9 de junio de 2020

416- Sender, Ramón J., IMÁN



En cierta ocasión me dijo un amigo que las tesis se escriben de rodillas… ¡y se defienden de igual modo! Servidor no había cumplido con este segundo precepto. Hace muchísimos años, en los 70 juntaba dinero para comprar libros baratos de Austral y, cuando me encontraba más poderoso, compraba ejemplares de la colección Novelas y Cuentos. Sea paciente, por favor, el lector.

En una clase de COU me sacó a preguntarme el tema don Alfonso Sancho. Servidor no se lo sabía, pero don Alfonso, digamos, se entretuvo con otro asunto y allí estuve más de media hora en el estrado, esperando a que me preguntara lo que fuese y yo responder: “No he podido estudiar”. Se acabó la clase y me emplazó para el día siguiente. Me iba a preguntar sobre la novela de la inmediata preguerra… Tema que me estudié al dedillo y se centró en Ramón J. Sender, que también me lo sabía, esta vez, lógicamente. Le tomé yo afecto al autor y leí muchos libros de Sender.

De lo uno, el primer párrafo, y de lo otro, el segundo, di con un libro de Marcelino C. Peñuelas, Conversaciones con Ramón J. Sender… edición en Novelas y cuentos del 70.

El preámbulo viene al caso de que, por primera vez, he visto en la editorial Destino y su colección Áncora y delfín, una introducción a la obra… ¡y la misma es de este señor de quien no había vuelto a saber nada desde entonces!: Marcelino C. Peñuelas.

Conocía el título de la obra de Sender, Imán, sabía de su contenido, pero no la leí entonces, cuando me dio el arrebato por el autor. Si lo hago ahora es por el actual ardor por los sucesos de Annual y con esta novela cierro el ciclo, al menos, de momento: Annual 1921 de Leguineche, 18 meses de cautiverio de Pérez Ortiz… y la obra de Sender.

Peñuelas escribe la introducción de rodillas. No  me cabe duda. Lo mismo que yo hice mi tesis sobre Delibes (tengo pruebas documentales con cientos de folios llenos de notas, que lo prueban, ¡no como otros falsos doctores por ahí!). En esta introducción Peñuelas habla del acierto del cambio del punto de vista narrativo que hace Sender, posiblemente por ignorancia del uso del mismo y del arte narrativo, pero que mejora el texto: pasa como con esas simpáticas erratas que, dicen, mejoran el texto y la intención de su autor… Sea como fuere lo cierto es que el libro se divide en tres grandes apartados, con título; y en blancos o capítulos sin títulos. Si lo hizo exprofeso o fue fruto de su ignorancia con resultado de chamba, que diría un jugar de billar, lo ignoro. El resultado ciertamente da como consecuencia, a lo largo de toda la novela, que el lector no se orienta, salvo en escasas ocasiones, con quién narra, qué narra, dónde está quien narra, con quién habla, quién es ese yo o ese tú… y todo ello ayuda a crear una confusión muy acorde con lo que sucedía en los blocaos y campamentos del Rif en la guerra contra Abdelkrim y los suyos… El punto de vista, el caos de hombres, de animales, de muertos, de heridos, de… todo ello narrado con cierta sobriedad genera una unidad formal y temática de excelente armonía chirriante. No lo investigo, solo lo apunto y hablo de memoria: me recuerda este confuso desorden a Meridiano de sangre de Cormac MacCarthy.

Imán es una novela arrolladora. Con una estructura casual, en la que no creo, y con una prosa afilada, con descripciones mimadas, sin derroche, con austeridad, sin piedad… De tal modo son también puestos en pie sus personajes: que se mueven descarnados, desconfiados, sobrepasados, ateridos por la vida en ese paisaje físico y vital arrasados.

Usa Sender técnicas muy novedosas en España, como los saltos atrás en el tiempo (flashback), los cambios de punto de vista narrativo, el fluir de la conciencia… no se olvide que la novela se escribe en los años 20 y se edita en el 30. En la novela el autor hace un derroche de críticas contra el ejército, la anestesiada sociedad española y contra la monarquía (Sender se vanagloriaba de que esta novela suya había propiciado la huida de Alfonso XIII de España en el 31)…

Será Viance quien, con su vida a trechos, hilvane los sucesos brutales de lo ocurrido en 1921 en Annual y las plazas rifeñas con la victoria de Abdelkrim. Viance, que es también Imán –atrae las desgracias, el hierro en la herrería que lo hería cuando era aprendiz en ella-, se pregunta por el sentido de cuanto está viviendo, de cuanto está viendo, padeciendo… y más aún, si cabe, desde el final de la novela tras su vuelta a su pueblo, en Aragón. Me ha agradado poderosamente esta novela de Sender.

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