| Don Camilo y Sánchez Dragó |
El programa de tertulia de sobremesa más recordado
de Jesús Hermida fue "A mi manera". Lo emitió Televisión
Española a finales de los ochenta. Lo interesante del programa eran,
lógicamente, los contertulios y los enfoques que le daban a los temas. Una de
aquellas tardes, coincidieron en el café Sánchez Dragó y Camilo José Cela. Con
su habitual retórica corporal, gestual y vocal, Hermida le hizo una pregunta a
Dragó de lo que fuera y este se largó por los cerros de Manchuria con el yin y
el yang y las cañas de bambú. Habló con mucha velocidad, mezclando lo divino
con lo mitológico y las almorranas con los maitines. Don Camilo andaba a lo
suyo: “Darme una pechá de café”, que decía él mismo sin rubor. Dragó
cortó su vehemente soflama de pronto y, de canto, le colocó Hermida una
pregunta a Cela. “Y usted qué opina, don Camilo, de lo que ha dicho Fernando”.
Cela miró por encima de la taza a Drago y contestó:
—Yo qué
coño sé qué ha dicho este tío.
Algo así parece que ha sucedido con mi anterior entrada. Complicada en las
formas, complicada en el contenido… Creo que es más fácil decir que no debí
estar acertado; ya perdonarán. A ver… Todas las tardes no se puede salir por la
puerta grande.
* * *
“En vista de ello, poned todo empeño en añadir a vuestra fe
la virtud, a la virtud el conocimiento, al conocimiento la templanza, a la
templanza la paciencia, a la paciencia la piedad, a la piedad el cariño
fraterno, y al cariño fraterno el amor”.
Segunda carta del apóstol san Pedro
Confieso que he mejorado con el
paso de los años… ¡solo en algunos aspectos! El cambio en la persona es
imposible. Se puede mejorar, ya digo, con mucho esfuerzo, luchando por adquirir
virtudes, abundando en la vivencia de los valores elegidos, cultivando los
conocimientos con el estudio y las lecturas. Todo ello tengo la convicción
plena de que aumenta la humanidad, disminuye la bestialidad, atempera la
animalidad y pule y mejora la civilidad. Estas mejoras ayudan a disfrutar de
una vida más lograda y feliz, para mí… y para así entregarla a los demás: si
soy feliz podré dar esa felicidad, ayudar a quienes no la logran… Da quien tiene,
como la tristeza la dispersa quien la lleva por bandera, el mentiroso la
mentira, la acritud el acre…
Tercera vez que redacto este
texto tercero de esta serie de entradas. Lo intenté escribir todo en una sola:
no pude, se hacía larga, farragosa, difícil. La tomé como borrador y la rehíce
y la intenté proyectar a tres entradas. Cometí la imprudencia de no hacer un
esquema que seguir y así repartir y equilibrar el contenido. La primera entrada
gustó en general, por lo que me llegó. La segunda, por el mismo cauce, resultó
compleja. La tercera, que ya la tenía enjaretada y lista para publicar… ¡no me
gusta a mí! Antes, antes de mejorar servidor un poquito, no hubiera rehecho
nada: lo habría publicado tal cual. Nunca me gustó volver sobre lo dado por
finalizado. “No lo vuelvas a hacer”, me corrigió un escritor ya veterano cuando
le dije que mi primer libro lo escribí en nueve días y cuando le puse el punto
y final, no lo volví a leer: “No lo vuelvas a hacer”.
Retomo aquí. Estos días atrás
comprobé que la IA me considera ensayista de textos filosóficos y teológicos de
tendencia católica. ¡Qué de cosas aprende uno sobre sí en la IA!, tan lista
ella. Cierto que soy católico, lo de ensayista…
Sin duda lo que vengo contando,
desde mi perspectiva cristiana, con respecto a la precedencia de las virtudes y
los valores en la educación escolar es evidente y esencial: el buey delante del
carro. Nunca, en absoluto, debe olvidarse que el maestro, el profesor, el
educador… está en un centro académico y, por tanto, la instrucción es capital,
premisa primera (un centro de enseñanza que no da calidad en su instrucción
puede cerrar porque no cumple su primer cometido).
