedo…, pero no es menos cierto que esa navaja multiusos, por lo general, es menos navaja que la ordinaria, porque esta condición la cede a la sierrecita, los alicatillos, el destornillador… Yo tengo una magnífica navaja multiusos e igualmente un magnífico libro electrónico que uso de tarde en tarde.

Sé de quienes tienen más de veinte mil libros en sus bibliotecas particulares… Libros y libros que nunca leerán. Hay quienes tienen bibliotecas más modestas, con menos miles de libros, pero igualmente llenas de libros que nunca leerán… Es así. Quienes hemos ratoneado en bibliotecas ajenas, generalmente muerto su autor, su dueño, su guardián celoso, hemos comprobado no solo que había libros que nunca se abrieron, libros incluso intonsos…, libros perdidos en el balanceado vaivén de la vida, entre baldas lejanas al suelo, donde ya, ahora, la vista no alcanza. Siempre presumí de biblioteca ordenada donde cada libro estaba en su sitio pertinente. Llevo unas semanas comprobando que ¡hay decenas de libros en ella que ni están catalogados! Libros que no recuerdo por qué compré, libros que leí de los que no puedo decir nada…: ¡sé que los leí, pero olvidé todo de ellos, pobres! Libros que esperarán a ser leídos en la otra vida.

Viene todo esto a concluir en un suceso triste de estos días. Son muchos, la mayoría, los libros que compro de segunda mano: los libros de mi interés, por regla general, no huelen a papel recién impreso, sino más bien a moho, a humedad, a estantería y balda añosa, a polvo de décadas. Ya conté que a veces hallé dentro la foto de la familia, notas más o menos personales. El otro día recibí un libro bastante manoseado, anotado por su anterior dueño, con su nombre y firma en las primeras páginas (eso dejé yo de hacerlo hace muchas muchas décadas)… Siempre me pregunto quiénes serán estas personas y las busco en Internet y les sigo la pista, si es posible… En este caso ha sido muy sencillo, pues la persona era conocida, entiendo, de muchos, aunque no por mí. Guionista, cineasta, director de películas, pionero de TVE… Murió ya mayor, con 87 años. Falleció en diciembre del año pasado y antes de mediados del año en curso ya está este libro de su biblioteca, primorosamente recopilada, seleccionada, imagino, en mis manos… Ni puedo ni debo enjuiciar a quienes vendieron la biblioteca de este señor, que sus motivos tendrían, pero esto no quita para que sienta cierta tristeza, por él, por mí, por lo banal de nuestros desvelos, lo fútil, tantísimas veces, de nuestras ocupaciones y preocupaciones…

En el libro de este señor, porque no quiero ni puede ser del todo mío, leo unos versos del autor de la obra:

Cuando la muerte quiera
Una verdad quitar de entre mis manos,
Las hallará vacías, como en la adolescencia
Recientes de deseo, tendidas hacia el aire.

Las manos arriba, por necesidad, por indigencia, sin atraco, en petición de espera… Solo una cosa es necesaria… porro unum est necessarium (Lucas 10:42).


24 de agosto de 2018

328-CHARLIE-SALIDA- En respuesta al pobre Vargas Llosa.


                                                                                                                                 A Bernardo L. M.



Señor Vargas Llosa:

Durante décadas los historiadores, desde muchos ángulos distintos, se han preguntado por qué el nazismo surge en una Alemania culta y rica: cómo esta ideología extrema y brutal prende incluso en personas de un refinamiento cultural, intelectual, admirables. Nazis elegantes y cultivados: melómanos y lectores de delicada poesía ejecutan, al par, sin vacilar, a cientos de judíos con sus propias manos. Al interesado en el asunto lo remito a una obra de Christian Ingrao. George Steiner se preguntaba, “¿Cómo se puede tocar a Schubert por la noche, leer a Rilke por la mañana y torturar al mediodía?”. El planteamiento es erróneo. Partimos de la falsa premisa que considera a las personas menos cultas capaces de atrocidades y no así a quienes son cultos. Falso. Queda demostrado. La altura moral de una persona no es directamente proporcional a su supuesta altura cultural. El mal está por doquier.

