18 de mayo de 2026

576- Alcalá, Antonio José, ALCALÁ VENCESLADA. UN ANDALUZ PRESENTE SEGUNDA PRESENTACIÓN Y PENÚLTIMA DE ESTA OBRA.

 




Don Eloy, el viejo jubilado de La hoja roja, la novela de Delibes, comprendió que la jubilación era tal cual que en el librillo de fumar el papel rojo: cuando sale se anuncia que se está acabando lo que se daba. Y eso entendió, le había sucedido a él. La jubilación era el aviso inequívoco de que la vida llegaba a su fin, aunque este período también comprobó que llevaba acarreadas otras circunstancias. Fue a la oficina donde había trabajado durante muchísimos años y constató que no era nadie: los más jóvenes echaron a chacota su presencia allí y los viejos estaban ocupados en sus quehaceres y no lo pudieron atender. Cuando fue a la óptica, donde siempre fue reconocido, si no recuerdo mal, como socio activo de la sociedad fotográfica de su ciudad, le dijeron que se sentara en una silla porque había muchos clientes y no lo escucharon: allí también había pasado a ser un don nadie…

Supongo que así es la vida. Nadie dejó escrito ni dicho que esta fuera justa. La vida es como es y tiene un curso muy parecido en cuanto a los enfoques éticos, morales, consuetudinarios que los hombres le damos: hoy, como ayer.

El librero de mi barrio, Santi, el de la librería “Delfos”, es un buen hombre y tiene su predicamento y su excelente fama ganada aquí. Luisa le ayuda, también su esposa… Buen hombre Santi. Me animó y casi me empujó a que participara en la Feria del libro de Jaén, que se celebra en estos días. Elegí por la tarde en una fecha que me pareció pertinente. Además de firmar libros iba a presentar de nuevo el libro que ya presenté el 23 de octubre del año pasado. Nunca había hecho dos presentaciones de un mismo libro en la misma ciudad, la mía, la pobre Jaén.

He podido comprobar que, con el paso de los años, servidor también ha tenido la experiencia (para mí no es ni amarga ni humillante) de don Eloy. Cuando empecé a presentar libros llenaba una sala con más de doscientas personas y hasta la bandera. Digamos que aquello lo hacía con la gorra. Era profesor en un conocido colegio de la ciudad, era joven, apreciado, etc. A medida que han ido pasando los años mis presentaciones han ido decayendo en número de asistentes. En la de firmar y presentar por segunda vez en esta Feria del libro de Jaén de este años 2026 (especialmente bien organizada y amable) he tocado fondo. Libro biográfico excelente del que debía hablar. Alcalá Venceslada. Un andaluz presente. Prácticamente no llegaban a una docena los asistentes en local agradable y recogido, chiquito que sirvió de maravilla. Ya empezada la faena, tres señoras de cierta edad entraron en el aula con timidez. Las invité a entrar sin temor. Se sentaron atentas a lo que decía, se reían de mis bromas y cuando llevaban diez minutos, se levantaron y me dijeron: “Perdone, nos vamos. Nos hemos equivocado. No era a usted a quien veníamos a escuchar”, ¡la vida en rama!

Un antiguo alumno me mandó hace unos días una noticia sacada de X, antiguo Twitter, donde precisamente Gómez-Jurado, de quien comenté su libro Reina Roja en mi última entrada al blog comentaba ese asunto de las firmas de libros.

Ya ven. Servidor, que es un mindundi, firmó más de seis libros… Es decir, soy un don Nadie, como don Eloy, pero aún no soy sombra, solo sombra sin cuerpo que la proyecte.



Esto es muy viejo, como el Evangelio por lo menos: fueron muchos los invitados a las bodas, pero no fueron menos las excusas y las explicaciones para no asistir: que había comprado un terreno, que acababa de casarse…, que tenía que ir a visitar a un enfermo, que recoger al niño de la academia, que quedó con unos amigos, que no estaba en la ciudad… Los del evangelio de Lucas (14, 15-24), como los ausentes del día de marras, quienes no pudieron asistir… tienen sus razones y a mí no me ofenden ni me enfadan. También yo me ausento y no puedo acudir a todos los eventos que soy invitado (además observo que en esto hay un desapacible do ut des, es decir: si tú asistes al mío, yo asisto al tuyo…, que servidor no practica, y solo anota lo que cree observar).

Aprovecho esta entrada y ahora puedo comentar que el libro de la biografía de Alcalá, insisto, a pesar de su calidad salió excesivo: “Apabullas, Alcalá, apabullas”, me regañaba un jefe de estudios hace años. El hecho es que el libro salió como salió y yo no proyecté que tuviera tantas páginas ni que por el papel empleado (que yo no elegí) pesara tanto… Quise contextualizar la vida de Alcalá Venceslada en su circunstancia como aconsejaba su compañero de cole José Ortega Gasset (entonces sin y).

Largo, denso, extenso… Fue mi afán hacer algo con carácter definitivo. No deseaba para esa obra fuera pajón que arrebatara el viento, sino grano de calidad al que pudieran acudir los interesados para alimentar su curiosidad y su saber. Creo que esto lo conseguí con creces, mas no creo que, por los lectores que haya tenido -ignoro cuántos- sea mejor conocido el andalucista giennense. He procurado dar la publicidad posible al libro con esa finalidad (no cobro un duro con la venta), pero insisto en que uno es poco más que un don Nadie, una sombra apenas.

No quiero dejar de citar aquí a Nacho García que hubiera sido un buen compañero de faena en la plaza para hacer la presentación a cuatro manos…, pero otros quehaceres más valiosos ocuparon al final su tiempo. Espero que sus pupilas baloncestistas ganaran y disfrutaran de su partido.

Muchas gracias a quienes asististeis y seguimos camino, cada uno el suyo, aunque, a veces, esos caminos nuestros se encuentren y crucen.

Posdata: Ignoro el motivo por el que se han multiplicado exponencialmente las visitas a mi blog… ¡Admirable!



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