13 de febrero de 2026

563- Zafra Peña, Ildefonso; Santiago Marcos, Luis; Aragón Moriana, Arturo, Catedral de Jaén. Mirada plástica. Mirada cultural

 


Me libre Dios de afirmar que aquello, lo de ellos, es peor que esto, lo nuestro, lo mío. No tengo edad de caer en ese chovinismo cateto de exaltación del campanario propio. Sí es cierto, sin embargo, que solemos ser “candilicos de puerta ajena”, es decir: alumbramos y exaltamos lo ajeno, lo lejano y extranjero, lo de allí, antes que lo de casa por el mero hecho de no hacer aprecio de lo propio, por desconocimiento, por ese prurito que el refrán refrenda: "Gusta lo ajeno, más por ajeno que por bueno". En los años 60 en España los productos con marchamo alemán eran lo más de lo más, por ser alemanes, sin más. 

La catedral de Jaén es un espectáculo suspendido del Cielo y asentado en la ciudad del Santo Reino: la mire quien la mire y se mire desde… y como se mire. La contemplo a diario. La visito a diario y no me acostumbro. El espacio interior, además de la luminosidad que para ella quiso Vandelvira, causa en quien ora en ella, en quien la visita, una calma y un sosiego frutos de la armonía que invita a dirigirse a Dios. Distingo ver, mirar y contemplar, ojo: quien solo la ve en su visita sin mirarla ni contemplarla, si en su paseo solo percibe piedras y formas, es porque no ha penetrado en la intimidad y en el sentido trascendente de todo ese esfuerzo de fe y siglos… A diario me pregunto ¿cuántos canteros, carpinteros, escultores, albañiles… trabajaron en ella gran parte de sus vidas, incluido el mismo Vandelvira y no la vieron acabada y, sin embargo, yo me puedo permitir a diario el gozo de estar, de rezar, de recrearme y de dar gracias a Dios por ese medio que me acerca a Él de modo tan decisivo?

Es cierto que Dios está en todas partes (ojo, para Dios no hay tiempo y, por tanto, Él vive en presente: sigue estando HOY, ahora, colgado en la cruz, y sigue siendo el niño carpintero que se pierde y el joven que predica y cura…). Sí, se puede orar en cualquiera parte, como te puedes lavar donde haya jabón y agua, pero prefiero más la ducha de casa que el río que pasa ahora a mis pies, por muy limpia que el agua corra (me he bañado y aseado en arroyos serranos donde el agua bajaba… fría como el hielo: ¡ni espuma hacía el jabón!). Prefiero rezar en una capilla, en un oratorio recogido, en una catedral, como la de Jaén, antes que en una mezquita, por muy de Estambul que sea y por muy Mezquita Azul que le digan… A ver, me parezco en este sentido más a León XVI que a quien quiera rezar abrazado a un lentisco, siendo este bueno y de creación divina.

La catedral de Jaén es inmensa. Uno no la imagina hasta que está ante su fachada y después penetra en ella. A Teófilo Gautier, que visitó Jaén a mediados del XIX, comentó en su libro Viaje por España que le impresionó la desproporción entre la catedral y la urbe que vivaqueaba a los pies del castillo de Santa Catalina, observada por la catedral.

El libro que tiene a bien regalarme mi amigo Arturo Aragón atina de plano al manifestar en su portada que es una “Mirada plástica” y una “Mirada cultural”. Siendo lo mejor enemigo de la bueno, seguro que existen libros más extensos, detallados, documentados, etc. sobre la catedral de la Asunción, ¡segurísimo!, pero en esta obra de Aragón, Santiago y Zafra al lector que desee iniciarse con la historia y el acceso ilustrado a esta realidad es una excelente aproximación. Las fotos y los dibujos con magníficos. Un acierto esencial es que se contextualiza la construcción del templo en el Jaén que atraviesa los siglos y así se comprende mejor lo que es sencillamente fe y amor. Según su deán actual, Martínez Rojas, con ayuda de esta obra: “el sueño en piedra que ideó Vandelvira será también, más si cabe, palabra explicada e inteligible, verbo cálido y cercano hecho trazo e imagen”.

Por mi parte, quiero agradecerles a sus autores, las pistas seguras y certeras que dan para abundar en el conocimiento de esta realidad tan esencial en mi ciudad y mi existencia. Muchas gracias.



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