Don Eloy, el viejo jubilado de La
hoja roja, la novela de Delibes, comprendió que la jubilación era tal cual
que en el librillo de fumar el papel rojo: cuando sale se anuncia que se está
acabando lo que se daba. Y eso entendió, le había sucedido a él. La jubilación
era el aviso inequívoco de que la vida llegaba a su fin, aunque este período
también comprobó que llevaba acarreadas otras circunstancias. Fue a la oficina
donde había trabajado durante muchísimos años y constató que no era nadie: los
más jóvenes echaron a chacota su presencia allí y los viejos estaban ocupados
en sus quehaceres y no lo pudieron atender. Cuando fue a la óptica, donde
siempre fue reconocido, si no recuerdo mal, como socio activo de la sociedad
fotográfica de su ciudad, le dijeron que se sentara en una silla porque había
muchos clientes y no lo escucharon: allí también había pasado a ser un don
nadie…
Supongo que así es la vida.
Nadie dejó escrito ni dicho que esta fuera justa. La vida es como es y tiene un
curso muy parecido en cuanto a los enfoques éticos, morales, consuetudinarios
que los hombres le damos: hoy, como ayer.
El librero de mi barrio, Santi,
el de la librería “Delfos”, es un buen hombre y tiene su predicamento y su excelente
fama ganada aquí. Luisa le ayuda, también su esposa… Buen hombre Santi. Me
animó y casi me empujó a que participara en la Feria del libro de Jaén, que se
celebra en estos días. Elegí por la tarde en una fecha que me pareció
pertinente. Además de firmar libros iba a presentar de nuevo el libro que ya
presenté el 23 de octubre del año pasado. Nunca había hecho dos presentaciones
de un mismo libro en la misma ciudad, la mía, la pobre Jaén.
He podido comprobar que, con el
paso de los años, servidor también ha tenido la experiencia (para mí no es ni
amarga ni humillante) de don Eloy. Cuando empecé a presentar libros llenaba una
sala con más de doscientas personas y hasta la bandera. Digamos que aquello lo
hacía con la gorra. Era profesor en un conocido colegio de la ciudad, era
joven, apreciado, etc. A medida que han ido pasando los años mis presentaciones
han ido decayendo en número de asistentes. En la de firmar y presentar por
segunda vez en esta Feria del libro de Jaén de este años 2026 (especialmente
bien organizada y amable) he tocado fondo. Libro biográfico excelente del que debía
hablar. Alcalá Venceslada. Un andaluz presente. Prácticamente no
llegaban a una docena los asistentes en local agradable y recogido, chiquito
que sirvió de maravilla. Ya empezada la faena, tres señoras de cierta edad
entraron en el aula con timidez. Las invité a entrar sin temor. Se sentaron atentas
a lo que decía, se reían de mis bromas y cuando llevaban diez minutos, se
levantaron y me dijeron: “Perdone, nos vamos. Nos hemos equivocado. No era a
usted a quien veníamos a escuchar”, ¡la vida en rama!
Un antiguo alumno me mandó hace
unos días una noticia sacada de X, antiguo Twitter, donde precisamente
Gómez-Jurado, de quien comenté su libro Reina Roja en mi última entrada
al blog comentaba ese asunto de las firmas de libros.
Esto es muy viejo, como el
Evangelio por lo menos: fueron muchos los invitados a las bodas, pero no fueron
menos las excusas y las explicaciones para no asistir: que había comprado un
terreno, que acababa de casarse…, que tenía que ir a visitar a un enfermo, que
recoger al niño de la academia, que quedó con unos amigos, que no estaba en la
ciudad… Los del evangelio de Lucas (14, 15-24), como los ausentes del día de
marras, quienes no pudieron asistir… tienen sus razones y a mí no me ofenden ni
me enfadan. También yo me ausento y no puedo acudir a todos los eventos que soy
invitado (además observo que en esto hay un desapacible do ut des, es
decir: si tú asistes al mío, yo asisto al tuyo…, que servidor no practica, y solo
anota lo que cree observar).
Aprovecho esta entrada y ahora
puedo comentar que el libro de la biografía de Alcalá, insisto, a pesar de su
calidad salió excesivo: “Apabullas, Alcalá, apabullas”, me regañaba un jefe de
estudios hace años. El hecho es que el libro salió como salió y yo no proyecté
que tuviera tantas páginas ni que por el papel empleado (que yo no elegí)
pesara tanto… Quise contextualizar la vida de Alcalá Venceslada en su
circunstancia como aconsejaba su compañero de cole José Ortega Gasset (entonces
sin y).
Largo, denso, extenso… Fue mi
afán hacer algo con carácter definitivo. No deseaba para esa obra fuera pajón
que arrebatara el viento, sino grano de calidad al que pudieran acudir los
interesados para alimentar su curiosidad y su saber. Creo que esto lo conseguí
con creces, mas no creo que, por los lectores que haya tenido -ignoro cuántos-
sea mejor conocido el andalucista giennense. He procurado dar la publicidad
posible al libro con esa finalidad (no cobro un duro con la venta), pero insisto
en que uno es poco más que un don Nadie, una sombra apenas.
No quiero dejar de citar aquí a
Nacho García que hubiera sido un buen compañero de faena en la plaza para hacer
la presentación a cuatro manos…, pero otros quehaceres más valiosos ocuparon al
final su tiempo. Espero que sus pupilas baloncestistas ganaran y disfrutaran de
su partido.
Muchas gracias a quienes
asististeis y seguimos camino, cada uno el suyo, aunque, a veces, esos caminos nuestros
se encuentren y crucen.
Posdata:
Ignoro el motivo por el que se han multiplicado exponencialmente las visitas a
mi blog… ¡Admirable!
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