29 de diciembre de 2014

CHARLIE-SALIDA-48-Muñeca ha muerto



         Querido charlie:

         Por mucho que corro, tengo la sensación de que voy tarde, con mucho retraso. Cuando llego: el entierro ha tenido lugar, las velas se apagaron, callaron las campanas, los recién casados ya se marcharon, la mesa carece de mantel, los amigos se dispersaron… y están barriendo la estancia. Huele a tabaco recién fumado y todo resuena a risas en eco. Una vez más, lo siento, he llegado tarde por mucho que corrí. Insisto. Lo siento, de veras. Es por ello que anda descuidado el blog, este año no hubo felicitación explícita a los lectores y amigos que me visitan, quedan pendientes varios comentarios de libros, alguna carta a charlie…

* * *
         Desde hace muchos años he pensado que las muertes que acontecen a nuestro alredor son avisos y anuncios de la que con seguridad plena nos sucederá a nosotros. La muerte nos ocurre, nos sucede: nos sale al encuentro. Son muchos los hombres sabios que han dicho que conviene imaginarse tal día, el momento en que dejemos de existir, al menos, como conocemos la existencia mientras respiramos. Lo que vendrá después es otra cuestión.
         Lamento comunicaros a los amigos que Muñeca ha muerto. La perra llegó a casa en noviembre de 2006. Fue un regalo de Rufo Lorente, a quien no dejaré de agradecer suficientemente nunca el detalle. Ya comprenderás por qué le puse Muñeca de nombre. No volverás a tener una perra como esta, me vino a decir. Muñeca es nombre largo para un perro. Más aún para un perro de caza, pero era el nombre que le iba a tal perra… El día 27 de diciembre de 2014 se quedó en su caja, como acostumbraba, dormida para siempre.
         Lo escribí muchas veces. La muerte no mejora al difunto. Tampoco en este caso a la malograda Muñeca. Era una perra aún joven. Es una perra que no necesita mentiras para decir bien de ella. Hace un par de veranos empezó a padecer del hígado, por motivos que ignoro, y ya no podía cumplir con las jornadas completas de caza. Esta temporada no pasaba de las dos horas de campo, ¡al ritmo en que un bretón de esta sangre lo hace! La última vez que salió al campo fue al puesto de los zorzales, y le costó, y la anterior en Ciudad Real, donde disfrutó de dos magníficas horas de perdices en mañana memorable. Nada más lejos de mi imaginación que a la perra le quedaran unas semanas de vida. Al dejar de hacer su función el hígado que no se regeneró… se hizo presente la cirrosis y con ella el desenlace fatal.
         Nos deja en casa a Ussi… Los perros, decía Julián Marías, en las casas, con el trato continuo, se personalizan mucho, decía el filósofo. Nunca se dejó de tratar en casa a los perros… como perros, con toda la dignidad que esto comporta. Muñeca era cauta con los desconocidos: no se dejaba acariciar por cualquiera que no conociese y se arrimaba apenas a quienes no eran de su círculo. Le gustaba, sin embargo, hasta el exceso que le rascasen bajo la barbilla…, y hacer títeres para estar en el brasero sin quemarse.

         Muñeca está enterrado en campos donde cazó mucho en los últimos años. El alma sensitiva de Aristóteles, propia de los animales, son otras logomaquias filosóficas y esto, de veras, ya, a estas alturas… No va más, charlie.



1 de diciembre de 2014

Erasmo de Rotterdam, ELOGIO DE LA LOCURA



          Si desea descubrir la necedad propia o la del vecino, pues todos, parece, por algún lado andamos de reata, no se impaciente en la lectura de esta obra de Erasmo. Hay para todos.

         Solo conozco una persona que haya leído este Elogio al que siempre llamé de la locura, pero se me antoja que el de Rotterdam no habla tanto de la locura en sí como de la necedad, y en concreto, de la estulticia.

         En primera persona con una ironía indescriptible, con un conocimiento excepcional de la realidad en general y de la realidad humana en particular, Erasmo retrata en capítulos de diversa extensión, pero breves casi por norma, el quehacer y desenvolvimiento de cuantos hombres y profesiones, a las mientes se le vienen. Escrita la obra en primera persona por la misma Estulticia, según cuenta, yendo de viaje, como diversión y dedicada a su amigo Tomás Moro, se nos va describiendo, insisto, con una ironía descomunal y haciendo usos torticeros de los textos clásicos, paganos a cristianos, qué es de los reyes, qué de los obispos, los ricos, los pobres, los clérigos, los filósofos, los teólogos, los juristas, las mujeres, los hombres, los viejos y las viejas… y todos, no sin cierto cinismo. Son –o somos, y que cada uno coja por donde le toque- puestos a caer de un burro, porque la humildad es la verdad. Lo hace el autor con gracia y con enormes dosis de sentido común, aunque predomina, lo reitero, una ironía provocadora, de una sencillez envuelta en malicia que hace inevitable, en ocasiones, la sonrisa: ¡Qué bien se ven los defectos en los demás! (especialmente los que nosotros padecemos o hemos padecido). Nunca pensé que fuese tan amable la lectura de esta obra.

         La soberbia y sus hijuelas, el orgullo, la vanidad, la petulancia, la arrogancia… que nos hacen hundirnos a los hombres en lo hediondo se nos muestran con la naturalidad de quien sabe de qué está hablando. Disecciona la Estulticia situaciones comunes, personas corrientes, hechos ordinarios… con la clarividencia de quien sabe perfectamente de qué habla, de quien ha meditado mucho sobre sí y sobre la naturaleza humana.

         Podría pensarse que la obra es ligera, pompa de jabón, mero juego…, pero me parece, por las notas que he tomado, que se puede aprender mucho del vicio y la virtud… pues arranca y estriba en el nervio anclado en la esencia de la humanidad misma de cada hombre. Toda una vida de lucha ascética no basta para erradicar los vicios que se van reduciendo en número y presencia, pero siempre resurgen como el ave fénix, siempre los reencontramos, pues se van haciendo más sibilinos, silenciosos, tenaces, imbricados, mutados… ¡pero no del todo desaparecen! ¡Ay, bribones!

         La introducción de Marina a esta obra de Austral me ha resultado orientadora e interesante y el libro absolutamente recomendable.