Eduardo Aponte, el metabolista
Ya perdonarán mis lectores…, pero ustedes conocen lo que decía el fraile y qué llevaba al hombro… (quien no lo sepa que pregunte).
Tengo dos gordólogos a cual mejor: un metabolista
(no quiere ser nutricionista) y un endocrino.
Pues va mi metabolista y me cita en una de sus newsletter,
que es lo que viene a ser un boletín informativo. Lo envía con empeño y tenacidad
a todos sus pacientes y amigos que padecemos de sobra de kilos y las enfermedades
anejas a ellos: azúcar, inflamación, hígado graso, triglicéridos, corazón
ansioso, manteca en las venas, colesterol, amenaza de bomba y vida corta… ¡Los
gordos como los ricos tenemos de too!
Se preocupa mi hombre, como tantos buenos médicos, de que
aprendamos a comer como Dios nos mandó en nuestros genes y no como se empeñan
las empresas de nutrición y las farmacéuticas que nos explotan como cochinos y
nos estrujan la cartera como si fuéramos unos fregones…
Cita mi hombre como puede una frase originaria de Juan
Ramón Jiménez al poeta que nadie lee, como todos, incluido Lorca: ¿quién lee
poesía? La idea, la frase, la oración la popularizo curiosamente otro poeta más
loco que Juan Ramón: Leopoldo María Panero. Los dos poetas, uno premio Nobel y
otro «poeta
maldito», y
ninguno de los dos quemaba bien el gasoil… Vamos a la idea, que van cinco
párrafos y estoy mareando la perdiz…
En mi recuerdo, no sé si es literal o no, pero decían ellos
que “la escuela es una institución penal dedicada a asesinar nuestra infancia”.
Idea que comparto con Juan Ramón, con Leopoldo María y con mi metabolista…
y que enunciaba yo, todo solemne, el primer día de clase a mis atónitos alumnos…
| Juan Ramón Jiménez |
| Leopoldo María Panero |
Quid pro quo… Corto y pego la newsletter de
mi metabolista…
| 27 sept 2026, 11:19 (hace 2 días) | |||
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Una lástima.
A todos nos gusta que nuestros hijos sean de tez dorada y pelo rubio, vello corporal aterciopelado y casi albino.
Eso ocurre con el sol en verano.
Se ponen preciosos, crecen.
Juegan al aire libre, respiran, miran al horizonte, duermen lo que quieren. Son libres. ¡Viven!
Llega el colegio. Ese corral, esa cárcel enmascarada con dibujos en las paredes y muñecos, pero que no deja de ser una cárcel.
Tengo un amigo que me lee, ya jubilado, de los mejores docentes que ha habido en la historia, escribe libros. También un blog (te dejo el enlace: https://
Yo digo: "la escuela, esa máquina de destrozar metabolismos".
Mis hijos pasan una semana en el cole, segunda semana de septiembre y salen con el moreno caído, ojeras grises, pero enratao, y los pelos de los brazos negros como cerdas de cepillo de limpiar cuadras.
Cansados, decaídos, desnutridos.
Son un simple reflejo de lo que nos pasa a los adultos. Pero como los adultos estamos hechos polvo siempre... se nos nota menos el florecer de la vida ociosa, porque nunca la tenemos, y se nos nota menos la decadencia del cuerpo cuando nos privan de la misma.
Pienso en ellos. En el colegio, duermen poco, comen mal, salen media hora a la luz del sol, encerrados todo el día en una silla de tabla, luz artificial, como gallinas en crianza intensiva, comen la m de comida que la legislación propone para los comedores escolares, los papas le ponen galletas o un bocadillo de pan bien refinado para el recreo. ¿Qué quieres? Demasiado que no salen mutados con 3 ojos como el pez de los Simpson.
Al menos, si no es el sol, la luz, el sueño, ¿qué hacer para mejorar la salud de la familia? Comer bien, comer como siempre digo, acorde al diseño humano original. Es lo que cuento en este libro que te recomiendo en este ENLACE.
Feliz domingo.
EAA
M

Pensaba que iba también a recomendar tu último libro, el de la tutoría.
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