Cuando hablamos de pueblos o
ciudades medievales acuden a nuestras mentes imágenes que nos han mostrado las
películas que hemos visto: un herrero que feliz doblega el hierro candente, el
vendedor ambulante que vocea sus productos, los viandantes que van y vienen de
aquí para allá, religiosos con sus hábitos talares… Y no nos imaginamos seres
semidesnudos que, hambrientos, caen en plena calle por no haber tenido nada que
llevarse a sus bocas durante días y días…
Nadie asociaría la palabra obispo a
persona semidesnuda cubierta de pieles o directamente desnuda y melenuda, con
guedejas largas y descuidadas. Sin embargo, estos individuos existieron y
optaron a obispados en el mundo bárbaro dominado ya por el cristianismo. Ese
aspecto fue prohibido para acceder al cargo y, si se prohibió, es porque hubo
quienes de esa guisa quisieron optar a las sedes episcopales.
Si hablamos de la Tierra, en tanto
que planeta, de inmediato acude la imagen más o menos esférica y azulada en que
vivimos, pero olvidamos que durante miles de años hubo hombres, personas que no
supieron ni cómo era el planeta que habitaban ni se lo planteaban ni les
importaba ni hubieran tenido medios para averiguarlo. Hoy nos preguntamos si
hay seres más allá de nuestra galaxia.
Podría seguir en otros ámbitos mil,
en circunstancias sin cuento y donde voy es camino de lo que se llamó presentismo.
En concreto me quiero referir al presentismo histórico, que es no solo
un error en enfoques e imágenes que deseando ayudarnos a comprender
nuestro mundo o nuestra realidad, y viniendo del pasado, inducen a error. Lo
cometemos el vulgo y lo cometen ciertos enfoques
metodológicos comunes en la investigación histórica y humanística.
Así, en juzgar o interpretar hechos, ideas o comportamientos del pasado
utilizando únicamente los valores, la ética y los conocimientos actuales.
¿Podía acaso un ciudadano romano
sentir misericordia por un esclavo al que denominaba res, es decir, ‘cosa’…?
Obviamente no. Hoy, a cualquier ciudadano del mundo occidental rico, la palabra
esclavo le repugna e imagina un tipo harapiento en esa Roma citada o a un negro
en los algodonales del sur de los USA en los estados de Luisiana, Misisipi,
Florida, etc. Sin embargo, no alcanza a imaginar que, por sus calles, allí por
donde a diario camina hay otras muchas clases de esclavitud que no parecen
afectarle… Solo le alcanza aquella esclavitud de la que opina dos mil años
después de que ocurriera o trescientos años escasos después (la esclavitud en
España estuvo vigente hasta 1886 y en Mauritania ¡hasta 1981! Aún hoy se
pueden comprar fraudulentamente esclavas en el norte de África).
El término presentismo adquirió
plena vigencia en las décadas de 1960 y 1970 a través de los trabajos de
historiadores de la "Escuela de Cambridge" como Quentin Skinner, John
Dunn y J. G. A. Pocock, quienes intentaron establecer protocolos estrictos
contra este grave error de enfoque para evitar errores graves en las ideas
políticas de su contexto histórico original.
Alguna vez veo un rato en alguna
cadena televisiva mientras espero algo, pero no soy aficionado a los gallineros
televisivos donde analistas (?), periodistas (?), bebedores de café -supongo- y
otros artistas, incluidos los inevitables políticos se dedican a gritarse y a
dar tirones de la manta en las más diversas direcciones y hasta es posible que
alguno lo haga en la dirección de la verdad, pero donde se juzga todo, lo de
ayer y lo de hace décadas, con la misma perspectiva presentista de que vengo
hablando y con errores evidentes que sonrojan.
Me llega de una alumna de segundo
de bachillerato que “Machado era un pederasta” porque se casó con Leonor cuando
ella tenía 15 años -edad legal entonces para poder casarse-. Esta pobre alumna
actual, cargada de orgullo feminista, se hunde en el cieno presentista y olvida
que muchos adolescentes HOY se casan con menos edad que esa y
nadie los llama así, aunque a ella habría que calificarla de pobre ignorante
iletrada.
Muchas gracias por el tiempo y la sabiduría que nos regalas a través de tus reflexiones en voz alta.
ResponderEliminarHoy leyéndote, me surge la duda de hasta que punto podemos liberarnos de ese presentismo cuando todos somos, en parte, consecuencias de nuestras circunstancias, las personales y las que nos acompañan por nacer en el momento del tiempo en qué vivimos,. Creo que podemos intentar hacer el ejercicio de abstracción de las circunstancias de nuestro tiempo que inevitablemente modelan nuestra forma de ser y de pensar, pero realmente lo conseguimos de forma plena?
Muchas gracias por tu tiempo, tu trabajo y la sabiduría que pones en estás reflexiones en voz alta que tienes a bien compartir en el espacio infinito de internet.
ResponderEliminarHoy al leerte, no puedo evitar pensar si realmente podemos liberarnos del presentismo en nuestros juicios o valoraciones de los acontecimientos del pasado, d la misma forma que no sé si seríamos capaces de liberar nuestros juicios o valoraciones del sesgo inconsciente que aplicamos consecuencias del lugar en el que crecimos, de la cultura en la que crecimos y del tiempo en el que crecimos y vivimos.
Por eso me preguntó, hasta que punto uno puede desnudarse de todo eso que en el fondo forma parte indisoluble de nosotros mismos para intentar ver el pasado tal y como lo vio la gente que les tocó vivirlo, sin la afectación inevitable de lo que somos.
Muchas gracias
Muchas gracias por tu tiempo, tu trabajo y la sabiduría que pones en estás reflexiones en voz alta que tienes a bien compartir en el espacio infinito de internet.
ResponderEliminarHoy al leerte, no puedo evitar pensar si realmente podemos liberarnos del presentismo en nuestros juicios o valoraciones de los acontecimientos del pasado, d la misma forma que no sé si seríamos capaces de liberar nuestros juicios o valoraciones del sesgo inconsciente que aplicamos consecuencias del lugar en el que crecimos, de la cultura en la que crecimos y del tiempo en el que crecimos y vivimos.
Por eso me preguntó, hasta que punto uno puede desnudarse de todo eso que en el fondo forma parte indisoluble de nosotros mismos para intentar ver el pasado tal y como lo vio la gente que les tocó vivirlo, sin la afectación inevitable de lo que somos.
Muchas gracias
La lectura y la adquisición de los conocimientos del momento en que nos deseamos situar nos ayuda a no caer en el presentismo. Cierto que es difícil saber si nuestros juicios son certeros con respecto a las decisiones que tomaron quienes nos precedieron mucho tiempo antes, o no tanto. Nunca me gustó juzgar las intenciones de los demás, pero, entiendo que, a veces, las evidencias nos llevan a ello y, si no acertamos con la verdad, nos podemos hallar muy próximos a ella.
EliminarEl "Tolle, lege"... de san Agustín me parece una buena metáfora para el asunto de que hablamos.
Gracias por sus letras.
Por "Desconocida" ignoro quién es usted, pero le agradezco igualmente el leerme y, además, dejar unas letras que me animan a seguir compartiendo de lo que dipongo y aprendí de otros en el camino. Muchas gracias.
ResponderEliminar