5 de enero de 2011

Tengo lo que tengo, soy quien soy...

    Un año más sin pasar de los treinta. Por más empeño que pongo es imposible saltar la treintena. Este año fueron veinticinco; en el 2009, veintisiete. En el aciago 2008, 14… Se ve que ya no puedo leer más de esos libros al año. Los libros que años atrás leía en un mes, ahora no los leo en todo un año. Me pregunto cómo lo hacía antes y cómo lo hago ahora. Lo ignoro.
    Es bien cierto que este año me lo he pasado francamente bien. La lectura me ha deparado ratos muy felicitarios. Releí a Salinger en su clásico y leí sus Nueve cuentos. Este libro quizá lo leí hace años, pues algunos de los cuentos me eran familiares. Sea como fuere disfruté lo indecible con Holden. La lectura fue demorada, comentada… ¡me pude reír lo indecible! (tomé notas para escribir algo sobre la adolescencia y ese baranda de Caulfield y luego me sobrevino algo que no recuerdo y se quedó en lo hablado: se lo llevó el agua por la sentina).
    Aún anduve con Hadot de quien todavía sigue uno de sus libros sobre mi mesa… Lo empezaré a leer de nuevo, pues lo tengo a medias. Es curioso –ya lo comenté alguna vez por acá, creo- cómo unos libros se sobreponen a otros. Tengo también desde hace meses una biografía de Unamuno que llegó con unos bríos imparables, con un volumen que da miedo… y ahí se quedó… Se tuvo que aguantar en la cola.
    Márai, sin embargo, apareció de improviso con varios volúmenes y fueron leídos con calma, con gusto, con irregular provecho…, pero leídos.
    ¡Qué decir de Cien años de soledad! También lo leí con mucho agrado. Sus inmensos párrafos me llevaron poquito a poco de acá para allá. También tomé notas para escribir… y acabaron en la misma sentina, en el mismo mar de la prisa y el olvido. De vez en cuando, al percibir que esos folios donde tomo notas me miran con acritud porque piensan que no fueron debidamente atendidos –y quizá tengan razón-… De vez en cuando, digo, los rompo y así dejo de tener tanto trabajo pendiente.
    Leo para mejorar, para ser feliz: condición suficiente. Para ser feliz necesito leer: condición necesaria. Junto a la lectura me hacen feliz otras muchas realidades, siempre fue así en mi caso. Con el paso de los años se comprende que será imposible leer los libros que deseo – al paso que voy, no leeré ni siquiera los que tengo en mi casa-, es por ello que no conviene sacrificar a ese empeño otras realidades que, por fugaces, por únicas, no admiten ser procrastinadas. El libro permanece ahí, el amigo se marcha, la persona no vuelve. Recuerdo cómo Delibes comentaba que se había desvivido en sus personajes y que, en algún modo, se lamentaba de ello, pues pensaba que le hubiera gustado dedicar más espacios de su tiempo al campo, a estar en el campo…
    Por algún sitio contó Cela del reloj que tenía don Pío Baroja en su casa. Lo hallo en su discurso de recepción del Nobel. Decía así don Camilo: Mi viejo amigo y maestro Pío Baroja tenía un reloj de pared en cuya esfera lucían unas palabras aleccionadoras, un lema estremecedor que señalaba el paso de las horas: todas hieren, la última mata. Pues bien: han sonado ya muchas campanadas en mi alma y en mi corazón, las dos manillas de ese reloj que ignora la marcha atrás, y hoy, con un pie en la mucha vida que he dejado atrás y el otro en la esperanza, comparezco ante ustedes para hablar con palabras de la palabra y discurrir, con buena voluntad y ya veremos si también con suerte, de la libertad y la literatura.
    Suenan cadenciosas las manecillas del reloj. La tarde del invierno trae el rumoreo del reloj y el piar lastimero del gorrión en alguna parte del tejado. El tiempo se mueve y no se lleva los libros, sino las vidas enteras, letradas o iletradas.
            
                    Un año más no logro pasar de los treinta… libros leídos.

4 comentarios:

  1. Qué gran cifra. Treinta son muchos. Los tiempos no corren a favor de la lectura. Este año esa va a ser mi cifra y ya están casi todos seleccionados salvo sorpresas. Aún no programados pero sólo ese cuestión de lápiz y papel.
    Magnífica foto.
    En estas navidades hemos expurgado en casa. Mi hija y yo. Lo empiezo a contar mañana en el blog...
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Don Antonio, gracias por estos breves momentos.

    ResponderEliminar
  3. no todo el mundo es komo usted eres especial para todos eres diferente eres la melodia de la musika. Sigue sempre asi y nunka nadie le odiara yo soy un admirador sekreto suyo gracias por todo: firmado the bird

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Con lo bonita que es la tercera letra del abecedario!

      Eliminar