11 de agosto de 2026

La inteligencia artificial y sus amos

 


No son pocos entre mis amigos que me corrigen, regañan o señalan mi incapacidad y simpleza (?) para considerar la presencia del mal en mi entorno, y muy particularmente y en concreto, a las malas personas. Es posible. Me resulta inconcebible que alguien quiera hacer el mal por el mal, que quiera ser malo, que no anhele ser mejor y luche contra sus vicios y procure pulirlos cuanto pueda. La definición del hombre de Polo me encanta y me resulta inequívoca: el hombre es el perfeccionador perfeccionable. El hombre se autoconstituye en la acción, dijo Aristóteles, y así mientras el hombre busca necesariamente la perfección de cuanto le rodea, en ese hacer y obrar, él mejora. ¿Se puede permanecer indiferente ante la posible mejora personal y el anhelo de mejorar el entorno? ¡¡Pues sí!! Existen esas personas de conciencia deformada, a quienes nada les importa distinto a sus deseos egoístas, y menos que nada, su mejora personal, y un comino los demás y la mejora del mundo: van en busca de sus fines particulares sin importarles los medios. Esas son estrictamente las malas personas.

Hice una entrada sobre la inteligencia artificial y lo escribí desde una perspectiva muy personal, como casi todo cuanto escribo en este mi blog. Este medio me procuró una fórmula, lejos de las columnas periodísticas y mis colaboraciones, un medio excelente para escribir sobre lo que me diera la santa gana, con la extensión que quisiera, en el tono que me apeteciera, etc. Supongo que, si se hiciera un estudio sobre la evolución del uso que hice de este blog, hallaría cambios, entiendo; aunque no seré yo quien lo realice en las 1215 entradas que se cobijan bajo este blog De un charlie cualquiera más los 186 de El poder de los sin poder, que clausuré en 2013. En ambos hay mucho material al que aplicarse.

Ignoré en la citada entrada sobre la inteligencia artificial la perspectiva de quienes nos la proporcionan, cómo, por qué… medio con un sesgo concreto ante la que conviene ir armado y precavido. Antes se usaba mucho el refrán que afirmaba que “hombre precavido vale por dos”: ahora hace años que no lo oigo. Inconcebible que de la nada salieran las realidades del mundo en que habitamos, pues otro tanto ocurre con la inteligencia artificial. ¿Qué pretenden quienes son sus “dueños”, quienes la manejan y nos la ofrecen, etc.? ¿Son buenas sus intenciones? Ya dije que Daniel me advertía que la IA puede mentir o decirnos de realidades que no son exactamente tal y como nos las cuenta. ¿Qué pretende quien tal procura? ¿Para qué? ¿Qué ideología la afecta, qué desea colocarnos en sus amables cajas de golosinas?

Se me ocurre que el dinero y el poder, anhelos comunes entre los hombres, ponen al servicio de quienes los tienen muchos de los otros deseos muy humanos: la soberbia de sobresalir, el éxito que lame la vanidad, el disfrute de bienes sin cuento… 

¿Buscan eso los poderosos que gobiernan y mandan en la IA? ¿Podría darse la realidad de que algunos solo quieran ayudar a la humanidad y la pongan al servicio de los demás para alcanzar un mundo mejor? Todo es posible.

El empresario de inteligencia artificial que acompañó al papa León XIV en el Vaticano durante la presentación de su primera encíclica (Magnifica humanitas) fue Christopher Olah. Este canadiense es uno de los pioneros tecnológicos en la IA y cofundador de Anthropic, la firma de IA creadora del modelo de lenguaje Claude (investíguelo y verá su interés). Olah participó activamente como orador laico en el evento de lanzamiento mundial en la Santa Sede, respaldando la necesidad de establecer límites éticos frente a los riesgos del desarrollo tecnológico sin control corporativo. Y ahí está el tomate… la formación cierta de las conciencias y poner los límites éticos y morales. «Todo me es lícito, pero no todo me conviene».

Durante la presentación de la encíclica en el Salón del Sínodo del Vaticano, el informático canadiense, sentado a la izquierda del Pontífice, recalcó que el desarrollo de la tecnología no puede dejarse únicamente en manos de quienes dirigen las empresas e instó a una mayor supervisión por parte de los líderes religiosos, los gobiernos y la sociedad civil. También alertó de la existencia de «una posibilidad real» de que la IA genere desempleo «a gran escala» y de que su desarrollo se concentre en «un puñado de naciones ricas». «Algunos podrían creer que los asuntos de IA los manejan mejor los informáticos como yo», dijo el ejecutivo. «Se equivocan», concluyó.

De unos años a esta parte, Dario Amodei, cofundador y director ejecutivo de Anthropic, la empresa responsable de Claude, un modelo extenso de lenguaje, ha alertado en varias ocasiones sobre el peligro de que la inteligencia artificial genere una crisis de empleo sin precedentes o que incluso acabe representando una amenaza para la supervivencia de la humanidad. Y todo esto, como no podía ser menos preocupa a la Iglesia y a todas las personas de bien que por el mundo habitamos y hemos tenido noticias de todo esto.

Bienvenida la IA…, pero ojo con su uso y sus amos…

No hay comentarios:

Publicar un comentario