6 de febrero de 2026

560- Faulkner, William, LOS RATEROS

 



Última novela escrita antes de su muerte por el Nobel norteamericano y editada en 1962. Podría pensar que quien no conozca a Faulkner, que no siga leyendo, pero no me atrevo a tanto. Real como la vida misma: Vino un lector de inglés yanqui a mi centro, le pregunté por la generación perdida: “Faulkner, Dos Passos, Steinbeck, Capote…”, le enumeré, y me dijo que no los conocía y era, supuestamente, especialista, licenciado, experto, máster o lo que fuera en literatura contemporánea americana: no volví a hablar con él de literatura. Sigo. Quien no haya leído a Faulkner, si se lanza a la aventura de iniciarse por esta novela deberá armarse de paciencia hasta que se sitúe en el cronotopo que organiza el de Misisipi. Faulkner, imitadísimo en esto y otros rasgos de su obra, como intento al menos, crea un condado americano, Yoknapatawpha, para mí impronunciable es una palabra de una tribu de indios, los chickasaws. En este condado inventado por él, con sus ciudades, sus pueblos, su capital, Jefferson, su historia, sus lugares célebres... todo concebido por él. El Memphis, que hallamos en esta novela, y frecuentemente mencionado en otras, es una ciudad del condado de Yoknapatawpha y en su mundo imaginado e imaginario representa a la ciudad, al progreso, la modernidad y para él tiene un sentido despectivo, pues en ella se hallan todos los vicios en contraposición al campo y su pureza, sus tradiciones, sus historias tan particulares como inolvidables en la intrahistoria de sus novelas y para sus personajes (no es extraño que estas tengan lugar o se cuenten en más de una de sus novelas y las hallemos, ante nuestro posible desconcierto, en otros contextos y otras obras suyas, etc.). Insisto en sus novelas Memphis representa la "urbe" y centro de referencia para el norte de Misisipi. Es la ciudad grande y próxima, ciudad del vicio -el juego, la bebida, la prostitución, la corrupción y la modernidad–. Si eso es Memphis, el campo y sus gentes, repito, son aún naturaleza, pureza, honradez y sencillez natural y espontánea de la realidad y sus habitantes.

Esta obra de Faulkner la podemos hallar denominada con dos títulos distintos: Los rateros o La escapada. Su título original fue The Reivers: A Reminiscence. Este título en inglés daría una pista de la que carece el lector que tiene ejemplares con los otros títulos traducidos. Lo digo porque la obra comienza con un “EL ABUELO DIJO“, es decir, se trata de un narración en la que alguien cuenta algo que recuerda de manera vaga, es decir, una reminiscencia. Esto da sentido al punto de vista narrativo y la focalización variado que sorprende al lector, pues en ocasiones lee una narración en 3ª persona y se tropieza con una 1ª y una 2ª, en la que el narrador se dirige a un tú…, en este caso, el lector, si no se cae en este detalle me sucedió–, puede pensar que se trata de un fallo del autor, del traductor, que quien lee se ha despistado o sencillamente de una errata, como pensé en el primer tropiezo. Nada de eso, el autor es el responsable que procura las tres focalizaciones.

Así pues, sabido cómo se focaliza la obra, el lector asiste a la historia que nos cuenta alguien que narra lo que su abuelo contó, siendo este, en el momento de lo narrado uno de los protagonistas, un simpático niño de once años, Lucius Priest. El abuelo paterno y banquero de este, por no ser menos que el coronel Sartoris (personaje de larga estirpe y fama en las novelas de Faulkner), y aun estando en desacuerdo con la modernidad y el progreso, se compra un automóvil. Quien lo conduce habitualmente es Boon, empleado del padre de Lucius. Por el fallecimiento del abuelo materno de Lucius, la familia se traslada a otra ciudad, momento que aprovecha el pícaro Boon para organizar por su cuenta ¡la escapada! Se trata de irse con el coche del abuelo de Lucius a la Memphis famosa, donde se halla una prostituta, Miss Corrie, con quien pretende echar un ratico y, si fuera posible, casarse… Esta escapada se complica con la inesperada compañía de Ned, quien muy solemnemente suele contestar con su nombre completo cuando se lo preguntan: Ned William McCaslin Jefferson Missisippi. Este Ned es un negro que sirve a su amo en casa de los McCaslin y amigo tanto del niño Lucius como del sinvergüenza Boon. Apunte: Los negros en las obras de Faulkner son por norma un miembro más de la familia de los blancos y, en algunos casos, descendientes de hijos naturales de algunos de los señores, son personas que transmiten una sabiduría ancestral, so capa de socarronería, vaguedades, viejas anécdotas, burlona pillería… Lo que sucede en Memphis es absolutamente inesperado por el lector…, siendo todo una farsa grave y fruto de las trapisondas de unos y de otros y, en medio, Lucius… el niño de once años.

Creo que la novela se podría acercar a lo que en la literatura española llamamos picaresca o los alemanes bildungsroman, algo así como novela de iniciación o formación en la vida como viaje para un niño o un adolescente… El pobre Lucius pasa en menos de una semana de casa de sus padres, donde tiene el cobijo y el calor familiar, a la intemperie de un prostíbulo donde vive la amada-amante de Boon y la corte allí asilada: Mr. Reba la madama, con su amante; la pléyade de ninfas que allí trabajan; Minnie, la sirvienta negra; Otis el sobrino de Miss Corrie, chico bajito que dice tener 10 años, pero tiene en realidad 15 corridos y picardeados años, y es un auténtico sinvergüenza… Lucius comprende que se hallaba hacía prácticamente unas horas bajo el amparo de lo que él llama la Virtud, así la escribe Faulkner, para pasar a estar bajo la dictadura de la No-virtud y a ser esclavo de esta, pues el vicio, por ejemplo, la mentira, lo arrastra irremisiblemente: cuando se miente una vez, piensa, ya no hay manera de dejar de mentir y, por tanto, se ingresa en el desapacible hogar del vicio y el mal.

En la obra, todos los personajes, protagonistas o menos, unos y otros, se verán envueltos y arrastrados por un destino fatal e irresistible donde andanzas y sucesos inesperados, trampas inopinadas de la sinvergonzonería de algunos, que se encadenan irremisiblemente, y de las que solo parece se puede salir… dejándose llevar hasta su final.

Reconocible vivamente la narrativa faulkneriana en esta su última obra, donde el lector hallará, al menos así me lo ha parecido a mí, pasajes tan deliciosos y como genuinos del escritor americano.

Para terminar, diré que hay película basada en la novela y que protagoniza en el personaje de Boon el inolvidable, para mí, Steve McQueen. No he podido ver la película (que ya he conseguido) pero pienso, leída la novela, que el papel le va de maravilla a este pillo que fue, de increíble vida.



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