Como la hipérbole es figura literaria, que usted emplea, me la permitiré también yo al afirmar que este podría ser el caso de las necedades que a veces le leo, siendo todo un premio Nobel de literatura: sus razones, sus argumentos para defender, en este caso, el aborto son tan precarios que aflige su vacua senilidad. Se siente vergüenza ajena leyendo su artículo publicado en Elpaís en defensa del aborto, ¿o era una excusa para atacar a la Iglesia católica?

Voy a hacer un comentario pormenorizado del averiado artefacto intelectual que es su artículo.

Quienes defendemos la vida, dice, situamos a los abortistas como usted, “defensor de asesinato” de criaturas inermes e inocentes, en una cultura de la muerte. Usted nos sitúa a los católicos en la caverna y el oscurantismo, “horror de horrores”. Su argumento es el de José Alfredo Jiménez: “Y mi palabra es la ley” y añade que vio, asegura, a unas mujeres españolas y peruanas, que fueron a abortar a Inglaterra (seguro que eran personas sin medios de ninguna clase, ¡pobrecitas!); porque o se legaliza el aborto: o este seguirá practicándose en situaciones donde las mujeres se “juegan la vida corriendo el riesgo de desangrarse o contrayendo infecciones que ponen en riesgo su vida”. ¿Este es el modo que usted tiene de enfrentarse al mal? ¿Acaso se combate el mal con otro mal? ¿Realmente le preocupan esas mujeres que toman esa terrible decisión que “suele acarrear traumas y conflictos psicológicos de larga duración”, como usted reconoce, o el suyo es mero toreo de salón, banal tertulia de casa con 13 baños mientras toman té con pastas? Sus argumentos por compasión y ejemplo son flojas falacias, desfallecidas que no levantan medio palmo, razones de escolar de secundaria.

Hay un principio ético intangible y necesario si no queremos vivir donde ya vamos viviendo: en los abismos de la selva, donde el más fuerte impera y ejecuta. Este principio afirma que el fin no justifica los medios. El mal campa por doquier, me escandaliza y no lo comprendo, pero admito que alguien diga que “deseo abortar porque me conviene”, “porque me interesa”, “porque me viene bien”, “porque no deseo a esta criatura que vive en mis entrañas…”, pero las milongas, las monas vestidas de seda y sus respectivas justificaciones y derivados son para perros con menos dientes y menos ferias. No me importa matar al hijo de mis entrañas: no va más. “Quiero además hacerlo con el beneplácito de una ley que me cubra y reconforte, aunque mi conciencia reclame por sus fueros, y lo seguirá haciendo”. “Demando la libertad para abortar”. “De un veleidoso acto querido en un momento determinado -lo de las violaciones y esos caballos de Troya que se los cuenten a otros-, con sus consecuencias: un embarazo, ¡no quiero responsabilizarme!” “Quiero retornar a un punto cero”. “¡El fin justifica los medios…! ¡Viva mi libertad (?)!, que la del no nacido no cuenta para el caso”. “Quiero que me permitan abortar y me lo paguen”. Lo comprendo: es el mal.

Señor Vargas, no deja de arrimar dinamita y mecha a la Iglesia, ¿por que no recibió formación sexual? Tenga en cuenta que, cuando usted fue a la escuela, se escribía con plumín y palillero, ¡y se mojaba en un tintero! No se daba esa formación en ninguna institución. Le recuerdo que el 28 de marzo cumplió 82 años; y que usted ya no es ningún adolescente. Los malos y el infierno y los responsables son siempre los demás: la instrucción sexual se la pudieron dar sus papás en casita, pero tampoco la daban: ni entonces y rara vez aun hoy. Usted supone que con esa formación dejaría de haber abortos… Parte de falsa premisa: relea el primer párrafo de este artículo. En España se llevan dando instrucciones desde hace décadas en todo tipo de instituciones -fomentándose la promiscuidad- y en 2017 hubo en España cerca de 100.000 abortos… ¿estos también los cometieron, como las atrocidades nazis, personas paupérrimas, incultas, zotes y perversas que nunca oyeron hablar de los medios anticonceptivos…? El mal es ausencia de bien.

