26 de septiembre de 2023

497-CHARLIE-SALIDA- MADRID EN OTOÑO-02. 23

 


Por poner un poner, que dicen en mi pueblo…

Antes, cuando leía tanto o más que ahora, cuando quería recordar algo de lo leído, una cita, una idea, de un libro, una revista, un periódico, aunque hubiera tomado nota, no necesitaba revisar esta. Ahora, cuando leo menos, y sigo tomando notas, no recuerdo dónde he de buscar para hallar aquella cita, aquella idea, aquel verso: se ha perdido en la corriente, barranco abajo, arrastrado por el agua del olvido y el tiempo. Resumen: sé que fue Pedro Antonio Urbina quien me aconsejó, me enseñó, que los escritos, antes de darlos a la lectura convenía que “descansaran”: Deja descansar lo que escribas, no tengas impaciencia, me vino a decir. Luego pasaron los años y alguien, lo leí, estoy seguro, decía que esta idea del descanso de los escritos es un error… y yo, sin embargo, estoy de acuerdo con Pedro Antonio que ahora sí descansa él para siempre en paz.

Releo lo que escribí de mi visita a Madrid. Estoy en un intermedio y lo hago así porque quería comprobar qué quedaba de cierto en aquello escrito de la capital, ese rompeolas de las Españas, que escribió un sevillano allá por noviembre del 36, cuando lo que se rompían era el alma y el corazón los españoles en una guerra fratricida… que colea:

¡Madrid, Madrid; qué bien tu nombre suena,

rompeolas de todas las Españas!

La tierra se desgarra, el cielo truena,

tú sonríes con plomo en las entrañas.

 El problema de mi escrito sobre Madrid no es que sea parcial; pura sinécdoque de la parte por el todo. Es obvio que cuanto vemos, oímos, pensamos es subjetivo, pues sujetos somos. Añadiría y apuraría más y así también, yo diría, privativo y lo digo con la segunda acepción del diccionario de la RAE: “Propio y peculiar singularmente de alguien o algo, y no de otros”. Es decir, veo, oigo y pienso literalmente lo que YO veo, oigo y pienso…, no lo que ve el otro y, además, lo veo, lo miro, lo contemplo desde mi perspectiva, que diría Ortega, desde mi miopía con mi cultura o incultura, con mis abundancias o carencias, mis limitaciones de sujeto… ¿Cómo va a mirar el rico que pasea Madrid desde un cochazo igual que el pobre que va a alpargatazo vivo de aquí para allá y en metro? No seamos cínicos.



Me dicen varios amigos que están de acuerdo con el Madrid que describí, que él también lo suele ver así. A lo mejor por eso también somos amigos. Otro amigo me recuerda que es mi escrito Menosprecio de corte y alabanza de aldea, como el de mi tocayo Antonio de Guevara… ¡Ay, don Francisco también tus lecturas y pensares son privativos!: ¿no habían de serlo? Aunque más vale que haya pensares y cavilaciones que embestidas: de diez cabezas, en España, ya se sabe, también lo escribió el sevillano…, nueve embisten y una piensa (reviso embisten y, como siempre, lo he escrito mal: dudo y opto por la uve por aquello de los cuernos y la envestida).

Sí, sin duda, hablé del trozo de Madrid que viví. ¿Cuántos madriles habrá? Haber… lo que se dice haber… hay uno, pero luego somos millones los que lo miramos y lo contamos, como esas ferias de barrio, que cada uno las cuenta según les fue. Se me antoja inabarcable. He disfrutado, ¡qué duda cabe en Madrid!: ver la ciudad desde las torres de su Ayuntamiento impone. Ver que hay millones de personas que pululan ahí debajo… (desde donde por norma escribo solo veo los cuadros que cuelgan de la pared donde están y que llevo mirando, siempre la misma, siempre los mismos, años y años…).

¿Realmente tengo algo más que aportar a lo ya escrito? Pues la verdad es que no. Que Madrid me gusta para unos días, dejar la cuenta corriente tiritando y volverme a mi rincón, ese rincón que hace universal a quien sabe vivirlo: Cervantes dio ejemplo de ello con su Quijote, lo malo es eso: ¡que Cervantes hay uno y Quijotes… solo otro en dos partes!

No se me arremolinen, por tanto, los madriles, que decíamos a los madrileños en la “mili”: no tengo nada contra la ciudad, nada contra sus habitantes, naturales o nativos, extranjeros o visitantes, turistas o afincados… Madrid, eso sí, se me antoja que a todos nos acoge o no, con su indiferencia de vivir y dejar vivir… y que los dejemos vivir.



Gracias a los madrileños, nativos o…, que traté y me atendieron; con quienes hablé o no… Muchas gracias.

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