Querido Charlie:
Lo
ocurrido el sábado no es una tragedia. Fue un movimiento más de la vida. Comporta
sufrimiento para nosotros, los que te queremos, pero es un acto más de la
normalidad en que tu vida y la nuestra se han movido: te has muerto. ¡Eso es
charlie!: Te has muerto. Así: ¡te has muerto! Ciertamente tenías muchos años,
pero los hay con más. Estabas enfermo, pero los hay más enfermos que tú lo
estabas y siguen a este lado de la muga. Ni siquiera te “tocaba”. El asunto es
que ya estabas frito, eso es: fri-to. “Fatal”, me dijiste. No recordaba que
hubieras usado esa palabra nunca en tu vida referida a tu estado: “Estoy
fatal”, insisto, me dijiste. “Me voy a morir”, me confesaste. Era una
resolución, una idea, un proyecto, una meta… a la que muchos llegan sin querer,
por accidente, contra su voluntad, a rastras, sin saberlo, llorando y rabiando,
sin comerlo… ni beberlo. Pero ese no es tu estilo, ni el mío. María José que es
muy simpática, diría: “Nosotros no somos de morirnos así”. No, tú no: tú
decidiste que ya estabas fatal: que era llegada tu hora de
entregar la cuchara y un sábado –hermoso día por muchas razones que tú, Ella y
yo sabemos-, voluntariamente, llamaste al teléfono del Jefe. No esperaste a que
Él te llamara: tampoco es de nuestro estilo, sino que tú decidiste hacerlo,
adelantarte, ¿a qué esperar? Muy tuyo por otra parte. A ti siempre te gustó
todo ordenado, previsible, equilibrado: “el agua clara y el chocolate…”. Nada
de improvisaciones, nada de prontos: las ocurrencias para los mulos y los colorines
del campo. “Las cosas pensadas salen bien”, me dijiste muchísimas veces. “Es
pensándolas y a veces…”. Innecesario seguir. Algunas veces…
Me
voy aparte que me estoy alargando el párrafo y luego me echan el perro.
Hablando de perros. Las perras no te echarán de menos. Las perras nuestras, ya
sabes, tan educadas, tan humanizadas, tan entendedoras, tan… nuestras… ¡no te
echarán de menos, charlie! Yo, sin embargo, he empezado con la macana de
siempre en estos casos. Lo siento. Tú lo sabes. “No te veré nunca
porque te has ido para siempre”. Perdóname: no me lo
explico. Es para mí un enigma. Es cierto que nunca me tocó la lotería,
pero quien sabe… Es cierto que siempre que echo la lotería nunca
me toca, pero quien sabe… En este caso, sin embargo, se lo dije a Amanda, siempre y
nunca toman unas dimensiones que escapan a lo comprensible, se elevan
hasta lo inefable y ya necesitamos a un poeta. Tú y yo no somos poetas, charlie.
Tú y yo somos meros narradores de lo que acontece en la calle –iba a poner un
adjetivo que humanizase peyorativamente y diera carácter a calle, pero lo evito-. Eso es. Ni siquiera somos narradores de la…
rúe. No. Las perras no te echaran de menos. Nosotros sí, charlie. Nosotros sí.
Hoy me decía Gonzalo que se rió mucho con Un
charlie cualquiera, que le gustó. Sí, le gustó más que Dios no come caracoles. El gusto sobre esto de los libros… tú lo
sabes. Ya no pudiste leer Dios no come
caracoles. “Necesito una letra más grande”, me dijiste, y no me dio tiempo
para esa impresión. Un charlie cualquiera,
sin embargo, sí lo leíste… y te entretuvo, te gustó. Dios no come caracoles, pienso que sí entraba en tu estilo de
zanjar algunos problemas, donde se daba ese principio básico, físico, popular
que afirma “cuanto menos bulto más claridad” y que relacionan los más leídos y listos
con Goethe y su muerte, pero ahí no te llegaban ya a ti las lindes de la finca.
Era eso: claridad. Claridad pedía el alemán al final de sus horas… Tú no
la necesitaste: tú la tenías, lo tenías claro que te querías ir, que te ibas…
que estabas de acuerdo con la palabra dada. “Me quiero morir”. Esta es la
segunda macana: me digo mil veces al día “De esto ya no tendrá noticia como
cuando andaba por el barrio… Ni de esto otro, ni… Ya no leerá, no verá, no sabrá…
¿o sí?”. Es el segundo peldaño: no sabrá, el primero, siempre
y nunca, el primero.
Estoy
seguro de que has entrado en la claridad, en la belleza, y que ahora mismito gozas
de tanto como echaste de menos aquí; que ya terminó este tiempo de verdadera
penitencia… Conforme. Te fuiste porque quisiste… y conforme. Claridad y
conformidad: eso es. Te salían las cuentas, charlie. El saldo te pareció
suficiente. De esos saldos cada uno sabe los suyos…, ¿es? Pues eso. Que no me
resigno, que no me hago idea, que las perras… -no lo escribo de nuevo que María
Pilar dice que me pongo muy cansino-, pero que no pienso dejar de escribirte… y
que tú y yo seguiremos hablándonos, aunque quizá los demás… no lo entiendan,
pero ese es un problema, de la gente
“¿Y qué nos importa a nosotros la gente!?,
decías tú cuando alegábamos que La gente hacía
o dejaba de hacer o iba o venía… “¡Y a nosotros qué… nos importa la gente!”.
Pues eso. Tú y yo…
Con
cariño,
Tucho
Castelo.
Posdata: Murió Botín hace unos días, después se murió
Isidoro Álvarez… Ojo que tú, como dijo la gitana del chiste, no
eres otoridad, charlie. Tú sigue cuidando las amistades y ahí, donde
ahora estás, a lo tuyo. Tú con los tuyos, con los nuestros…, a lo nuestro.
Ha de ser por este medio, porque nunca he conseguido hacer llegar ningún comentario por otra vía que, seguramente, será más lógica, pero que a mí, que no inventé la informática (ni nada), se me atraganta.
ResponderEliminarNunca he conocido a Charlie, aunque me lo imagino cazador por esas sierras de Andújar. Fíjate, las cosas de la vida, la fotito está hecha a la vista de la Morenita, ¡qué casualidad! , ¿o no es casualidad?
Tu obituario magnífico. Se ve que lo querías; por eso le has echado unas “buenas honras” como se dice en mi pueblo.
Pues nada, que pido al Señor por ese amigo, que al serlo tuyo ya también lo considero entre los míos.
Un abrazo.
Tus deducciones no te engañaron... Les suele pasar a las personas conspicuas e inteligentes. Muchas gracias por tus palabras, más aún sin saber del todo cuan cerca andaba la pérdida. Con cariño y lo escrito ya.
EliminarIntimo y precioso, Antonio. El siempre te leerá.
ResponderEliminarDescanse en paz su cuerpo y su alma...
M. Carmen M. B.
Gracias a ti. Lo hablado. Con cariño y agradecimiento.
EliminarMuchas gracias, Antonio por este rato tan entrañable de lectura, ten la seguridad de que Ella lo ha recibido como lo que es, una auténtica Madre.
ResponderEliminarTú que lo conocías sabes que no esto responde a la realidad más evidente en el caso de su vida. La realidad es muy tozuda, suelo escribir. Gracias, Nacho por tanto bueno. Otro abrazo para ti.
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