Lo que usted afirma sobre la igualdad de los géneros… sigue siendo risible; sin embargo, es muy razonable lo que usted afirma: como los abortos no cesarán, legalizados o no, los admitimos legalmente… “como mal menor” y por supuesto “en favor de los pobres”… Qué hermosos argumentos de compasión, de nuevo, y tan falaces como ellos solos y como los anteriores… Son muy semejantes a los que dan los alumnos secundaria cuando escriben sobre el tema… Por cierto, lo del mal menor es tesis de cristianismo condenado por bastardo. ¿Lo aprendió en su cole?

“No hay otro campo donde la diferencia económica entre pobres y ricos (o simplemente afluentes) se dé como en éste”: le admito, con mi media sonrisa, su hipérbole. ¿Seguro que no hay otro “campo” donde no se den claramente las diferencias económicas? Estoy escribiendo a más de 30° en Jaén, mientras usted está de vacaciones en las Maldivas junto a Isabel Preysler, según dice el Hola… Supongo que eso no se debe a razones económicas, sino a gustos personales y a ignorancia: he tenido que mirar dónde están esas islas en el mapa, por eso no elegí ir allí. Quizá, como en eso no afecta la economía, mañana me alargue a presentarle mis respetos (mientras, póngame usted a los pies de su señora). “Los ricos vivimos siempre bien en cualquier parte”, que decía aquel… Las panzas llenas y la billetera gorda tienen eso: saturan las cabezas de místicas palmeras, aguas cristalinas y playas sin fin.

Como usted escribe “Votar en contra del aborto no garantiza en absoluto que éste vaya a desaparecer”, es cierto (tan cierto como que el pronombre ‘este’ ya no lleva tilde desde 2010). Creo que convendría que todo lo ilegal que se dé con cierta frecuencia: el robo, el asesinato, el acoso, la conducción temeraria, la violación que no cesarán…, como el aborto y… el egoísmo, y la vanidad, y la injusticia… todo eso conviene que tome carta de naturaleza y normalidad, aceptación por vía de los hechos, en nuestras sociedades y que cada uno campe por sus respetos, ¡y que Dios nos coja armados!

Los dos siguientes párrafos, caballero, son de una impertinencia execrable y vergonzosa. Mi maestro me enseñó que a eso, hecho en una obra escrita, un examen, una novela, un informe, etc. se le llama “hinchar el perro”, puro relleno y filfa, enrollarse sin fundamento alguno, que llamamos los estudiantes. En los toros se denominaría “faena de aliño”. ¿Se le acabó el romo e infantil argumentario que venía desplegando, de lugares comunes, necedades al uso, etc. y aprovechó para contarnos que los culpables somos los miembros de la Iglesia católica? Hasta usted mismo se sorprende de lo grosero e inoportuno de su argumentario que no le queda más remedio que añadir “¿A qué viene esto?”… Esto viene a que de algo hay que comer y siempre será caro viajar a las Maldivas… Hay que escribir artículos que le pagarán, merecidamente, al precio que cobre, pero este acúmulo de generalidades, de nuevo, lo deja en una ridícula postura; vergonzosa para persona de su edad y supuesta calidad: da vergüenza ajena. Usted debió ir a pésimos colegios -¿u oscureció después su conciencia?-, pues tampoco ni en ellos, ni sus papás, le enseñaron que la elección del mal menor siempre es un mal: no porque lo diga Hannah Arendt, por ejemplo, sino porque hay un principio elemental que afirma que se debe hacer el bien y evitar el mal

Mientras usted se remoja las pelotas en el Índico con su señora esposa (ya sabe: póngame a sus pies), muchas decenas de miles de sacerdotes de la Iglesia católica, muchos millones de cristianos, con nuestros pecados y limitaciones, queremos seguir haciendo el bien y que brille la luz donde antes otros malos cristianos, o paganos, opacaron y redujeron la visibilidad del Bien y la Luz… La claridad no es la verdad, pero ayuda a verla. Usted y tantos como usted, enemigos de la Iglesia, nunca entenderán que la Iglesia está asistida por el Espíritu Santo: ustedes no lo saben porque lo desprecian y no creen en Él, pero las puertas del infierno no prevalecerán… ¿Se ha dignado a leer la historia de la Iglesia con todos los pecados y aciertos de quienes la conformamos? Además, ¡me asombran sus tesis! Aunque yo fuera el mayor bellaco del mundo, un ser despreciable (que no es el caso de la Iglesia), no por eso deja ser verdad mi afirmación de que la Luna es el único satélite natural de la Tierra, que tras la noche viene la mañana… o que el aborto es un asesinato. La Iglesia no es dueña de la verdad, como no lo era Agamenón… ¡o su porquero! Veritas liberabit vos

