21 de marzo de 2020

404-Ionesco, Eugene: LA CANTANTE CALVA.


Releo La cantante calva. Hacía décadas que no la leía completa. Sí en alguna oportunidad, en alguna clase, hemos leído alguna escena puntual para ejemplificar lo que dio en llamarse el teatro del absurdo y ponerlo, casi siempre, en relación con Tres sombreros de copa de Mihura. Si la releo ahora es también por motivos académicos, que agradezco.

La cantante me parece la elevación a su enésima potencia de una realidad que, supongo, se dio siempre entre las personas: la incomunicación. La vieja idea griega de que el hombre es un animal que habla (Aristóteles) da pie a la incomprensión, al aislamiento del otro, al desprecio… Muchos siguen pensando muy erróneamente que la comunicación entre las personas es unívoca, evidente, y que, por tanto, hablando se entiende la gente: es falso. Desde que era un joven profesor, me asombraba cómo era posible que, en un aula donde los alumnos están supuestamente escuchando, no todos comprendían lo que explicaba y no solo no lo comprendían algunos, sino que no todos comprendían lo mismo. Me consta que existen antiguos estudios sociológicos sobre este asunto y que en Internet se les pondrán nombres y explicaciones que ahora no vienen al caso.

No, no se trata de una obra de humor, aunque el desconcierto, en su sorpresa e incomprensión asombrosa lleve a los alumnos a reírse con ingenua inseguridad y ante la duda de cómo reaccionar, ríen. La incomunicación que se muestra entre los personajes (figuras las llama Spang) no es motivo de risas. Es posible que esos personajes no se escuchen, no se entiendan, es posible que no se comprendan, que no se esfuercen por saber qué se dice, qué quieren, qué desea al otro…, pero la realidad última es que todo se convierte en un galimatías muy próximo a la realidad que tantas veces vivimos en la vida cotidiana, en la vida pública donde los políticos que nos gobiernan parecen escucharse (creo que ni se oyen) para al final… “tirar cada uno por su calle”. ¡Cuántas veces no se da esta situación en los matrimonios, en los empleos entre jefes y subordinados! Leo en estos momentos Errata. El examen de una vida de George Steiner y en su capítulo siete aborda precisamente todo esto que estoy intentando transmitir: la incomunicabilidad entre las personas, entre las lenguas, esa vieja idea de que vivimos en la lengua en que hablamos, la idea de si es realmente posible dominar una lengua aprendida con la misma perfección que la lengua materna…, la intraducibilidad entre las lenguas, etc.

Es terrible la incomunicación que lleva a la soledad. Ignoro, y también algo de ello dice Steiner en el capítulo citado, si la pérdida del oído es la peor de las carencias por lo que a los sentidos externos se refiere. No lo sé. Sí que percibo y observo que la falta de audición que conduce a la incomunicación desemboca natural y mansamente en la soledad. El sordo está solo. El sordo está aislado. En medio de una conversación sonríe o mira pero no percibe los matices, no comprende de qué se habla…, se sabe al margen, automarginado… No es posible estar de continuo preguntando de qué se habla, que se le repita qué se dice… Silencio.

Desde que era un muchacho conozco la soledad de las residencias de ancianos. Viejos abandonados a los cuidadores, mejores o peores, no todos buenos, que los atendían con paciencia o con desprecio: lo primero era lo normal. Esa soledad se ha ido acentuando, aumentando en calidad y cnatidad. Las residencias para ancianos (recuerdo que Delibes los llamaba “morideros”) se han multiplicado. Se han hecho casi inexcusables: el mundo en su presente y su futuro que nos hemos inventado no cuenta con los viejos, con aquellos que no sirven, que estorban… Las casas que construimos son la mar de ecológicas, no ensucian el medio ambiente, pero no veo viejos en ellas: ¿dónde están los papás de esos exquisitos ecologistas? No tienen cabida. No tiremos bolsas de plástico, evitemos el vidrio, mas no tengamos inconveniente en asestar a los viejos la inyección que los embarca y envía para la vida eterna… ¡de todos modos no se enteran! Ese será el camino que sigamos todos: la soledad, el moridero, la rampa de la eutanasia… (recuerdo la rampa de Treblinka, el campo de concentración, por donde los viejos y los niños caían camino del Cielo).

Es muy posible que usted no haya leído La cantante calva de Ionesco, es normal. Es, no más, un rato. La puede hallar en pdf. en la red, la puede ver representada –mejor o peor- también en Youtube: permítame que se la recomiende ahora que todos andamos aislados en nuestras casas y la ansiedad vuelca a muchos a un whatsappeo compulsivo… Seguro que me lo agradece.

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