Desde mi perspectiva
ABC, 11/07/2020
Cómo tiene que ser un tomate para que sepa realmente a
tomate
Cocineros de
diferentes restaurantes revelan qué tomates utilizan para preparar una ensalada
imprescindible en el verano
No seré yo quien diga a
los demás cómo se tienen que buscar la vida. De algo habrá que escribir cuando
con el verano amenaza la sequía de noticias, que no es precisamente el
caso de este 2020.
El otro día leía en Revista
de Libros que a Delibes se le lee poco. Su obra fue el objeto de mi tesis
(conservo las notas que tomé para su redacción, los borradores de la redacción,
etc. ¡uno no es una mierda de presidente de gobierno!, sino un paria al uso que
se curra su tesis a pulmón, etc.). Me temo que no solo no se lee a Delibes,
sino que tampoco se lea a Unamuno ni a Cela ni a Vázquez Montalbán ni a García
Hortelano…
Cuando
leo titulares como el presente, o escucho a mis alumnos, u oigo algunas
noticias me acuerdo del viejo Eloy, el protagonista de La hoja roja.
Supongo que seguirá saliendo esta hoja que avisa de que quedan pocos papeles
para terminar el librillo de liar tabaco. Es la metáfora del título: al viejo
Eloy ya le salió la hoja roja, el aviso del cajetón a la vista. Eloy llegó un
momento en que no entendía el mundo en torno. ¿¡Cómo tiene que ser un tomate para que sepa a tomate!?
Parece obvio: ser un tomate. El problema es que ahora los tomates parecen tomates,
pero no lo son; los huevos lo parecen, pero…; la verdad lo parece, pero…;
alguna mujer lo parece, pero… Es el equívoco del barroco llevado a su enésima
potencia, es decir: a la falsedad. ¡Me temo que tengo la hoja roja en la mano!


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