Que siga disfrutando de su preocupación por los pobres del mundo desde las Maldivas, señor Vargas Llosa, pero no haga el ridículo, hay quienes queremos apreciarlo.


16 de agosto de 2018

Barón Palma, Emilio: LUIS CERNUDA: VIDA Y OBRA



En alguna entrada anterior anuncié que, tras ella, vendría otra sobre Luis Cernuda a partir de un libro de Emilio Barón Palma: aquí está. Segunda vez que leo este libro, muchísimo más concreto en el tiempo de la vida de Cernuda y más enlazada su obra y su vida en él, que el anterior comentado de P. Silver, así como gran abundancia de citas, fechas, sugerencias, comentarios de sus versos. Cuando leí por primera vez esta obra, Luis Cernuda: vida y obra, me gustó y me dejó un sabor lejano del poeta sevillano quizá porque no lo encuadraba bien en su obra, que no había leído entonces, que ahora releo y de la que espero escribir algo por aquí dentro de no mucho.

Vuelvo con la idea que mueve estas lecturas mías, detenidas y detallosas, de este verano: parece que será el nuevo autor de las lecturas obligatorias-recomendadas para la prueba de Selectividad de junio del 19 en Andalucía. Luis Cernuda reemplaza a Machado, a Juan Ramón, al resto de los autores andaluces del 27 y se erige como “el elegido”, por mano y mente que ignoro, ni me importa.

El libro de Barón Palma me parece que puede resultar excelente para hacer un recorrido detallado por la obra de Cernuda. Es cierto que quien lo haga, le recomiendo, pensando en voz alta, que lea previamente algo más esquemático y breve sobre una y otra, vida y obra, y vaya a la vez compaginando esta lectura con la lectura directa del autor sevillano.

Barón Palma nos confirma a quienes conocemos algo a Cernuda la personalidad del poeta. Niño solitario, mal avenido y peor comprendido en su casa sevillana de los mil recuerdos y un patio, y de donde es posible que naciera -¡vaya usted a saber!- esa personalidad enlutada, triste, pesimista, quejosa, soberbia, rencorosa que, para mí, sin perdón, es propio de personas poco listas, poco inteligentes y que terminarán haciendo una gran obra, la que fuere en el sentido que fuere, mas su vida y las de quienes les rodean serán puro luto y desgracia: infelices. Es rara la persona de quien no habla mal, con quien no se lleva mal, si todo marcha bien en un principio no demasiado después la ruptura -además sonada- está asegurada… La persona inteligente resuelve problemas y no los genera: no es el caso de Cernuda.

Los motivos para que su vida cristalizara en ese puro fracaso es la envida (por ejemplo a Aleixandre a quien ve como un burgués, y así sí se puede crear una obra); él siempre se quejó -con o sin razón- de sus escasos medios económicos (tampoco tuvo un empleo fijo ni firme, ni lo buscó porque no le gustaba atarse, se le hacían largas unas oposiciones: despreciaba dar clases y a los profesores, pero él hacía su papel de tal por necesidades económicas; lo que provocaba que, en la memoria de casi todos los sitios por los que pasó, dejara malos recuerdos y malos recuerdos se llevó); a Salinas, su mentor, por llamarle licenciado Vidriera -por su susceptibilidad- no lo perdonó nunca; a Dámaso Alonso tampoco: a este no le agradaba la condición homosexual de Lorca y posiblemente tampoco la de Cernuda, a Alonso le llamó sapo (me sonrío porque me parece de una inmadurez infantil); imposible hallar un amor estable… en ningún país por los que pasó: España, Francia, Inglaterra, Gales, Estados Unidos, México… donde murió. Todos los espacios le resultan desagradables: solo Sevilla y Málaga -su Sansueña- en su recuerdo merecen ser recordados, pero el resto… Madrid, Toulouse, Valencia, Londres, Nueva York, San Francisco (no le gustaba porque para su gusto hacía mucho viento)… En fin… Cernuda.

