26 de marzo de 2026

570 – Arteta, Aurelio, LA VIRTUD EN LA MIRADA. ENSAYO SOBRE LA ADMIRACIÓN MORAL

 



Pasan los años y con estos también, en mi caso, las lecturas que realizo. Me sorprendía hace tiempo cómo llegaba por una lectura a calles que ya me eran conocidas por otras obras, por otros autores. Si somos de pensamiento e intención limpia, nuestro querer y nuestra inteligencia desembocan en calles aledañas a la verdad o directamente en ella. Al pasar por esta, por el bien, por la belleza, me suenan los escaparates de las aceras por las que paseo. Algo así me sucede con este libro de Aurelio Arteta a quien conozco solo por los libros que he leído de él y, sin embargo, me encuentro en su pensamiento con el de Alasdair MacIntyre, con el Leonardo Polo, con Alejandro Llano, con Ortega y Julián Marías… y con el de tantos otros que, sin nombres y apellidos tan reconocidos, me llevaron hasta donde digo. En la plaza se juntan muchos, aunque no todos.

Si les hablase de un magnífico asesinato, de un crimen cariñoso, de una mentira constructiva, ustedes se sorprenderían por los adjetivos que, en absoluto, les corresponden, salvo, metáfora o broma, a los sustantivos asesinato, crimen y mentira, pues ninguno de los tres son chacotas de recibo, mas por qué sí lo son, y de uso corriente, ira santa y envidia sana. Fue precisamente este último el que me llevó a la lectura de esta obra, porque siempre enseñé que la envidia sana, en español, se llama admiración, sentimiento universal que en inglés y francés no difieren tanto del español y algo más sí en chino: 欽佩. La envidia es una emoción que se convierte en sentimiento y que, en cualquier caso, es negativa, mala, destructiva de la realidad humana, por eso el cristianismo la incluye entre los siete pecados capitales: todos ellos rechazables. Por cierto, la ira santa se denomina celo, que mueve a Jesús, por ejemplo, a echar a los cambistas del templo, etc.

Denso, extenso, logrado y de ardua lectura es el libro de Arteta. Ha habido pasajes en los que por mi estado de ánimo en el momento o por la complejidad ¡o por estas dos realidades y muchas más! bien me dieron ganas de abandonar la lectura, opción que no consentí y continué leyendo. Es más. Algunos capítulos y muchos de sus pasajes los he escaneado para mi relectura y meditación y conservación personal.



La disección que Arteta hace de la admiración merece la pena ser seguida escrupulosamente. En el título, el autor, ya adelanta que esta es La virtud en la mirada, pero para evitar malentendidos o dar alguna pista al lector interesado subtitula: Ensayo sobre la admiración moral. Desde qué es la admiración en sí, qué se ha entendido por ella en las distintas corrientes de pensamiento moral a lo largo de la historia grosso modo, pasando por filósofos y pensadores tan relevantes y opuestos como puedan ser Adam Smith y Kant, desde Aristóteles… Arteta no deja rincón sin revisar: quién es y en qué condiciones se puede admirar a alguien, por qué, quién puede adquirir la denominación de admirador y admirable, ¿es común esta realidad en todas las culturas en tanto que urdimbre del ser humano?...

Intento expresar en un párrafo lo que el autor nos ayuda a comprender y no hallo mejor medio que seleccionar uno del propio libro donde mi lector posible puede encontrar lo que me gustaría ofrecerle y Arteta escribe: “Repuesto en su integridad el sujeto moral real, lo que aquí se defiende es que ese fin de la perfección propia lleva consigo la admiración de la mayor perfección ajena como síntoma y como medio. Tal es nuestra hipótesis central: que este sentimiento, aun confuso, es indicio de una saludable disposición moral y apunta al querer, poder y deber de la propia perfección. Ese querer o semejante conciencia del deber no arrancan de la admiración cómo su móvil último, pero a menudo sí como un móvil inmediato, o sea, con ocasión de ella y a una con ella. Actuar como sujeto moral comprende el admirar a otros sujetos morales. O, si se prefiere, llegamos a ser buenos si antes somos buenos admiradores”.

Que el ser humano es moral porque es perfectible y solo lo es una sociedad donde otros son y están es evidente; que es imposible contemplar y mirar la excelencia sin querer imitarla es necesidad sin qua non para el hombre… ¡es maravilloso! Quien solo se contenta con ver, sin mirar ni contemplar una realidad ad-mirable y no se le mueve una fibra del alma es porque está muerto, es una piedra o una ameba. Escribo esto muy cerquita de las marismas del Rocío y recuerdo una canción rociera que viene a decir: que caballo que con tres años, ve a una yegua y no relincha, o no le gusta la yegua o tiene prieta la cincha. Con perdón, doy un salto ontológico: era Ortega quien afirmaba que una mujer guapa invita con su presencia a un aplauso (o algo así). Esto era ciertamente antes: si Ortega por muy “y Gasset”, que fuera, se le ocurriera semejante acto admirativo hoy sería tachado de facha, machista y terminaría en la perrera de la comisaría.

No ha de olvidarse lo que Arteta afirma en el párrafo que reproduzco: he señalado decenas de ellos. “Repuesto en su integridad el sujeto moral real”… Iba a pasar de largo sobre un suceso real, actual, en un centro educativo (no sé si en más) donde hay alumnos que inducidos por no sé quién califican a Antonio Machado de pederasta porque se casó con Leonor Izquierdo cuando esta tenía 16 años… ¡literalmente estamos desquiciando la realidad! Pensaba que muchos de estos sucesos me cogían a traspié y de ahí mi falta de comprensión de los mismos, por mi edad, mis lecturas, la cultura a que pertenezco, pero poco a poco comprendo que no es así, sino que la realidad en muchos de sus ámbitos ha perdido literalmente los goznes sobre los que necesariamente ha de girar (¡al margen de opciones, culturas, etc.!) y aterrizamos en un mundo que, ¡siendo el nuestro!, no comprendemos. Aquí no hay salido ninguna hoja roja, como en la novela de Delibes: a don Eloy se le pasó el arroz, a nosotros, a muchos de nosotros nos lo están quemando intencionadamente; no estamos fuera de nuestro tiempo, sino que pretenden que vivamos en una realidad paralela, virtual y falsa… ¿¡Machado un pedófilo!?

Merece la pena hacer el esfuerzo intelectual para leer este libro, si usted gusta de los ensayos filosóficos que no ponen tasa a sus búsquedas para llegar a la verdad, para aclarar los caminos que pueden conducir a ella, si gusta de la claridad que puede alumbrarla.

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