No son pocos entre mis amigos
que me corrigen, regañan o señalan mi incapacidad y simpleza (?) para considerar
la presencia del mal en mi entorno, y muy particularmente y en concreto, a las
malas personas. Es posible. Me resulta inconcebible que alguien quiera hacer el
mal por el mal, que quiera ser malo, que no anhele ser mejor y luche contra sus
vicios y procure pulirlos cuanto pueda. La definición del hombre de Polo me encanta
y me resulta inequívoca: el hombre es el perfeccionador perfeccionable. El
hombre se autoconstituye en la acción, dijo Aristóteles, y así mientras el hombre
busca necesariamente la perfección de cuanto le rodea, en ese hacer y obrar, él
mejora. ¿Se puede permanecer indiferente ante la posible mejora personal y el
anhelo de mejorar el entorno? ¡¡Pues sí!! Existen esas personas de conciencia
deformada, a quienes nada les importa distinto a sus deseos egoístas, y menos
que nada, su mejora personal, y un comino los demás y la mejora del mundo: van
en busca de sus fines particulares sin importarles los medios. Esas son
estrictamente las malas personas.
Hice una entrada sobre la inteligencia
artificial y lo escribí desde una perspectiva muy personal, como casi todo
cuanto escribo en este mi blog. Este medio me procuró una fórmula, lejos de las
columnas periodísticas y mis colaboraciones, un medio excelente para escribir
sobre lo que me diera la santa gana, con la extensión que quisiera, en el tono
que me apeteciera, etc. Supongo que, si se hiciera un estudio sobre la
evolución del uso que hice de este blog, hallaría cambios, entiendo; aunque no
seré yo quien lo realice en las 1215 entradas que se cobijan bajo este blog De
un charlie cualquiera más los 186 de El poder de los sin poder, que
clausuré en 2013. En ambos hay mucho material al que aplicarse.
Ignoré en la citada entrada sobre
la inteligencia artificial la perspectiva de quienes nos la proporcionan, cómo,
por qué… medio con un sesgo concreto ante la que conviene ir armado y precavido.
Antes se usaba mucho el refrán que afirmaba que “hombre precavido vale por dos”:
ahora hace años que no lo oigo. Inconcebible que de la nada salieran las realidades
del mundo en que habitamos, pues otro tanto ocurre con la inteligencia
artificial. ¿Qué pretenden quienes son sus “dueños”, quienes la manejan y nos
la ofrecen, etc.? ¿Son buenas sus intenciones? Ya dije que Daniel me advertía que
la IA puede mentir o decirnos de realidades que no son exactamente tal y como
nos las cuenta. ¿Qué pretende quien tal procura? ¿Para qué? ¿Qué ideología la
afecta, qué desea colocarnos en sus amables cajas de golosinas?
Se me ocurre que el dinero
y el poder, anhelos comunes entre los hombres, ponen al servicio de
quienes los tienen muchos de los otros deseos muy humanos: la soberbia de
sobresalir, el éxito que lame la vanidad, el disfrute de bienes sin cuento…
¿Buscan eso los poderosos que gobiernan
y mandan en la IA? ¿Podría darse la realidad de que algunos solo quieran ayudar
a la humanidad y la pongan al servicio de los demás para alcanzar un mundo
mejor? Todo es posible.
El
empresario de inteligencia artificial que acompañó al papa León XIV en el
Vaticano durante la presentación de su primera encíclica (Magnifica
humanitas) fue Christopher Olah. Este canadiense es uno de los pioneros
tecnológicos en la IA y cofundador de Anthropic, la firma de IA creadora del
modelo de lenguaje Claude (investíguelo y verá su interés). Olah participó
activamente como orador laico en el evento de lanzamiento mundial en la Santa
Sede, respaldando la necesidad de establecer límites éticos frente a los
riesgos del desarrollo tecnológico sin control corporativo. Y ahí está el
tomate… la formación cierta de las conciencias y poner los límites éticos y
morales. «Todo me es lícito, pero no todo me conviene».
Durante la presentación de la
encíclica en el Salón del Sínodo del Vaticano, el informático canadiense,
sentado a la izquierda del Pontífice, recalcó que el desarrollo de la
tecnología no puede dejarse únicamente en manos de quienes dirigen las empresas
e instó a una mayor supervisión por parte de los líderes religiosos, los
gobiernos y la sociedad civil. También alertó de la existencia de «una
posibilidad real» de que la IA genere desempleo «a gran escala» y de que su
desarrollo se concentre en «un puñado de naciones ricas». «Algunos podrían
creer que los asuntos de IA los manejan mejor los informáticos como yo», dijo
el ejecutivo. «Se equivocan», concluyó.
De unos años a esta parte,
Dario Amodei, cofundador y director ejecutivo de Anthropic, la empresa
responsable de Claude, un modelo extenso de lenguaje, ha alertado en
varias ocasiones sobre el peligro de que la inteligencia artificial genere una
crisis de empleo sin precedentes o que incluso acabe representando una amenaza
para la supervivencia de la humanidad. Y todo esto, como no podía ser menos
preocupa a la Iglesia y a todas las personas de bien que por el mundo habitamos
y hemos tenido noticias de todo esto.
Bienvenida la IA…, pero ojo con
su uso y sus amos…
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