En medio de esta desesperación de vida sin demasiado sentido, fue creando una obra excepcional que defendió a tinta y pluma bajo todos los condicionantes. Puntilloso cual Juan Ramón, a quien terminará también detestando, con sus publicaciones, las erratas en estas, los artículos que escribían sobre ella o sobre él, lo que editaba, dónde, cómo…

En cierta ocasión en casa de los Altolaguirre con quienes tenía especial amistad y trato continuo desde que se marchó de Sevilla a Madrid, era por Navidad, era uno más para la cena…, pero como venían otros invitados, se le ocurrió, por no saludarlos y estando parte de la casa en obras, esconderse sentado en una silla y bajo unas lonas de los albañiles: lo buscaron por la casa, pero no lo hallaron hasta que en un momento dado, los niños, jugando, lo hallaron así y allí ante el asombro de todos estaba. En fin: este sí que me parece un extravagante ciudadano, más rarito que un perro verde. La excelencia artística no garantiza en absoluto la excelencia humana.

Dejo a Cernuda e invito al lector a que lea el libro de Barón Palma, obra que aún se puede hallar en librerías de viejo o de segunda mano… Creo que la obra le ayudará a mejor comprender al reconocido poeta Luis Cernuda.



13 de agosto de 2018

322-CHARLIE-SALIDA: ESAS ENTRADAS MÍAS QUE SON UNOS ROLLOS




Querido charlie:

Nuestro común amigo Daniel dice que es normal que en mi blog sean más leídas, casi doble a uno, las entradas que no son comentarios de libros que aquellas que lo son: “Esas de los rollos que escribes, que te gustan a ti… y a gente como tú”. De momento lo cierto es que tiene razón: se reciben más visitas, y no tienen que ver con la calidad de los comentarios de los libros ni con los libros en sí que comento: ni del género o la temática que aborden (escribo sobre libros diversos: novela, poesía, teatro, crítica literaria…) De esos rollos que a mí me gustan y a gente como yo. Ahora después vuelvo sobre esto.

Un antiguo alumno, con menos dinero que quien se está bañando, me dice que se le ha ocurrido un medio para difundir su incipiente obra literaria y hacerla rendir unos euros. Más o menos la idea era así: él imprime sus cuentos; explica su situación que escribe en un cartel, pone su mesita, se sienta… ¡y a esperar a los compradores! “Vayan pasando y los duritos depositando”, que decía el Cigarrilla. Es posible que algunos de ustedes, que no sepan del mercado literario, piensen que un cuento, un libro, etc. se compra como cualquier mercadería con marchamo manta, pero esto no es así: lo que hallamos en las mantas, en los puestos ambulantes, son artículos que tienen que ver con la música (que nos distrae, que conocemos “de oídas”, que la podemos copiar, que les gusta a nuestro amigo o nuestra prima), artículos “suntuarios de bisutería”: relacionados con nuestro vestuario, que nos entra por el ojo, aunque sea de poca calidad y menos precio; artículos que, en último extremo, podemos regalarle a la prima y o a la hermana chica. ¿Por qué se vende más y mejor el vino que el aceite? Porque el vino alegra el rato, casi cualquier ratico, estimula, dinamiza, mientras el aceite requiere otros ámbitos y no alegra nada: dicen que es bueno para el corazón, que vaya usted a saber después. Mi antiguo alumno no puso la mesa, no imprimió sus cuentos y se ahorró malos ratos sin cuento.

Hace años trabajaba en dos blogs a la vez. Uno, digamos, de combate, ¿te acuerdas charlie?: El poder de los sin poder (título que tomé prestado de un excelente libro de Vaclav Havel) y allí vertía yo mis ácidos, mis enfados, en un auténtico sinvivir unamuniano: contra esto y aquello y también, a veces, alababa y me reconfortaba con noticias de la actualidad que gratifican el corazón. Aquel blog lo cerré: https://tucho-castelo.blogspot.com/ (leo algunas de las entradas de ahí y me da que escribía siempre bajo una tremenda intoxicación bílica, con una leche pésima y más cabreado que un indio sin caballo). Fue entonces cuando me traje a este blog sobre libros y tal y tal esas otras entradas literarias, digamos: “de los rollos que escribes, que te gustan a ti… y a gente como tú”.

