Me ocurrió ayer 11 de julio del
año 26 de este siglo XXI. Visitaba una preciosa ermita en medio de un monte
asturiano donde nadie había. Rodeada de bosques y prados, fundada en el siglo
X, había necesitado restauraciones y retoques posteriores. Idílico espacio para
rezar y estar.
Me encuentro con un paisano,
como aquí los llaman, que aparece de pronto y entablo conversación. Nos
lleva esta, los saca él, a temas de orden mundano. La guerra civil española y
la política actual. Se declara mi hombre muy muy de izquierdas: del antiguo PCE
de la lucha antifranquista.
Su idea es que una borrega blanca,
no puede dar borrego negro. Lo ignoro, pero eso dijo. Su madre era roja, eso
añadió y, por tanto, él era rojo de nacimiento, aunque había una contradicción
en su tesis porque su hermano, el mayor, era “muy muy de derechas” (deduzco que
borrega blanca puede parir cordero negro y la IA me lo confirma).
Me anonada una realidad de la
que tuve noticias hace casi cincuenta años: personas que se alegraban con los
asesinatos de ETA. Este andóbal decía que también él se alegraba de los
asesinatos de la banda terrorista. “¿Es posible?”, me pregunta una persona que
me acompaña. Es así. Conocí en los ochenta, en la mili a vascos que se
alegraban de la existencia de ETA, vascos que comprendían y justificaban el
asesinato como medio de lucha política… ¡Y el tiempo les ha dado la razón! Mata
hoy, que mañana sacarás tajada. Zarandearon la nogala y cayeron las nueces que
unos cosecharon un tiempo. Con el paso de los años quienes movían el árbol también
recogen hoy la cosecha. Matar les trajo cuenta. Poner los muertos sobre la mesa
les benefició…
Corderos blancos o negros, lo
que vengo a concluir es que estamos a diez años de que pase un siglo del final
de la guerra civil y aún estamos distinguiendo a tiro limpio si son galgos o
podencos, blancos o negros los corderos, rojos o azules los vecinos… y “Ahora
está todo muy revuelto con estos del PP y el PSOE”…, concluyó.
Dejo de hablar con ese pobre hombre
a quien, al parecer, aún le chirrían los dientes por el odio y echa espumarajos
de sangre por la boca… Quédese en paz junto a la ermita, pobre hombre, a ver si
alcanza alguna gracia que le dé paz.
Hace ya algunas décadas hice una
tesis doctoral sobre la idea de progreso en la novela de Miguel Delibes y viene
a demostrar su coherencia entre sus ideas y lo escrito en sus creaciones novelísticas.
El progreso solo se haría realidad si se cumplía la máxima del Maestro: “Amaos
los unos a los otros como yo os he amado” (Jn, 13, 34).
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