Desde
mi perspectiva
LA RAZÓN DIGITAL, 14/07/2020
Multas en Andalucía por no usar
mascarilla en la calle o en sitios cerrados
Los rebrotes del virus, de los que siguen activos catorce
con 221 afectados, empujan a la Junta a extremar las medidas para evitar otro
confinamiento
Se cumple lo anunciado.
El gobierno de Andalucía nos obliga a cuantos vivimos aquí a usar la mascarilla.
Es lo que hay. Si me agobia, si las gafas se empañan… me conformo y obedezco.
El asunto está claro: el covid sigue entre nosotros con una peligrosidad
mortal; el riesgo de padecerlo es para cada uno; el de propagarlo y contagiarlo
a otros es real… Llevar las mascarillas puestas es prudente.
En estos días he estado
en varias provincias de Andalucía. Veo que sus gentes andan serenas y
cuidadosas con los posibles contagios. Me llegan noticia curiosas: de
adolescentes y viejos, que tanto da y de todo hay, ¡que no han salido a la
calle desde marzo! Ni a jugar ni a hacer deporte, ni a comprar en la tienda,
¡ni al médico! Me asombra. No lo comprendo porque son personas sanas. Tienen el
riesgo medio, digamos, de contraer el covid que todos tenemos, pero ¡de ahí a
vivir emparedado, enclaustrado…! Eso requiere un análisis.
La distinción entre el
miedo y el temor lo aprendí de López-Ibor. El miedo se tiene a una realidad
concreta, aislada en el corolario de mis experiencias y así lo tengo: a los
perros porque me uno me mordió…, a los leones porque me pueden merendar… El
miedo es una emoción racionalizada. El temor es una emoción irracional,
inconcreta, imprudente… porque no sé expresar el origen de mi temor y mis
nociones sobre ello son vagas: al daño de una aguja de inyección que nunca me
pusieron, a perder el trabajo, a quedar viudo... Creo que esto es lo que sucede
a quienes no salen: les paraliza el temor, y esta situación puede no ser
salvable por quien lo padece por sus propias fuerzas.
De momento me apunto. Llevaré
mascarilla por prudencia, sin miedo ni temor.


No hay comentarios:
Publicar un comentario