Queda claro que los rollos tienen una media de menos de 200 visitas -de quien sea, de lo que sea- y las otras, los artículos sobre temas, llamémosles “diversos”, pueden llegar a las 800 y una media siempre en torno a las trescientas y algo… ¿Por qué? Porque las entradas sobre libros tienen semejante interés al de los libros en España, es decir: de menos a poco y de poco a ninguno, a nada, y por aquí enlazo con mi antiguo alumno… ¡¡Yo soy el que se sienta con la mesita digital en la plaza de la red a regalar mis comentarios y ni siquiera así los quieren!! La idea de mi alumno era descabellada y romántica, la mía ya, a mi edad y visto lo vivido, de loco irrecuperable del frenopático…

Resumiendo, dos modelos de entradas… una muy leídas y otras poco leídas ¿y al final? ¿Se puede saber qué saco en limpio? No saco nada: no soy bloguero de éxito (ni lo pretendo), no es medio para vender libros (lo que no estaría mal)… ¿Entonces? ¿Lo repito por enésima vez? Servir, oiga, servir… Para servir a Dios a usted, que me enseñaron en la escuela en los 60 del siglo pasado, y en eso, aunque muchos lo ignoren, también salgo yo beneficiado. La felicidad, no lo dude, es una puerta que abre hacia fuera: la felicidad es consecuencia de la entrega a los demás… La felicidad no se ofrece en bruto, en sí, sino como consecuencia de aquello que hacemos y nos ayuda a mejorar humanamente, nos hace más humanos… y una de esas realidades capitales es el servicio a los demás -muchos voluntarios ni siquiera lo saben, ignoran el sentido de su servicio: “me siento mejor”, “acallo mi mala conciencia”, “hago algo por lo demás”-… Usted es feliz haciendo felices a sus próximos… y usted, ahora, mientras me lee… es mi próximo y yo quiero hacerle pasar un rato amable, enseñarle, algo…, hablarle de libros porque leer es una actividad enriquecedora y felicitaría, porque deseo vivamente que usted sea muy feliz, y serlo yo. Cierto que a veces, me enfado, y escribo sobre realidades que me atoran, me apresan, me atrapan y solo me queda, como salida, el manoteo literario, escribir -incluso enfadado- por esas realidades. Sé que la queja mata el contento…, pero lo que llaman el Sistema, un sistema que nos oprime, nos explota, es injusto, nos engaña, se oculta y desaparece, no comparece, pero es y está, y hace de este mundo un estercolero ético, no material con ser grave, sino ético, donde millones de personas perecen en el horror… Paro. Lo siento. Contra esto también peleo e intento, permítame, TAMBIÉN sembrar esperanza: no, no prevalecerán estas puertas contra el bien. Somos muchos quienes, no siendo buenos, deseamos serlo, ser mejores y esos, nosotros, los mejores… no nos rendiremos y además tenemos, quienes somos creyentes, la confirmación de un Dios maravilloso que no permitirá que sus hijos fenezcan: tenemos su palabra.

Muy lejos me he ido… No lo esperaba porque no venía para acá. Disculpe… A lo peor esto también forma parte de mis rollos, esos rollos que también pretenden servir…

S.s.s.
Su seguro servidor

Tucho Castelo.