Todo esto tiene un para qué. Lo
he escrito en el primer párrafo: para que educandos y educadores alcancen,
todos, una vida lograda. Vender el coche para comprar gasolina es ruinoso y,
por tanto, poco inteligente. ¿Para qué tantos esfuerzos si no sabemos a dónde
vamos y por qué?
Dicho esto, me coge el toro de
la encíclica de León XIV, Magnífica humanitas, que me viene el pelo con
lo que vengo contando. Aún no llegué al final de su lectura, pero ya me voy
quedando con la copla.
Vivimos en un mundo que fue
hecho bueno por Dios. Un mundo que hemos ido escacharrando los hombres con
nuestros pecados (llámenlo como deseen). Ocurrió muchas veces: los hombres
acometieron empresas que lanzaban grande piedras muy altas… ¡que les caían sobre
sus cabezas! ¡Somos especialistas en ello! Habla el santo padre de Babel.
| La torre de Babel |
Frente a esas empresas hay
otras en las que también, con más acierto, con la mirada en Dios y puesto el
hombre delante, se han acometido empresas de éxito notable para la humanidad.
Expone el Papa la muralla que Nehemías construye, ¡juntando a todos!, en
Jerusalén.
Hace el Papa, como líder mundial, una llamada a lo Nehemías. Tiene el derecho y la obligación. Ojo, nos dice, nos estamos cargando este mundo que nos fue dado. Estamos degradando la vida del hombre sobre la tierra. Siendo todos, lo sepamos o no, hermanos por ser hijos de un mismo Padre, estamos repartiendo las posibilidades de alcanzar la felicidad y la vida lograda de forma injusta: esto arma las catapultas que lanzan piedras muy altas y que nos caen en la cabeza en forma de injusticias, hambrunas, guerras… A nivel mundial, ¡y a nivel familiar!, intrafamiliar diría yo. Las catapultas de la ambición de poder, de codicia, de soberbia, de mentira… nos están machacando.
| Sumando esfuerzo Nehemías rehizco la muralla de Jerusalén |
Hace el Papa una llamada.
Servidor, humildísimamente, se suma al santo padre. Con él tengo la convicción
de que: “Cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio
tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de
cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. Pero en
cada época se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto”.
Servidor aporta su granito de arena en aquella parcela
que le compete y puede. Hagamos mejores a quienes están en procesos y momentos
de especial formación: los alumnos en general. Démosles armas para enfrentarse
a los problemas de mañana para que puedan aportar ellos también soluciones y
abran puertas por donde entre la gracia de Dios y la felicidad posible a
raudales, para todos.
O sumamos como Nehemías o no haremos la muralla, no
abriremos los portillos de oportunidad para que alcancemos un mundo mejor.
Quien pueda aportar agua, que lo haga; quien pueda arrimar piedra, que no lo
dude; quien pueda acercar cemento, formación, felicidad, entrega, sabiduría…
¡que ni lo dude!
Aviso para lectores en camino: las virtudes y este
plan ascético de mejora personal que elige los valores más adecuados, se empeña
en alcanzar la más y mejor cota de humanidad no es solo cristiana. Ya lo
expliqué en algún congreso. Esta visión se halla ya de forma explícita en la Antigua
Grecia. Recuerda, además, el Papa: «La
Palabra de Dios ofrece criterios fiables para orientar los caminos de la
justicia y abrir vías de reconciliación y paz entre los seres humanos. Cuando
se trata de aplicar estos criterios a las complejas situaciones de nuestro
tiempo, resulta esencial la contribución de la filosofía y de las ciencias
humanas y sociales, que ayudan a comprender y analizar más a fondo las
dinámicas culturales, económicas y políticas. San Juan Pablo
II recordaba que la Iglesia acoge la aportación
de las ciencias sociales ‘para sacar indicaciones concretas que le ayuden a
desempeñar su misión de Magisterio’. El diálogo con esos conocimientos no
resta fuerza al Evangelio; al contrario, permite identificar con mayor claridad
lo que realmente promueve la vida de las personas y las comunidades».
Creo que así queda mejor cerrado el trío de entradas
que empezaron explicando de la naturaleza de las virtudes y los valores, de… y
que marcharon por su para qué hasta este final.
Espero haber ayudado… Si no lo hice, me disculpan: en
esta ocasión no lo supe hacer mejor. VALE.
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