12 de julio de 2026

EL ROJO DE LA ERMITA



Me ocurrió ayer 11 de julio del año 26 de este siglo XXI. Visitaba una preciosa ermita en medio de un monte asturiano donde nadie había. Rodeada de bosques y prados, fundada en el siglo X, había necesitado restauraciones y retoques posteriores. Idílico espacio para rezar y estar.

Me encuentro con un paisano, como aquí los llaman, que aparece de pronto y entablo conversación. Nos lleva esta, los saca él, a temas de orden mundano. La guerra civil española y la política actual. Se declara mi hombre muy muy de izquierdas: del antiguo PCE de la lucha antifranquista.

Su idea es que una borrega blanca, no puede dar borrego negro. Lo ignoro, pero eso dijo. Su madre era roja, eso añadió y, por tanto, él era rojo de nacimiento, aunque había una contradicción en su tesis porque su hermano, el mayor, era “muy muy de derechas” (deduzco que borrega blanca puede parir cordero negro y la IA me lo confirma).

Me anonada una realidad de la que tuve noticias hace casi cincuenta años: personas que se alegraban con los asesinatos de ETA. Este andóbal decía que también él se alegraba de los asesinatos de la banda terrorista. “¿Es posible?”, me pregunta una persona que me acompaña. Es así. Conocí en los ochenta, en la mili a vascos que se alegraban de la existencia de ETA, vascos que comprendían y justificaban el asesinato como medio de lucha política… ¡Y el tiempo les ha dado la razón! Mata hoy, que mañana sacarás tajada. Zarandearon la nogala y cayeron las nueces que unos cosecharon un tiempo. Con el paso de los años quienes movían el árbol también recogen hoy la cosecha. Matar les trajo cuenta. Poner los muertos sobre la mesa les benefició…

Corderos blancos o negros, lo que vengo a concluir es que estamos a diez años de que pase un siglo del final de la guerra civil y aún estamos distinguiendo a tiro limpio si son galgos o podencos, blancos o negros los corderos, rojos o azules los vecinos… y “Ahora está todo muy revuelto con estos del PP y el PSOE”…, concluyó.

Dejo de hablar con ese pobre hombre a quien, al parecer, aún le chirrían los dientes por el odio y echa espumarajos de sangre por la boca… Quédese en paz junto a la ermita, pobre hombre, a ver si alcanza alguna gracia que le dé paz.

Hace ya algunas décadas hice una tesis doctoral sobre la idea de progreso en la novela de Miguel Delibes y viene a demostrar su coherencia entre sus ideas y lo escrito en sus creaciones novelísticas. El progreso solo se haría realidad si se cumplía la máxima del Maestro: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (Jn, 13, 34).


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