Gracias a quienes me han
comunicado que me expliqué mejor o peor en la primera parte de esta entrada que
ahora continúo. Gracias también a quienes callaron por lo que fuera, que sus
motivos tendrán.
Aristóteles |
Quedó explícito que mi afán
docente tenía un punto de partida, la instrucción, y que este me llevaba a lo
que se ha de entender, a mi juicio, como una educación o formación integral,
que comporta la mejora en las virtudes, la adquisición y vivencia de genuinos
valores humanos, y un crecimiento espiritual, tanto en los alumnos como en el
docente. Y añado: y entiendo y puedo respetar y debatir otras propuestas, otros
modelos, otros paradigmas educativos de muy diversos contenidos, formas, etc.
Expongo aquí el mío, el que yo pretendí practicar.
Escribe Descartes en su Discurso
del Método que "El buen sentido (o sentido común) es la cosa
mejor repartida del mundo" y algo semejante escribió Adam Smith, si
cambiamos la capacidad de razonar por razón, Don René, el
problema se halla en la aplicación práctica de ese sentido común. Cuando
pasamos de la teoría a la práctica, ya tropezamos con la mil veces repetida
idea de su compatriota Voltaire, para quien el menos común de los sentidos es
el calificado de… común.
Sócrates y Platón |
El hombre es capaz de realizar
todas las actividades fisiológicas, antes o después, mejor o peor, incluso, sin
saber nombrarlas: bebemos, orinamos y defecamos ignorando sus denominaciones,
pensemos en un bebé. Me pregunté desde joven: ¿se pueden educar alumnos en
valores sin saber qué son estos? Tengo muy serias dudas. Lo que es seguro es
que no se podrán educar alumnos en valores si quien supuestamente los intenta transmitir
carece de ellos.
Lo he contado muchas veces.
Daba un fervorín sobre los valores a un profesorado que decía educar en ellos.
Tuve la mala ocurrencia de preguntar a esos profesores si alguno sabía definir
un valor. Silencio absoluto en el tendío…
Volvamos al buey que pusimos
delante del carro por prudencia. Tengo la seguridad plena de que conviene
formar a los niños (hasta los doce años muy especialmente) en la adquisición y
dominio de virtudes y mostrar modelos que transmitan y encarnen valores. Ojo a
esto: maestros y padres que quieran de veras educar (los abuelos que declinan
en la educación de los nietos porque a ellos, supuestamente, les corresponde
solo otorgar caprichos que dejen de leerme).
Hay definiciones más completas de virtud, pero siempre enseñé que una virtud es un hábito operativo bueno (el vicio es hábito operativo malo) y enseñaba a distinguir, además, para que no se confundieran, como tantos otros –incluidos profesores–, qué son los valores. Estos son cualidades propias del ser, que los hacen preferibles. Al decir de don Camilo José Cela no son pocos quienes confunden las almorranas con las témporas. Leo en el libro de Aurelio Arteta, La virtud en la mirada, del que no ha mucho hice un brevísimo comentario en este blog, que las virtudes son “Aquellas disposiciones o propiedades del carácter que nos capacitan para realizar en comunidad y de manera excelente el ser humano como tal”. Me gusta la definición.
Corto y pego del libro de
Arteta: “Ahora bien, si no llegamos a ser buenos gracias a la naturaleza,
porque escapa a nuestro poder, ni tampoco sólo por el razonamiento y la
enseñanza, que no siempre tienen fuerza, nos queda aún probar con los hábitos.
En el aprendizaje de la virtud, los hábitos (y las pasiones que los alimentan)
son lo primero y más poderoso, la inteligencia es lo posterior y más débil”.
Viejo debate entre san Agustín y santo Tomás: qué precede a qué y cuál tiene la
primacía, ¿la voluntad o la inteligencia? Servidor, que es un mindundi, se pone
de parte del dominico.
Todo aquel que desee ser un
verdadero maestro, que no solo titulado en magisterio, sino MAESTRO… Deberá ser
persona apasionada, pues no es posible hablar de ese quehacer ni realizarlo sin
pasión (“Si queréis dar a los hombres una virtud, empezad por darles una
pasión”, afirma Joubert). Nadie da lo que no tiene y solo el apasionado transmite
pasión. Lo admirable como lo rechazable se explica y narra con ella.
Perdóneme, lector, necesito
meter al buey y al carro por unos vericuetos con mal piso, aunque de paisaje
hermoso. Sígame con calma, por favor.
Cuando lo obvio o evidente no es visto por todos puede ser porque no sea ni evidente ni obvio o porque corren malos tiempos, como mantenía Marías: cuando hay que explicar y mostrar lo evidente malo. Lo que digo ahora es una obviedad que han señalado desde hace siglos los filósofos clásicos de la Grecia Antigua (servidor lo aprendió en la Ética a Nicómaco). Y la idea es la siguiente y la considero importante para la educación en general y para la vida de cada particular. La materialización de realidades prácticas no cumple, no se completa con solo contemplarlas o conocerlas, sino que es necesario vivirlas, realizarlas. Así ocurre con la virtud y el valor que no alcanzan su plenitud en quien los conoce en teoría, pero no los pone en práctica. A diferencia de la teoría pura, la teoría de la práctica no es autosuficiente, sino que se supedita a las exigencias que le impone esa misma práctica.
La velocidad se demuestra
andando, se nos decía. Y "la verdad, tratándose de cuestiones prácticas,
se juzga por los hechos y por la vida", afirma el estagirita. Si la
educación es una actividad práctica afectada desde su base por planteamientos
éticos y realidades morales, el educador-instructor-formador no puede pretender
ser un espíritu puro que aletea por el aula en una labor fililí e inocua. En
este barco cada palo debe responsabilizarse de su vela. "La educación (...)
nunca es neutral: elige, verifica, presupone, convence, elogia y descarta.
Intenta favorecer un tipo de hombre frente a otros", asevera Fernando
Sabater.
Video meliora, proboque
deteriora sequor escribió Ovidio y repetía san Pablo. Es posible
conocer las virtudes, el bien en general, y actuar mal (o sea, deliberar y
elegir), como actuar bien e ignorarlas o conocerlas mal. ¡¡En el orden de la
práctica!!, en cambio, conocimiento y conducta van al compás porque tal
conocimiento trata justamente de esa conducta y tiene como principal
propósito el mejorarla, a base de ofrecer razones para la deliberación y
motivos para la elección. Sólo se conoce lo bueno porque se llega a ser bueno.
San Agustín |
La educación consiste en dotar
de sentido firme y verdadero para la vida a los discentes y asentarlo en el
docente, para ellos y para la comunidad humana. Por vía negativa, educar
moralmente es desarraigar malas intenciones; de manera positiva, sembrar buenos
designios y motivos de excelencia. Recuerdo ahora esa vía negativa que padecí
en los años sesenta en España (san Agustín recordando esa etapa de su infancia
y adolescencia, de sus años escolares, y sus sufrimientos afirmaba en sus Confesiones
que no volvería a pasar por esta etapa por nada del mundo. Este se ve que lo
pasó peor que yo).
Santo Tomás |
La próxima entrega espero que
sea la coda de esta larga entrada que, con tanta paciencia, han iniciado su
lectura muchos de ustedes… Muchas gracias.
(Continuará)