7 de agosto de 2018

325-CHARLIE-SALIDA- QUILINO EL GUARDA y LA RESURRECCIÓN DE FRANCO



Querido charlie:

Me ha escrito Quilino, el guarda. Creo que tú lo viste solo un tiempo, cuando eras pequeño. La abuela y la tita le enseñaron a escribir lo poco que sabe. No creo que haya escrito en toda su vida más de las tres cartas que me ha dirigido a mí; esta, me temo, será la última, pues Lali dice que está casi ciego. Conmigo tuvo una comunicación especial, un trato muy particular que nacía del cariño a los perros, a los caballos y a la caza… Voy a transcribirte lo mejor que pueda lo que me ha escrito hace unos días. Está hecho un lío y asustado. Le he dicho a su hija por teléfono que le ayude a aclararse. Con él ya no se puede hablar por teléfono por la sordera: pierde el hilo de la conversación. Te retoco el texto para no reventar la ortografía del procesador. Me dice:

“niño, ¿toi bien y tu? Yo toi viejo, sabes, mu viejo y con ganas ya de finar. Lo que dios quiera aqui toi. Ma jodio lo que man dicho, pero no se si mienten, joputas. Dice la Lali, ya sabes su mala leche, que a los viejos como yo nos van a dar matarile paque no demos porculo. No se como dice eso que se llama. Tu aguelo, en paz decanse, diria no sabe morise porque no sabe estirase… que gachon tu aguelo. Si se estirame niño pero ya que he aguantao tanto prefiero ime cuando Dios disponga que seyo. No quiero que me mate el medico con una indicion, como perro rabioso. Otra cosa he oio en el radio veo ahora poco y mal, toi casi ciego, coño, no oigo mucho tampoco. Que van los rojos a resucitar a Franco. No me entra. ¿Pa que hacen eso los rojos? No vemos tenio bastante franco. No tuvieron ellos suficiente. Estos rojos no hay quien los entienda. Te gustaba te contara de los rojos echaos en la sierra, que joputas. Me gustaria vete, que vengas, que mespliques eso. Tu sabes, que la Lali no tiene ni puta idea y el radio no lo oigo derto bien. Tu siempre mesplicabas. Otra. Ya amiplin pero dicen que sus van a quitar la caza, pues sus han jodio bien. Ami ya me da igual. Sin caza, con franco vivo otra vez y encima si te canteas por viejo te dan matarile, que no entiendo. Niño, ¿que quieren estos rojos? Se creen los dueños de too. Igual quieren ganar la puta guerra un siglo endispues. Yo no se. ¿Tu sabes, niño? Que digo yo que si no es mejor dejala estar. Tuyo, Quilino”.

Como ves, el pobre tiene un cacao notable. La vejez es fea, dicen, y es cierto: la vejez de ahora es fea porque se llena de medicamentos, soledad, incomprensión y residencias por muchos años para bien poco. El hombre cuando toca la Naturaleza siempre la jode: más le valiera dejarla estar. Una vez me preguntó tu hermana por qué Quilino era tan de derechas y se lo conté. No sé si tú lo sabes. Él no era nada: políticamente… en aquellos años uno no era nada: la política era cosa de señoritos y de cuatro “desperturbaos”, que decía el mismo Quilino. A su hermano, que le llevaba más de quince años, los rojos, como él los llamó siempre, lo mataron por ser casero y guarda de la finca de tío Gervasio en la finca de la sierra y a tío Gervasio lo mataron los mismos en el pueblo “por ser un señorito”, que siempre fue un hombre bueno, recto, justo… Eso situó a Quilino “con los otros” y así supongo que les ocurrió a muchos en aquella guerra, que no paran de remover: el odio dio cobertura a las convicciones, las ideologías… Rojo o nacional, de derechas a o de izquierdas… ¿qué era eso ayer y qué es eso hoy?



Tucho Castelo.

4 de agosto de 2018

Silver, Philip: LUIS CERNUDA -EL POETA EN SU LEYENDA-.



Este curso, me avanzan y aseguran, será lectura obligatoria-recomendable en 2º de Bachillerato en Andalucía La Realidad y el Deseo -así con mayúsculas lo quiso el poeta caprichoso-original-. Para preparar las clases he estibado para el verano una serie de libros de los que supongo irán saliendo entradas por este blog.

La obra que ahora comento es un estudio iniciático de la obra de Cernuda. Obra del año 65 y editada por Alfaguara en el 72 en España. No debemos olvidar que Cernuda murió en el 63 muy poquito antes de que Silver acometiera el estudio de la obra completa, estudio no exhaustivo como él mismo anuncia y reconoce, pero que será pionero en los estudios cernudianos, pues recoge lo mejor de lo dicho por el propio poeta sobre él y de otros poetas, amigos y menos amigos, del poeta sevillano.

