REVISTA DE LIBROS
Hikikomori
por Rodrigo de Vivero
Conocía el perfil de a quien así llaman en Japón. Personas cuya rebelión contra el sistema de vida japonés consiste en encerrarse en casa. El 75% son varones y suelen ser los hijos primogénitos de las familias. No ha mucho se asociaba a un joven adicto al ordenador y encerrado en un dormitorio-galguera. Calculan que en Japón (126,5 millones de habitantes) hay unos 613.000 entre 40 y 64 años y 541.000 entre 15 y 39, es decir: un millón doscientos mil hikikomori. No trabajan ni estudian, no salen nunca de casa, son mantenidos por sus progenitores; algunos no tienen relación con el mundo exterior ni por Internet. No se sabe a ciencia cierta cuál es la etiología del problema, pero se piensa, como escribí arriba, que se trata de rebelarse contra el sistema.
Cualquiera
con dos dedos de frente se preguntará: ¿y qué ganan con eso? ¿En qué mejoran a
la sociedad? Servidor, como no gasta, no sabe. Piensa y discurre para usted.
Me acuerdo de un
artículo de R. K. Merton sobre la marginación anómica. Él no habla de los hikikomori,
pero sus características me recuerdan a los pasotas que rechazan los
objetivos sociales y los medios institucionales y viven en la apatía nini.
Merton también habla
del rebelde, que no se limita a repudiar los objetivos sociales y las prácticas
institucionales existentes, sino que se propone objetivos y medios
alternativos. Este comportamiento no es de un marginal, ni hetero ni
automarginal.
Todo esto viene al caso
de un grupo juvenil de un partido español que pretende la convulsión del
Sistema. ¿Para que demos a luz un nuevo mundo? Con paciencia leo algunos de sus
manifiestos y monsergas y pienso que Merton debiera añadir a los hikikomori
mentales, como enanos intelectuales encerrados en el infernal círculo de su
necedad.


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