Ya en el prólogo, Silver advierte al lector que no seguirá el camino andado por otros críticos: estudio de la obra, un tanto al margen de la vida del poeta, sino que él, entiende -y yo comparto- que toda obra es hija de un autor que ha tenido unas vivencias concretas, que tuvo un temperamento, un carácter, una personalidad… que han condicionado su creación, así como lo hizo su tiempo, las corrientes estéticas y sus amigos y menos amigos… El autor juega a favor o en contra, pero tanto su obra como él no puede eludir la obviedad de que somos hijos, hijastros, primos, hermanos… de una realidad concreta.

Dicho esto, el autor de la obra sigue un recorrido por la vida del autor -en absoluto absoluta; ignoro qué se sabía de verdad de ella en el momento en el que el autor escribe- y a la par va revisando los temas y tópicos que se reconocen en la obra de Cernuda como nucleares de sus poemas. Deja bien sentado el autor, y sabe quien conozca la poesía de Cernuda, que sus versos giran en torno a su persona y su vida. Dicho esto, son sus preocupaciones primarias: el ansia de eternidad, el recuerdo de la infancia con su fase de inocencia y la pérdida de esta, el anhelo de un amor y la presencia de la naturaleza. Quizá esta división sea muy cartesiana… El lector de Cernuda -¿cuántos lectores tendrá este autor? ¿acaso importa dado el caso, si a la fuerza ahorcan?- sabrá que esos temas, de un modo u otro, en favor o en contra, de modos más o menos excluyentes, tácitos, concretos son propios de este poeta.

El proceso que sigue Cernuda, como los autores de su generación, comporta un cierto inicio clasicista, purista, gongorino, tras este, y como segundo tranco en el proceso evolutivo: las vanguardias con especial relevancia del surrealismo (no absoluto en ninguno de los autores españoles del 27 y, por tanto, tampoco en Cernuda); un tercer paso se produce cuando la poesía se ocupa de lo que podríamos llamar social, político, ya envueltos en las ideas de corte izquierdista (comunista en el caso de Alberti, Altolaguirre, Prados y el mismo Cernuda…); y un último paso, tras la guerra, con exilio trasterrado o no, donde las poesías de cada uno (nunca fueron demasiado semejantes entre sí) se van haciendo más personales (o inexistentes, por desgracia, en el caso de García Lorca). Es curioso que Silver afirma que Damaso Alonso no es poeta del 27 ni tampoco lo son Salinas y Guillén a quienes señala como poetas de la generación del 14.

Ya he comentado aquí que no es fácil explicar por qué un autor es o no novelista, poeta, dramaturgo de nuestra devoción. Es difícil de explicar. Cernuda no lo era de la mía. Por Alfonso Sancho Sáez, creo, me incliné más de entre este grupo de poetas por Alonso y Salinas; creo que lo debo a ello, pero no podría jurarlo.

Ya conocía la vida de Cernuda por un libro que vuelvo a leer en el momento en que termine esta entrada. Una biografía, tampoco exhaustiva, del poeta, un libro de Emilio Barón Palma, Luis Cernuda: vida y obra. Recordaba al leer a Silver y atender a sus explicaciones la especial personalidad del poeta que siendo ya niño -y por tanto sin personalidad concreta- se muestra, digamos, especial: un poeta que se sabe poeta y lucha con el otro, sea este como fuere, pues por encima de todo quiere y es poeta (todo muy romántico). Ignoro si la recreación a posteriori de su infancia viene adornada y enriquecida por la memoria trastocada… Me da igual: sí recuerdo una personalidad susceptible y en alguna medida rencorosa (lo sucedido con el envío de Perfil del Aire a Salinas), persona solitaria (sus amores imposibles quizá por la época y su homosexualidad que añadía en aquel momento y en España un plus de complejidad a la existencia amorosa… ¿Y en Inglaterra también? Supongo, como en Estados Unidos y México)…

El libro de Silver como portada de los que se sucederán me ha parecido más que razonable. Quiero abundar en el recuerdo lo más detallado posible de la vida de Cernuda para pasar después a su obra.